Conciertos de Brandeburgo, Johann Sebastian Bach

[Título original: Sechs Konzerte]. Son los seis conciertos compuestos en Cóthen por Johann Sebastian Bach (1685-1750) y dedicados al margrave Cristián Ludovico de Brandeburgo, en carta del 24 de mayo de 1721; de aquí su título. Son del género «concertó grosso». Pero en lugar del «concertino» de Corelli con dos violines y violoncelo en coloquio con la masa de los instrumentos de cuerda, bien nutrida y duplicada a placer, aquí se nos ofrecen diversamente compues­tos tanto la orquesta como el «concertino». En el primero, en «fa mayor», hallamos la acostumbrada constitución orquestal, y un «concertino» compuesto de un violín, tres oboes, dos trompas y un fagot; en el se­gundo, también en «fa», el «concertino» está compuesto de trompeta, flauta, oboe y vio­lín. El tercero, en «sol mayor», está escrito para tres tríos: tres violines, tres violas de «gamba» y tres violoncelos y contrabajos; en el cuarto, también en «sol mayor», tene­mos violín y dos flautas con orquesta; en el quinto, en «re mayor», clavicémbalo, violín y flauta, además de la orquesta.

Finalmente, en el sexto concierto, en «si bemol mayor», tenemos dos violas, dos violas de «gamba», violoncelo y contrabajo. El clavicémbalo, inseparable de toda obra musical de cámara de aquel período, ahora queda sólo para representar el «concertino», de manera que la composición viene a tomar el aspecto de un concierto para clavicémbalo. Observando todo el grupo de los Conciertos de Brandeburgo, se tiene la impresión de que el «con­certino», denso y nutrido de brillantes so­noridades en los primeros, se vaya de uno en otro sutilizando, casi idealizando en una forma más ligera, hasta dar vida a un nuevo tipo de concierto, para clavicémbalo y or­questa, donde sólo había el «concerto gros­so». Los Brandeburgueses, pronto clasifica­dos entre las más destacadas obras maestras de J. Sebastian Bach, poseen en el más alto grado la riqueza de invención y la frescura juvenil que caracterizan las obras del pe­ríodo de- Cóthen. Son, en grande, lo que las sonatas para clavicémbalo representan en pequeño (Schweitzer).

E. M. Dufflocq

La música de Bach presenta este carácter extraordinario: que aunque llegase a faltarnos todo, tenemos la impresión de que ella seguiría siendo siempre; quiero decir que si el mundo fuese trastornado por cual­quier gran cataclismo, no se concebiría ni siquiera que esa música pudiera ser absor­bida por él. (Du Bos)