Cimbelino, William Shakespeare

[Cymbeline]. Drama en cin­co actos, en verso y en prosa, de William Shakespeare (1564-1616), compuesto alrede­dor de 1609, estrenado en 1609 ó 1610 y publicado por primera vez en el primer in­folio (1623). Las fuentes son: un fragmen­to de la historia británica, libremente adap­tado por Holinshed, la novela novena de la segunda jomada del Decamerón (v.) (motivo de la apuesta y de la estratagema del baúl), el drama Los raros triunfos del amor y de la fortuna [The Rare Triumphs of Love and Fortune, 1579] (vida de Belario e Imogen en la caverna). Imogen, hija de Cimbelino, rey de Britania, se ha casado en se­creto con Leonato Postumo (Leonatus Posthumus). Pero este matrimonio secreto es descubierto al rey por la reina, madrastra de Imogen, que hubiera querido verla casa­da con su hijo Cloten. Desterrado, Postumo se dirige a Roma y allí alaba la virtud de su mujer y hace una apuesta con un gentil­hombre romano, Iachimo, de que si éste consigue los favores de Imogen, recibirá el anillo con el diamante que ella le ha dado. Iachimo, rechazado por Imogen, pretende haberla sólo querido poner a prueba por amistad hacia Postumo, es perdonado e in­cluso consigue que la princesa reciba en custodia un baúl que Iachimo declara con­tener preciosos regalos para el emperador. Con esta estratagema, Iachimo consigue pe­netrar en la cámara de Imogen, y de noche toma nota de los detalles del cuarto y de un lunar característico en el pecho de la princesa dormida.

Vuelto a Roma, aporta pruebas que sorprenden la buena fe de Pos­tumo, quien, convencido de la infidelidad de su esposa, da a Iachimo el anillo y escri­be a Pisanio, su criado, dándole orden de que dé muerte a Imogen. Pisanio tiene com­pasión y la salva, la hace disfrazar de mu­chacho y le da una caja de drogas res­tauradoras recibida de la reina; en reali­dad, en la intención de la pérfida reina, la caja debiera contener venenos mortíferos, pero el médico de quien la ha obtenido, ha colocado un inocuo soporífero. Imogen, abandonada en un bosque junto al mar, es acogida amablemente por Belario (Belarius), un patricio desterrado, y por los jóvenes educados por él como a hijos, y que, en rea­lidad, son, sin saberlo, hijos de Cimbelino raptados cuando niños por Belario para vengarse de la injusticia que el rey cometió con él: Guiderio (Guiderius) y Arvirago (Arviragus), cuyos nombres ficticios son respectivamente Polidoro (Polydore) y Cadwal. Pronto surge un gran afecto entre los jóvenes e Imogen, instintivamente atraí­dos por los vínculos de sangre; llega entre­tanto Cloten, que, furioso por la desapari­ción de Imogen, obliga a Pisanio a revelarle parte de la verdad y, consiguiendo de él un vestido de Postumo, se dirige al lu­gar donde espera encontrar a éste e Imogen, decidido a suprimir al primero y vio­lar a la segunda. Cloten se pelea con los hijos de Cimbelino y Guiderio le corta la cabeza. Imogen, entretanto, cansada del via­je, ha tomado la droga que le dio Pisanio y ha caído en un letargo parecido a la muerte. Supuesta muerta, es colocada en el suelo junto al cadáver de Cloten; después de rús­ticas y conmovedoras exequias, Belario y los jóvenes abandonan la escena. Cuando des­pierta del letargo, Imogen, encontrándose junto a un cadáver sin cabeza vestido con las ropas de Postumo, piensa que se trata de él y se desespera, pese a tener muchas razones para dolerse de la conducta de Pos­tumo respecto a ella.

Entretanto, desembar­ca un ejército romano capitaneado por Lu­cio, para obligar a Cimbelino a pagar al emperador el pactado tributo, que la reina persuadió a Cimbelino a suspender. Imogen es tomada como paje por un general ro­mano. Entre los romanos figura también Postumo, quien decide, sin embargo, disfrazarse de aldeano británico y morir com­batiendo por el país de Imogen, pues siente remordimientos de haberla hecho matar, se­gún cree; también el pérfido Iachimo, lleno de remordimientos, a su vez, por haber ca­lumniado a Imogen, forma parte de la ex­pedición romana. En la batalla que se pro­duce, los británicos son al principio puestos en fuga y Cimbelino es hecho prisionero, pero luego, gracias al valor de Belario, Guiderio y Arvirago, así como al de Postumo, que atraen y destrozan ellos solos a los ro­manos en un estrecho desfiladero, la suerte de la batalla cambia y Lucio, su paje (Imogen), Iachimo y Postumo, que, apenas ha advertido la victoria británica ha vuelto a combatir al lado de los romanos para en­contrar la deseada muerte, son todos ellos hechos prisioneros. En una escena final los nudos de la intriga se resuelven en una serie de agniciones. Lucio pide a Cimbelino que perdone a su paje; el rey, conmovido por un algo del aspecto del paje, le perdona y le permite pedir una gracia. Imogen (que en secreto se revela al rey), pide que Iachimo sea obligado a decir cómo ha conse­guido el anillo que lleva en el dedo. Iachimo, arrepentido, narra las circunstancias de su traición; Postumo, al enterarse de la ino­cencia de su mujer, se desespera, hasta que Imogen revela su verdadera personalidad y ambos se reconcilian. El rey quiere premiar a Belario y a sus dos hijos, pero, habiendo confesado Guiderio que mató a Cíoten, el rey le condena a muerte por haber asesi­nado a un príncipe real (entretanto, la pér­fida reina ha muerto después de haber con­fesado sus intrigas y su odio por Cimbeli­no e Imogen).

Belario revela entonces quié­nes son los dos jóvenes y el viejo Cimbe­lino, en la alegría de haber encontrado a sus hijos, los perdona a todos y, aun ha­biendo vencido a los romanos, consiente en volverles a pagar el tributo. El drama se resiente de la moda de la época en que fue escrito: en aquellos años se inicia la afor­tunada colaboración de Francis Beaumont (1584 ó 1585-1616) y John Fletcher (1579- 1625), que inauguraban un estilo novelesco- sentimental destinado a grandes éxitos. Por lo que el drama de Shakespeare, aun rico en detalles trágicos, se resuelve en un final feliz: en la persona de Iachimo, por ejem­plo, vemos una segunda edición, refundida y adulterada, del siniestro, de muy distinto modo, Yago (v.); en el episodio de Imogen, que se despierta junto al supuesto cadáver de Postumo, vemos calcado, débil y casi paródicamente, dada la naturaleza grotesca del personaje Cloten, el episodio de la cripta de Romeo y Julieta (v.). La gran cantidad de disfraces (entre los cuales el de la mujer en muchacho, motivo de la época que cada vez encontrará más boga) y el absurdo de las estratagemas quitan toda capacidad per­suasiva al drama. Aparte de la belleza de las escenas en torno a la caverna de Bela­rio, que respiran elogios a la vida rústica y tienen algo de la fascinación del episodio de Herminia entre los pastores de Tasso, Cimbelino no muestra la mano del mejor Shakespeare. Ni la amargura de Postumo, que se cree traicionado, alcanza nunca la fuerza de acentos, que, en una situación análoga, tenía Troilo (v. Troilo y Criseida). El único personaje que verdaderamente conquista nuestras simpatías es la suave Imogen (v.).

M. Praz

La representación de una obra de Shakes­peare abre todas las fuentes de la emoción humana, agita toda la potencia de la ima­ginación.    (Copeau)