Ciudad de Vida, Matteo Palmieri

[Cittá di vita]. Poema en tres cánticos y cien cantos en tercetos de Matteo Palmieri (1406-1475). Terminado en 1464, se conservó manuscrito en la Bi­blioteca Laurenciana, con un comentario de Leonardo Dati, y no fue publicado hasta el año 1927-1928, en dos volúmenes, en Northampton. Inspirado en las revelacio­nes de un amigo muerto aparecido en sue­ños, consiste el canto en una «visión» de ultratumba, en la que se notan reminiscen­cias dantescas. Sin embargo, es original el punto de partida, o sea el mito, derivado de una interpretación del Apocalipsis, según el cual, las almas de los hombres preexisten al nacimiento, pues son las de los án­geles neutrales: «Aquí en los Campos Elí­seos fue recogida / la legión de los ánge­les que no combatieron / para hacer con ellos una segunda prueba». El alma del poeta, guiada e instruida por la Sibila de Cumas, recorre 40 «mansiones», diez de ellas a través del cielo, el fuego y el aire (prime­ra parte), dieciocho tras la encarnación, co­locadas en una encrucijada del camino del mal, es decir, en el reino de los vicios (se­gunda parte), doce en el monte de la «virtud cívica y purgatorio», sobre el que resplan­dece el trono de Cristo.

La experiencia del mal, con una extraña confusión, no se rea­liza en la tierra, entre los vivos, sino entre las almas difuntas, en un infierno des­ordenado, en el que las 105 pasiones más están representadas que castigadas. Así, pues, el purgatorio no es la expiación de los vicios, sino el ejercicio de las virtudes con­trarias, según está descrito en el Quadriregio (v.) de F. Frezzi, y en él tienen su sede también las almas del Limbo. El poeta, ciu­dadano activo de la Florencia del Renaci­miento, demuestra cómo subsiste todavía el espíritu medieval en aquel siglo, y en la parte descriptiva se inspira más en la tra­dición popular que en la cultura humanís­tica. Sin embargo, es más extensa que en Dante la introducción de los elementos clá­sicos, y en la fastidiosa y cargante exhibi­ción doctrinal, conceptos platónicos y pita­góricos se sobreponen al concepto escolás­tico, de tal manera que se ha querido ver en el poema una de las tentativas para poner de acuerdo el catolicismo con el reflorecido platonismo. Carente de valor artístico, la obra tuvo cierta resonancia entre los con­temporáneos por la doctrina de los ángeles neutrales, doctrina que le valió la condena eclesiástica que dio ocasión a que surgiera la leyenda de que Palmieri había muerto en la hoguera.

P. Onnis