Cancionero de Stigliani

[Canzoniere dello Stigliani]. Publicado primero en 1601 con el título de Rime [Rimas], en Venecia, y en nuevas y más completas colec­ciones en 1605, y después en Roma en 1623 con prefacio y argumentos de Francesco Balducci, el Cancionero de Tomaso Stigliani (1573-1651) merece recordarse por sus tendencias literarias y por su tono lírico. La misma sátira contra Marino y los musicistas aquí, tan distinta de sus «Amores jo­cosos» («Giá infarinata e sparsa / Di mattutini albori / La bianca molinaia d’oriente / Macinava nel cielo / II frumento vermiglio / Delle anímate stelle…») salva al poeta de incurrir en lo afectado y superfi­cial, defecto de la poesía de aquel siglo; la parodia de metáforas y «conceptos» en sus diversos idilios satíricos («El amante deses­perado», y especialmente «El amante estultisabio»), explican de manera especial su animosidad contra Marino, más que por una oposición personal, por una diversa con­cepción del arte. Predomina en la formación de Stigliani una cultura clásica, todavía de sello humanístico, con una búsqueda de cla­ridad en las descripciones, sencillez que puede llegar a veces a las exageraciones del setecentismo, aunque con discreta inspira­ción permanece dentro de los límites de un petrarquismo armónico y elegante. Por ejemplo en un suspiro de amor por una bella desdeñosa («Giá cessa il mietitor col ferro torto») es descrito el tormento de un campesino no correspondido en su pasión: «Cosí parlava l’amor selvaggio / Quand’ ella, alquanto accoltasi la vesta / Ridondo segui oltra il suo viaggio, / coll’urna in testa».

Boceto de ágil factura que se vale en cierto modo de elementos ornamentales y musicales, muy estimados por el gusto de la época, pero que resplandecen con vida propia. También el reprochar a su amada que acaricie con lisonjas al perrillo que le ha regalado, y no hacer caso en cambio del donador («Quella candida man che sempre scocca»), recuerdan aparte la extra­vagancia de la composición, maneras gráci­les y desenvueltas de una observación aten­ta de la realidad hasta el idilio y el lamen­to (con la mano que «teneramente lusin- gando tocca», aunque conceptuosamente «scocca / Nel misero mió cor faci e quadrella»). Persisten, pues, en el Cancionero dos temas: el satírico contra Marino y las exageraciones estilísticas de su escuela (es­pecialmente con parodias de canciones y madrigales) y el más francamente lírico, en su amoroso galanteo y su deseo de propia excelencia de artista. Aquí estaba quizás la nota más secreta y con ello más consistente de Stigliani, que, como indicó Croce, que fue el primero en publicarlo, un soneto de­muestra bien su desengaño del mundo y su aspiración a una vida sincera («L’ardor del nostro amore in te fu lampo») o, para buen augurio del Nuevo Mundo (v.), el autor pide ayuda a Dios para terminar digna­mente «la chiara storia… / del Gran Co- lombo alie future genti» (en el soneto «Or nemica fortuna or febbri ardenti»). En con­junto esta colección de poesías muestra, como dispersa entre arrebatos desiguales, la actividad vivaz e ingeniosa de un escri­tor que intentó escapar a la moda del ma­rinismo sin por ello conseguir una nota plenamente lograda y original.

C. Cordié