Carnet de un Escritor, William Somerset Maugham

[A Writer’s Notebook]. Obra de William Somerset Maugham (n. 1874). El conjunto de los cuader­nos de notas del novelista inglés viene a representar, como él mismo confiesa en el prólogo del presente libro — publicado el año 1949 —, unos quince gruesos volúmenes. De esta masa de recuerdos, notas y expe­riencias, el autor ha hecho la selección que integra en Carnet de un escritor, suficiente para darnos idea justa y bastante completa de su formación, métodos de trabajo y do­tes observadoras. La obra brinda un par­ticular interés para todos los lectores fami­liarizados con las novelas y cuentos de So­merset Maugham. Aquí se encontrarán con los personajes que el autor ha conocido en sus viajes y conocerá episodios vividos por el propio novelista o que le fueron referi­dos, para inmediatamente irrumpir en su obra imaginativa transmutados, convertidos ya en «materia literaria». La lectura del Diario (v.) de Jules Renard, del que nos habla repetidamente en su libro, vino a confirmar en Somerset Maugham su deseo de retener y fijar de un modo breve y con­ciso cuantas observaciones y datos signi­ficativos pudieran servirle para su propia «filosofía de la vida» o, como material, para la elaboración de obras futuras. A partir de 1892, comienza a «llevar su diario» aun­que no de un modo rutinario y sistemático, sino fijando sólo aquello que por entonces — a los dieciocho años — juzgaba importan­te: ideas originales, observaciones críticas inspiradas por sus lecturas, trozos de obras literarias que ya comenzaba a escribir, en su mayoría de piezas teatrales (es curioso que este escritor, que presenta todas las ca­racterísticas del narrador nato, se creyese en principio con vocación decidida para el teatro: sus comedias y dramas raramente son creaciones originales y, por lo general, provienen de «arreglos» de sus cuentos o novelas). El primer carnet, fechado en 1892, se remonta a la época en que el escritor era estudiante de medicina, y en él se re­gistran anotaciones de tipo psicológico, agu­das, matizadas de una ironía a veces cruel, reveladoras de una facultad de observación viva y lúcida.

El autor permanece durante cinco años estudiando medicina en el hos­pital Saint Thomas. Pero el virus de la lite­ratura se ha infiltrado en él, según pone de manifiesto su diario, lleno de proyectos de libros y fragmentos de relatos. La cu­riosidad acuciante de entrar en contacto con nuevos seres y paisajes le impulsa a viajar, trabando conocimiento con numero­sos personajes célebres y tipos pintorescos. De unos y otros, esboza sus retratos, com­puestos con un arte breve, pero intensa­mente evocadores, así como de cuantos lu­gares visita, sobre todo en los países de Oriente y en las islas de los mares del Sur, escenarios éstos de su predilección y en donde situará la acción de numerosas obras futuras. Sus dibujos ambientales aparecen trazados con un sentimiento muy pintores­co del color local y poseen la virtud evo­cadora del misterio que en ellos se inte­gra. Esta viva curiosidad por los hombres, países y circunstancias parece ganar en avi­dez y concentración a medida que los años se acumulan. Leyendo las páginas de su Carnet, sobre todo las de los años postreros — las últimas anotaciones se remontan al año 1944 — se descubre en Somerset Maugham una especie de irrefrenable pasión por la vida ardorosa y abigarrada, por la mis­teriosa complejidad de destinos y almas. Ansioso de nuevas enseñanzas y descubri­mientos, el autor se vale de todos sus en­cuentros con nuevos desconocidos — sea un gran biólogo o un vulgar aventurero — para tratar de calar más hondamente en el cono­cimiento de los hombres. Incluso se podría afirmar que de su curiosa manera de con­siderar el destino a través de las enseñan­zas que le ha suministrado una existencia fecunda en las más innumerables y varia­das experiencias, se desprende una especie de filosofía. De este modo el libro no se re­vela sólo como un repertorio fortuito de observaciones, y nos permite penetrar en la personalidad de su autor, de manera viva y completa, casi como si él mismo fuese un personaje más de sus novelas.