Diario sentimental de la guerra, Alfredo Panzini

[Diario sentimentale della guerra]. Obra publicada en dos volúmenes en 1923, pero redactada entre julio de 1914 y noviembre de 1918 (es más, su primera parte, con el títu­lo La novela de la guerra en 1914, había ya sido editada el año 15). «Se le llama diario», declara el prefacio, «porque las co­sas están aquí escritas casi día por día» (aunque con una larga interrupción entre octubre de 1916 y abril de 1918); «es lla­mado sentimental porque a diferencia de los que escriben con método y con una guía filosófica, aquí no se halla nada de esas cosas respetables».

Pero es un docu­mento notable de aquel período de la his­toria italiana, especialmente del que se había cerrado con la entrada de Italia en la guerra; y sobre todo es un testimonio precioso del estado de ánimo de Panzini respecto a la guerra y a los hechos que la determinaron o fueron a su vez determi­nados por ella. Estado de ánimo que es de angustiosa turbación (no ya, según pare­ció entonces, de escepticismo), como ante el espectáculo de una humanidad de repen­te enloquecida, de una sociedad, de una época, de un mundo que se han precipitado en la ruina.

Con todo, esta angustia no impi­de que la primitiva aversión de Panzini a la intervención italiana, poco a poco —por efecto del sentimiento de italianidad que en, él es tan vivo cuanto lleno de recato, todo unido con su educación humanística y carducciana — se cambie en compren­sión y trepidante participación. Es el esta­do de ánimo, en suma, que por aquellos mismos años, adquirirá formas de fantasía en la novela La Virgen de Mamá (v.); y que sucesivamente, irritándose con los tras­tornos de la postguerra, adquirirá fuer­te acentuación polémica en el Mundo es re­dondo (v.), en Señoritas y, sobre todo, en El amo soy yo (v.), para serenarse des­pués en la narración de la Verdadera his­toria de los tres colores (v.) y la proyec­ción legendaria de los Tres reyes, con Gel- somino, bufón del rey (v.). En el Diario esta actitud, al permanecer en gran parte en estado de vida inmediata, deja muy a menudo sin conciliar aquella contradicción entre los temas, que en otras obras suyas es lírica levadura de tantas páginas panzinianas. Pero tampoco faltan en esta obra partes intensamente inspiradas: como la que evoca la querida imagen de Renato Serra, muerto combatiendo en el Podgora en julio de 1915.

A. Bocelli