Cardenio y Celinda, Andreas Gryphius

[Cardenio und Celinde]. Tragedia en cinco actos, en verso, del poeta, comediógrafo y trágico alemán Andreas Gryphius (1616-1664), aparecida en 1657. El argumento está tomado de una novela española, «La fuerza del desengaño», contenida en la recopilación Sucesos y pro­digios de amor en ocho novelas exemplares (1625), de Juan Pérez de Montalbán (1602- 1638), que Gryphius leyó en la traducción del italiano Biagio Cialdini, publicada en Venecia en 1637. La escena se desarrolla en Bolonia, «madre de las ciencias y de las artes liberales». El estudiante español Car­denio ama a la noble Olympia, que, sin em­bargo, tras complicadas vicisitudes, es des­posada con Lisandro, y se consuela con la frívola Celinda, cuyo amante Marcelio mata en un acceso de celos. Desesperado de no poder olvidar a Olympia, quiere marcharse de Bolonia, pero primero desea vengarse de Lisandro. Una noche lo espera, pero, atraído por una historia de espíritus, lle­ga a una cripta, donde encuentra a Ce- linda, la cual está buscando filtros mágicos para asegurarse su amor. Los dos amantes, que se encuentran en el momento en que parece culminar su locura, consiguen expe­rimentar una saludable reacción: Celinda se arrepiente, y Cardenio implora perdón a la «purísima alma» de Olympia, hallando al fin el equilibrio y la cordura. En el prefa­cio, el autor se excusa por haber escogido un argumento burgués y emplear un len­guaje vulgar, habiendo querido narrar una historia que él oyó relatar como verídica en Italia; la tragedia constituye, en efecto, un tránsito entre el espíritu y las formas de la tragedia clásica y las del drama burgués, que se pondrá de moda en el siglo XVIII. En los primeros tres actos y en el último predomina aún la narración, con tono clá­sico; en el cuarto se desarrolla la acción. Es notable la influencia de Shakespeare y del dramaturgo holandés Joost van den Von- del. La tragedia tuvo un gran éxito en alemania, especialmente en la época ro­mántica; fue reelaborada dos veces: por Arnim von Achim, que funde el tema con la leyenda del Judío errante (v., y v. tam­bién Halle y Jerusalén), y por Karl Immermann.

B. D. Ugo