[L’Art d’étre grand-pére]. Colección de poesías de Víctor Hugo (1802-1885), publicado en 1877, Lleno de ternura por sus nietos Georges y Jeanne, el poeta, casi octogenario, canta la dulzura de la infancia y la alegría que da a los hombres, siempre preocupados por las vicisitudes políticas y los problemas sociales. El abuelo lleva a los niños a través de plantas de nombres maravillosos, entre pájaros y animales domésticos, haciéndoles sentir la variedad de lo creado; gentil compañero, participa de su vivacidad, lleno de comprensión por las travesuras de los pequeños y de amor por la infancia,, más allá de toda idea escolarmente coactiva. Los niños deben sonreír a la vida, para ser fuertes más tarde ante los ideales: con verdadera firmeza. La bondad del corazón no excluye, sino que fortalece, la tenacidad de los propósitos: educando a los hijos en el bien, indirectamente se pronuncian las palabras fuertes que les servirán de guía en la existencia y les impulsarán al deber, aunque sea sufriendo. Entre las poesías más famosas, están aquellas en que Victor Hugo, exaltando la orgullosa soledad de Guernesey, hace sentir, con el amor a la familia, que es vencedor y no vencido, y que el porvenir espera su obra; y aquella en que siente que ha fundido, con un nudo indisoluble, infancia y vejez; pues los niños se convertirán en personas mayores y comprenderán en todo su esplendor lo que significan la Patria, la Perseverancia, el Progreso y la Fraternidad. La obra tiene importancia no sólo por una concepción insólita en el poeta, siempre sometido a sus actitudes heroicas y apasionadas, sino sobre todo por la comprensión casi elegiaca de la infancia que ya se había manifestado en los Miserables (v.). También este Arte (que se opone de modo moralista a la más famosa Arte amatoria, v., de Ovidio) quiere ser un tenue homenaje al entusiasmo lleno de vida que toda manifestación familiar implica en su lucha cotidiana por el triunfo del bien y de las almas puras de los hijos.
C. Cordié

