Esta recopilación de poesías o «cancionero» de al- Mutanabbi (905-965), tiene gran importancia en la historia de la literatura árabe, no sólo por su intrínseco valor artístico, sino sobre todo por el extraordinario favor de que su poesía ha gozado y goza entre todos los orientales. Podemos decir, en términos generales, que esta obra llegó a ser el canon del «neoclasicismo» en la poesía arábigo musulmana; cuando, agotado el esfuerzo de la escuela de los «modernistas» en los siglos VIII-IX, para crear en arte un nuevo estilo y un nuevo mundo poéticos diferentes de los de la poesía beduina (v. Díwan de Abu Nuwás), prevaleció en la poesía árabe el arte que en sustancia volvía de nuevo a los modos y las formas tradicionales.
Este neoclasicismo, se complicó, sin embargo, fatalmente, con elementos retóricos propios de la mentalidad de los «modernistas»: el amor, la hipérbole y el conceptismo. El diwan de al-Mutanabbi, en su mayor parte, se compone de «madíh», es decir de poesías encomiásticas en honor de soberanos y dignatarios musulmanes, como el emir de Alepo, Saif ad-dawla, el sultán de Egipto, Kafür, el buwaihide Adud ad-dawla, etc. Por estos encomios (que a veces tienen cierta importancia documental), corre una vena de verdadera poesía, cuando el poeta, vagabundo y cortesano, pero de clara estirpe árabe, pulsa nostálgico las antiguas cuerdas de la alabanza guerrera, del ideal pagano de libertad, generosidad y valor, o cuando nos pinta escenas de su vida aventurera en el desierto, que era la misma que fue tres siglos más tarde y que todavía perdura hoy.
Aparte de estos acentos, el diwan, en los cármenes encomiásticos y en los satíricos, es un perfecto manual del estilo del siglo XVII, por la hinchazón de las hipérboles, por sus conceptos alambicados y metáforas barrocas, todo ello expresado con elocuencia no privado de sugestión, con una onda verbal que explota sabiamente todos los recursos de la riquísima lengua de la poesía clásica, sin caer más que raramente en obscuridad o en un arcaísmo del léxico ya pasado de moda. En estos méritos, y en los defectos (muchos de los cuales son también méritos para el gusto árabe), reside el motivo del éxito extraordinario que alcanzó al-Mutanabbi en la poesía árabe posterior hasta tiempos recentísimos, y de que su influencia se encuentre también hasta en personalidades y corrientes desvinculadas de la imitación clasicista.
F. Gabriel

