Comenzó este diario en 1910: contaba entonces 27 años y lo escribió hasta su muerte, si bien de forma irregular, dejando transcurrir en varias ocasiones algunos meses entre una y otra anotación. Dominan en estos Diarios ciertas ideas obsesivas: el miedo a la enfermedad, a la soledad, el deseo y el temor del matrimonio, el odio inconsciente hacia sus padres. Kafka sufrió de tuberculosis. Consideró que su enfermedad era de origen psíquico; fue también para él un pretexto para huir del matrimonio. Temía tener hijos tuberculosos, pero se sentía incapaz de soportar la vida solitaria, aun sabiendo que le sería imposible compartirla con nadie.
Se une a Mlle. F. B., con quien en dos ocasiones, en cinco años, está a punto de decidirse definitivamente a contraer matrimonio. En abril de 1914 se promete con ella, pero rompe el compromiso en julio: es el momento en que escribe El Proceso (v.) y La Colonia penitenciaria. En 1915 renueva sus relaciones con F. B. y obtiene un premio literario, el denominado Fontane. En 1916 se manifiesta en él la tuberculosis pulmonar, rompe su compromiso y se instala en Praga, donde se dedica a la horticultura; luego pasa de un sanatorio a otro. En 1923 encuentra en los balnearios de mar a Dora Dymant, con quien se instala en Berlín. La enfermedad progresa de modo alarmante: muere en el sanatorio de Kierling, cerca de Viena, el 3 de junio de 1924. Los Diarios son un reflejo psicológico de estos sucesos.
Declara que hasta donde sus recuerdos le permiten llegar, él tiene conciencia de haber estado siempre inquieto por una sola cosa: la afirmación de su existencia espiritual; el resto le es indiferente. «Odio cuanto no hace referencia a la literatura; las conversaciones me aburren, las visitas me aburren hasta morir: apartan de mi pensamiento lo que en él hay de seriedad, de importancia y de verdad». Otra obsesión suya es el hecho de la comunidad israelita y la salvación que es preciso encontrar en la idea judía. Los Diarios no son sólo los de un enfermo que – desea su curación; significan además la esperanza de un reino mesiánico y de un paraíso terrestre: «Hemos sido arrojados del Paraíso, pero no por eso el Paraíso ha sido destruido.
Esta expulsión es en cierto modo una broma, pues si no hubiésemos sido arrojados, habría sido destruido». Resumiendo, los Diarios revelan un triple conflicto: la enfermedad frente a la sed de salud; el celibato ante el deseo del matrimonio; el conflicto con la comunidad judía y el padre que la representa. Kafka experimenta una imperiosa necesidad de encontrar a Dios fuera de la comunidad religiosa de la que Dios parece haberse retirado. Los Diarios se completan con el «Esbozo de una autobiografía», en el que se dan algunas consideraciones sobre el pecado y meditaciones centradas sobre las mismas ideas obsesivas de los Diarios.

