Cliges, Chrétien de Troyes

[Cligés]. Narración del escritor francés Chrétien de Troyes (siglo XII), de casi 7.000 octosílabos pareados. Toda la pri­mera parte del poema, casi un tercio de ella, narra las aventuras de Alejandro, hijo del emperador de Constantinopla, caballe­ro de la corte del rey Artús (v.), y su ma­trimonio con Soredamor, hermana de Galván (v.). Cliges es su hijo. Creyendo muer­to a Alejandro, durante su ausencia ha sido elegido emperador de Constantinopla su her­mano Alejo, pero al regresar más tarde Ale­jandro, se conviene en que Alejo no se casará con el fin de que la sucesión recaiga en Cliges. Alejo viola la promesa y se casa con Fenice, sabia y bella hija del empera­dor de alemania. Cliges y Fenice se aman sin habérselo dicho, y Fenice, aun confe­sando lo que ocurre a la fiel nodriza Thesala (que con un filtro evita la consumación del matrimonio con Alejo), no quiere trai­cionar al marido: no quiere que se diga de ella lo que se dice de la rubia Isolda (v.). Cliges se aleja para irse a la corte del rey Artús, pero el amor de Fenice le hace vol­ver a Constantinopla, deseando llevarse con­sigo a la mujer. Ella resiste, hasta que por fin se aviene a urdir una estratagema: si­mulando su muerte, huye con Cliges a un escondrijo, donde pasan días felices.

Descu­biertos, se ven obligados a refugiarse junto al rey Artús, en tanto Alejo muere de rabia y de dolor. Cliges, entonces, regresa a Cons­tantinopla, donde se le corona dándosele como esposa a Fenice. El Cliges no vale lo que el Erec y Enide (v.), pero en su tiempo fue bastante más célebre que éste: fue ci­tado, alabado e imitado, por ejemplo, en el Clies alemán, probablemente obra de Ulrich de Türheim (siglo XIII). Existe cierto para­lelismo entre la historia de Cliges y Fenice y la de Tristán (v.) e Isolda: en el filtro, en la arquitectura general de la fábula y en muchos detalles. Pero mientras el drama de Tristán e Isolda no admite más que una solución, la muerte, el punto a que se tien­de en el Cliges es el matrimonio, al que se llega a través de las descripciones de todas las fases del amor naciente y creciente, fiel y temeroso, analizado con analogías y suti­lezas de todo género. Cliges es un pálido reflejo de Tristán; Fenice, al repetir el per­sonaje de Isolda, le hace más rígido, gracias a una sutileza psicológica que recuerda los artificios y los convencionalismos de las cortes de amor: se mantiene pura en el ma­trimonio para el adulterio; situación torci­da y más elegante, pero no ciertamente más moral. Chrétien de Troyes quiere sostener la tesis galante de que no se debe dividir el corazón, del mismo modo que no se debe dividir el cuerpo, ya sea concedido al aman­te o al marido. Esta obra se destaca de las demás de Chrétien de Troyes por el am­biente, en el que hay una mezcolanza de céltico y de oriental, de bretón y de bizan­tino, lo que constituye una de las principa­les razones de su éxito.

C. Cremonesi