Claudina de Villa Bella, Wolfgang Goethe

[Claudine von Villa Bella]. Libreto de ópera de Wolfgang Goethe (1749-1832), publicado en 1776, con el que Goethe dijo que había sido en cierto modo precursor de los «románticos»: «feliz atrevimiento escénico fue unir no­bles ideales y acciones entre bandoleros; lo que en las obras españolas era frecuente, pero para nosotros era nuevo en aquellos tiempos y hoy en cambio se ha convertido en uso, casi en abuso». De hecho, el asunto de Claudina de Villa Bella lo tomó Goethe de una novela española que leyó en versión francesa. Un gentilhombre, Carlos de Castelvecchio, hastiado del mundo, se hace jefe de bandoleros y adopta el nombre de Crugantino. Cierto día se encuentra cerca del castillo de Villa Bella, donde, sin saberlo él, está hospedado su hermano Pedro, des­conocido por él, enamorado de la hermosa Claudina, por la que muy pronto arde tam­bién de amores el falso Crugantino. La ac­ción se complica: con los bandoleros que hieren a Pedro, con las fugas y disfraces de Claudina perseguida por Crugantino, etc.; hasta que en el momento en que el terrible bandolero está a punto de forzar a la mu­chacha y Pedro vuela en su socorro, todos juntos quedan detenidos.

El drama se re­suelve felizmente: los hermanos se recono­cen y reconcilian, y el generoso bandolero gentilhombre rectifica y bendice las bodas de Claudina y de Pedro. La obra, que en la primera redacción se resiente del estilo crea­do por el «Sturm und Drang» y extrae de él su vitalidad, fue desechada en 1788 por el autor, que la convirtió en libreto musical, cambiando su carácter. Claudina se desdo­bla en Lucinda, y las parejas se dibujan claramente desde el primer acto: Claudina- Pedro y Lucinda-Carlos, que ahora se llama Rugantino y es bandolero por llamarle algo. La acción se suaviza y culmina en la escena en que Rugantino, para salvarse de las ame­nazas del conde de Villa Bella, que quiere hacerle detener, dirige su cuchillo hacia el corazón de Claudina; pero el dúo entre la víctima y el pseudoasesino es tan galante que no produce ninguna emoción. El final feliz que se produce en el bosque, entre pe­ñas y cavernas, es sólo un paisaje que re­cuerda la atmósfera de la primera redac­ción. A esta segunda le puso música Johann Friedrich Reichardt (1752-1814), que también escribió melodías para muchas poesías de Goethe, y fue representada en Berlín en 1788 y en Weimar en 1794, pero con escaso éxito.

G. F. Ajroldi