Cartas de Ozanam

[Lettres]. Testimonio de la breve e intensa vida del crítico fran­cés Antoine-Frédéric Ozanam (1813-1853) son estas cartas fechadas desde 1831 hasta su muerte y varias veces publicadas. Se in­dica en ellas, con sugestiva claridad, la sin­cera posición espiritual del cristiano y del sabio, su amor por la cultura y por la bon­dad evangélica, y, al mismo tiempo, el deseo de admirar dignamente la belleza, signo de Dios sobre la tierra. Una delicada visión de la vida, ofrecen las cartas a sus familiares, particularmente a sus padres y hermanos, Charles, médico, y Alphonse, sacerdote. Las cartas a su novia, aun cuando hablan de los cursos del escritor en la Sorbona y de las dificultades con que lucha, indican también la esperanza de una acción que dirigida por la fe, no podrá menos de alcanzar el bien. Una gran parte del epistolario está consti­tuida por cartas doctrinales y abiertamente apologéticas. Si algunas actitudes de cató­lico militante se muestran aisladas en las corrientes morales y políticas del siglo, la exigencia de una común obra misionera co­bra acentos de solemne exaltación en el nombre de Dios: de aquí se origina, como ideal de una nueva juventud, la fundación de la sociedad de San Vicente de Paúl.

Es necesario amar a los hombres y unirlos por la caridad; empecemos, pues, yendo al en­cuentro de los humildes, yendo nosotros a confortarlos en sus casas. Con esta filantro­pía guiada por un soplo evangélico, Ozanam estuvo en relación también con el padre Lacordaire, con Silvio Pellico y con Gino Capponi. Así a Tommaseo, ante la revolución del 1848 y sus consecuencias políticas y so­ciales, habla con sincero acento del cristia­nismo y de la necesidad de hallar un terreno común de inteligencia entre la fe y la arro­lladora marea de los nuevos intereses socia­les. Son bellísimas sus cartas desde Italia: Ozanam, nacido en Milán, manifiesta siem­pre su pasión por la patria del catolicismo. El epistolario nos ofrece el diario de tres viajes a Italia en 1841, en la alegría de sus bodas, y las divagaciones serenas, ante las bellezas de la naturaleza y los monumentos de Nápoles y Pompeya, de Sicilia y de Roma; después, en 1847, a Venecia, Pisa, San Gimignano y, finalmente, en 1852-53, a Niza, Pisa y Florencia. Es conmovedora una de sus últimas cartas desde el pueblecito de San Jacopo, escrita una semana antes de su muerte, durante el camino de regreso, en Marsella. Rico en pensamientos y medita­ciones, este epistolario indica la complejidad de la preparación espiritual de Ozanam y al mismo tiempo delimita sus actitudes en una esfera de piedad y de fraternidad evan­gélicas.

C. Cordié