Crimen y castigo, F. Dostoievski

En San Petersburgo el estudiante Raskólnikov trata de encontrar una salida a la miseria en que vive, con el fin, también, de ayudar a su madre y a su hermana Dunia que viven pobremente en provincias y lo mantienen enviándole lo que Dunia gana como institutriz de la fami­lia Svidrigailov. Raskólnikov está dominado por la idea de la libertad a la que tiene derecho el hombre superior:- por tanto no duda en asesinar, después de haber planea­do minuciosamente el crimen, a una vieja usurera y a su apacible hermana Elizaveta para robarlas. Pero por más que una coincidencia de circunstancias favorables desvíe las investigaciones, desde el día del crimen Raskólnikov se transforma en un implacable juez de sí mismo.

Divi­dido entre el recuerdo del asesinato y el temor obsesivo a ser descubierto, se ve asaltado por accesos de delirio: su ignorante amigo Razumijin, honesto y optimista, tra­ta en vano de darle aliento. En su ansia por tener noti­cias de las investigaciones, pero también para demostrar su superioridad, juega astutamente con la policía, desafiándola: el juez Porfiri Petrovich acaba por sospechar de su culpabilidad, aunque lo dejará marchar calculando que será él mismo quien finalmente acabará por entregarse a la justicia.

En sus vagabundeos Raskólnikov se encuentra con numerosos despojos humanos, abocados como él a matar por su situación de degradación: el em­pleado borracho Marméladov, la tísica Katerina Ivánovna, su mujer, que ha empujado por hambre a su hijastra Sonia a la prostitución, la misma Sonia, cuya dulzura de víctima terminará por cautivar a Raskólnikov. Sin em­bargo, de ellos, por quienes siente amor y piedad, lo se­para la acción cometida. Será Sonia quien recibirá la con­fesión de Raskólnikov, y quien le enseñará el valor de la vida humana según Cristo, para empujarlo posteriormen­te, por más que su corazón se rebele a ello, a entregarse a la justicia.

Únicamente en Siberia, junto a Sonia, que le ha seguido hasta allí, Raskólnikov se liberará del sen­timiento de derrota que pesa sobre él. Alrededor suyo gravita en la novela un mundo de desheredados y peca­dores: desde su hermana Dunia, que para ayudar a la fa­milia está dispuesta a casarse con el adinerado y abyecto Luzhin, a Svidrigailov, el perseguidor de Dunia, quien, tras haber sorprendido la confesión de Raskólnikov tra­tará de chantajear a la muchacha, y, al verse rechazado, se quitará la vida. Pero el único verdaderamente sórdido y mezquino de estos pecadores es Luzhin, que tratará de hacer acusar falsamente a Sonia de robo para así conse­guir poner sombras de sospecha sobre ella y Raskólnikov ante los ojos de su madre y de Dunia.