Cancionero de Meogo

Las cantigas de amigo del poeta gallegoportugués Pero Meogo que han llegado hasta nosotros en el Cancionero de Vaticana (editadas moder­namente por J. J. Numes en Cantigas d’amigo, III, Coimbra, 1928) constituyen uno de los momentos excepcionales de la poesía gallegoportuguesa y uno de los más delicados, emocionados y sugestivos de toda la tradición poética hispana. Aparte de la características generales del género de las «cantigas d’amigo», las de Pero Meogo se distinguen por la presencia de un tema, el del ciervo, que tendrá gran difusión en la literatura española. Aparece en nueve cantigas que constituyen una serie y tienen por escenario la fuente donde van los cier­vos y donde la doncella se encuentra con el enamorado. Las cantigas presentan dife­rentes escenas: la doncella teme ir a la fuente y quiere que la madre la acompañe, pero teme también que en presencia de ella el joven no se atrev a hablarle; va ella a lavar los cabellos en la fuente: «vai lavar cábelos / na fontana frida», y pasa por allí el enamorado: «passa seu amigo, / que lhi bien quería»; y, como en un fondo, la pre­sencia del ciervo del monte enturbiando las aguas («o cervo do monte/volvía a augua»); cuando la hija se retrasa en la fuente ella culpa a los ciervos («Tardei, mia madre, na fria fontana, / cervos do monte volvían a augua: / os amores ei»), pero la madre sabe bien que es por culpa del enamorado. Esta exaltación del ciervo tiene quizás orí­genes prerromanos, en las fiestas en que un hombre se vestía de ciervo y efectuaba danzas rituales. A Pero Meogo este tema le sirve para darnos una de las imágenes más felices, el del amigo herido por los amores de la doncella, que es comparado al ciervo herido por los cazadores del rey: «Tal vai o meu amigo / con amor que lh’eu dei / come cervo ferido /de monteiro del rei».