Diario de Du Bos

Ya en vida Charles du Bos (1882-1939) publicó algunos frag­mentos de su Diario, correspondientes a los años 1908-1928. Pero éstos no eran sino pequeños fragmentos: el Diario que du­rante cerca de treinta años fue escribien­do, casi a diario, Charles du Bos, ocuparía varios volúmenes. De esta masa de papel escrito, Mme. Juliette Charles du Bos se­leccionó la materia para un primer volu­men, publicado en 1946; luego otros volú­menes han sido dados a conocer a medida que el texto ha sido descifrado y preparado. Tal cual aparece, este Diario nos hace penetrar en el pensamiento de uno de los espíritus más agudos de nuestra época, y en su vida, consagrada por entero a la tarea de la crítica.

Du Bos ha acumulado en él sus planes de trabajo, sus proyectos de libros y artículos, los consejos que a sí mismo se da y, sobre todo, el resumen de sus conversaciones con sus amigos, entre los que se cuentan Gide, Bergson, Valéry, por no citar sino los más célebres. Su Dia­rio es, para él, la colección de sus trabajos preparatorios, se ve madurar su pensamien­to, bosquejar el trabajo que desembocará en una de sus Aproximaciones (v.); es tam­bién la ocasión de un retorno constante a su propio pensamiento y juicio y un examen de conciencia de gran perspicacia. Sorprende y asombra ver el exacto conoci­miento que tuvo, tan completo y profundo, de la literatura francesa y extranjera (en particular de la literatura inglesa), la ex­tensión de su campo de investigación y la variedad de sus puntos de vista.

Du Bos lo ha leído todo, y sobre todos los libros, y sobre todas las orientaciones del pensa­miento, tiene su opinión personal, traba­jada, original y compleja. Alcanza a des­cubrir los matices imperceptibles para otros, el sutil parentesco entre espíritus diversos. Cuanto publica ha sido pensado una y otra vez, ha pesado finamente los términos en su propio cerebro, sin cesar ha procu­rado añadir nuevos matices, ajustarlos, co­rregir hasta el infinito su opinión so­bre los autores, no queriendo aventurar nada que no haya sido largamente medi­tado y, aun entonces, haciéndolo con infini­tas precauciones. Si Du Bos no fue un creador — era sin duda excesivamente mi­nucioso, no tenía la suficiente confianza en sí mismo para permitírselo — a través de su Diario se descubre, no obstante, cuán útiles fueron sus consejos a los grandes escritores de principios de siglo.

El Diario ofrece un aspecto triste y conmovedor a la vez, que presenta la contrapartida a esa exigencia consagrada al puro espíritu: es el problema de las dificultades de la vida, la inquietud que le produce su esta­do de salud y, sobre todo, las constantes dificultades económicas. Habiendo escogido trabajar libremente en la profesión que amaba, Du Bos padeció toda su vida gran­des dificultades, de las que sólo se libró aceptando cada vez más trabajo, y Mme. Ju­liette Charles du Bos no se equivoca cuan­do en el prefacio del Diario 1921-1923 ha­bla del «heroísmo de este escritor que, enfermo y apasionadamente deseoso de ase­gurar la vida de los suyos, no ha hecho, a pesar de ello, la menor concesión a su editor ni al público; que ha sido, en lo posible, un hombre de letras como hoy se entiende que se debe serlo, y que, cier­tamente, ha ganado su público, uno a uno, como él gustaba declararlo».