Cuartetos de Brahms

Composiciones instrumentales de cámara, tres de las cua­les están escritas para el clásico conjun­to de cuerda (op. 51 n. 1-2 y op. 67), y otras tres para cuarteto de cuerda con piano (op. 25, op. 26 y op. 60). El op. 53 comprende los dos primeros Cuartetos pu­blicados por Johannes Brahms (1833-1897) en 1872-73, después de vacilar mucho en emprender este género musical. Son fran­camente superiores al op. 67 en «si bemol mayor», escrito más tarde, por su ímpetu dramático que los diferencia de éste, con­cebido según construcción rigurosa y algo fría. La composición del op. 51 n. 2, es an­terior a la del n. 1. Su tonalidad en «la menor» adquiere acto seguido realce en su primer tiempo, «Allegro non troppo», por medio de dos temas; una larga y expresiva melodía inicial contrastada por un tema en terceras. El «Andante moderato» está constituido por dos partes: la primera, de entonación lírica no exenta de cierta so­lemnidad; la segunda formada por un epi­sodio en «fa sostenido menor», en que se hallan referencias a ritmos y melodías hún­garas. Después del «Allegretto vivace», tí­picamente de Brahms por el jugueteo en «quasi minuetto», se pasa al «Finale» («Alle­gro non troppo-piü vivace») que tiene un tema de franca derivación húngara.

El Cuar­teto op. 31 n. 1 en «do menor» es, en cam­bio, más dramático e impetuoso. Su núcleo es una «séptima disminuida» que no sólo predomina en el primer tiempo («Allegro»), sino que figura también en el «Finale» con resuelta precisión. Es de notar la «Roman­za» definida como autobiográfica por muchos biógrafos de Brahms, recuerdo de una visita del maestro a Bayreuth, porque el tema de este tiempo recuerda el wagneriano de Walhalla en el Anillo de los Nibelungos (v. Nibelungos). De los tres Cuarte­tos con piano, el tercero, op. 60 en «do me­nor», es contado entre las mejores obras de Brahms. El op. 25, en «sol menor», en cam­bio, aun pareciendo reprimido en su aus­tera dramaticidad, y el op. 26, en «la me­nor», más íntimo y delicado, en realidad revelan cierto gusto académico y una evidente frialdad constructiva. El cuarteto op. 60 se compone de cuatro tiempos: «Alle­gro non troppo», que figura quizás entre las páginas más densas de emoción escritas por Brahms; «Scherzo», transformación del primer tiempo de una sonata para violín y piano, escrito en 1854 «en colaboración» con Schumann y Dietrich; «Andante», denso en su viva emoción; y el «Final», en movi­miento al «Allegro comodo», que recuerda en algunos rasgos a Mendelssohn y tiene correspondencia con el último tiempo de la Sonata de la lluvia op. 78, para violín y piano, del mismo Brahms.

La composición del op. 60 está relacionada con una larga historia. Escrito por los años en que Brahms, después de la muerte de Schumann, se in­teresaba cada vez más por Clara Wiech, esposa de este gran músico, este cuarteto fue terminado en 1874. El autor escribió entonces a Billroth. «Este cuarteto se presenta sólo como una curiosidad. Es como una ilustración del hombre con frac azul y chaleco amarillo». Esta alusión recuerda el final de Las cuitas del joven Werther (v.); y en su correspondencia con Bill­roth el maestro repite insistentemente su dolor y piensa que la efigie del personaje goethiano viene bien en el frontispicio de este cuarteto. Era uno de los momentos de mayor sinceridad de Brahms y su inspira­ción brilló en esta obra límpida e impetuosa, sin la rígida circunspección que en otras muchas obras suyas dejó el fondo de frial­dad y opacidad propio de un espíritu ro­mántico que busca equilibrio en un com­promiso neoclásico.

L. Rognoni

La verdadera personalidad de Brahms re­side en cierta tierna melancolía que se ex­presa con gracia en las partes secundarias de sus obras. (Dukas)

Entre los dos (Beethoven y Brahms) hay la misma diferencia que entre Goethe e Ibsen, entre Corneille y Quinault. Beethoven infunde la unidad de un sentimiento o de una idea no sólo en las diversas partes de un cuarteto, sino también en una serie de cuartetos: el arte de Brahms, en cambio, es fragmentario, procede por yuxtaposiciones. El uno es un escultor al modo de Miguel Ángel, el otro un orfebre cincelador. (Combarieu)

El estilo melódico (del Cuarteto op. 51 n. 1) es impresionante por su sencillez y por su universalidad. (D. G. Masón)