Diálogos, P. Aretino

Nanna, a ins­tancias de Antonia, rememora la serie de circunstancias que la llevaron, muy joven, a vestir el hábito religioso, y al mismo tiempo, a realizar su iniciación sexual de acuer­do con las costumbres de gran parte de las monjas (I). Tras contar cómo la sacó su madre del convento y la dio en matrimonio a un hombre rico pero de corto ingenio, Nanna discurre largamente las truhanerías de las muje­res en general y sobre las suyas en particular, concluidas con el asesinato del marido y su huida a Roma (II), para proseguir luego con un ingreso en el mundo cortesano y con su progresiva integración, propuesta como magiste­rio ideal, en la elite de las “putas”.

Tras desaparecer An­tonia de escena, y ser reemplazada como interlocutora por Pippa, la hija de Nanna que está deseosa de convertirse en cortesana, el diálogo trata de los secretos de este arte —discreción, buenas maneras, resolución— (I) e ilus­tra las insidias de los hombres, que están emblematizadas en la parodia de la historia de Dido y Eneas (II). Por último Comare habla de la rufianería y de la astucia en que se basa este arte tan perfectamente complementario al de las putas (III).