[Églogas], Son diez piezas poéticas de tono bucólico que el poeta portugués Francisco Rodrigues Lobo (1580-1622) publicó en 1605. Van precedidas de un «Discurso sobre la vida y costumbres de los pastores», en el cual el poeta expone sus ideas estéticas sobre el género literario adoptado, exalta la vida pastoril considerándola como la que mejor revela los tesoros del alma humana: tesoros de sabiduría que encuentran las más altas realizaciones en reyes, príncipes, papas, guerreros, etc.; hay gran afinidad entre los pastores de rebaños y los de pueblos: la égloga es la expresión literaria del recuerdo y de la nostalgia de la edad de oro, cuando triunfaba la vida pastoril en su más cándida pureza.
A esta mítica edad pertenece todo lo bueno que existe, que es imaginado y que es deseado o como retorno del pasado o como esperanza del futuro; por esto la égloga, como fruto de la contemplación solitaria, es el mejor disfraz para el escritor que quiera combatir los vicios de los hombres. Con esta concepción, el poeta evita un defecto capital en la poesía bucólica clásica: su uniforme mediocridad, pero cae, por oposición, en otro voluntario artificio: quiere justificar con sofismas el hecho de que los pastores hablen como filósofos y se vistan como campesinos para el triunfo de las virtudes y la derrota de los vicios; pero su bucolismo resulta siempre, o casi siempre, un medio extremadamente literario que limita y traba la inspiración del poeta. A este discurso, importante para la historia de las ideas estéticas en Portugal, siguen las diez églogas, cuyas intenciones moralizadoras se revelan en las varias cartas que las preceden.
La primera trata del desprecio de las bellas artes; la segunda va contra el odio y la envidia; la tercera contra los engaños y la avaricia; la cuarta es por un amigo que huye de la peste retirándose al campo; la quinta trata de la muerte y de la pérdida de los amigos; la sexta va-contra la maledicencia; la séptima y octava hablan de las mudanzas de la fortuna; la novena versa sobre la inquietud y les viajes del poeta y sobre su permanencia en la corte de los duques de Braganza en Villa Vigosa; la última, sobre la vida amorosa de los vaqueros. Las cartas antepuestas a las églogas II-X, excepto la VIII, están en verso. Los metros usados son de preferencia la «redondilla» y el endecasílabo italiano, pero no faltan tercetos y octosílabos. Estas composiciones son notables por la dulzura y la musicalidad del verso, además de un afectuoso y personal acento de melancolía; si bien la espontánea vena del poeta está enturbiada por lo obvio de sus intenciones didácticas.
L. Panarese

