Cancionero de Gómez Manrique

La obra poética de nuestro autor, encuadrada dentro de la línea del Marqués de Santillana, Juan de Mena y la poesía de cancionero derivada de la gallego- portuguesa (Gómez Manrique escribió en portugués), ofrece un rico panorama de es­tilos y géneros en sus 108 poesías conser­vadas en dos manuscritos (de Palacio y de la Biblioteca Nacional de Madrid) y repro­ducidas en parte por el Cancionero Ge­neral de 1511. Su múltiple personalidad crea­dora se caracteriza por una poesía de tipo cortesano y amoroso, de fina habilidad técnica, pero carente de verdadera inten­ción lírica; por numerosas «estrenas» y aguinaldos, breves poemas dedicados a fa­miliares y amigos; por sus sátiras crueles, como la que dirige a Juan Poeta («Son con destral desbastadas / vuestras rimas, / y no son sotiles limas / bien limadas»); y, so­bre todo, por una poesía de tipo doctrinal y político en la cual se revela su verdadero genio poético: las «Coplas para el señor Diego Arias de Avila», claro precedente de las Coplas de su sobrino Jorge Man­rique (v. Cancionero), la «Exclamación y querella de la gobernación» y el «Regimien­to de Príncipes», verdadero tratado doctri­nal del buen gobierno dedicado a los Reyes Católicos.

Merecen ser destacados, también, sus poemas elegiacos, como el «Planto de las virtudes e poesía por el magnífico señor don Iñigo López de Mendoza», extenso poe­ma alegórico dentro del clima peculiar del Marqués de Santillana; la «Defunción del no­ble cavallero Garci Lasso de la Vega», etc., y su poesía religiosa, de la que debemos recordar sus dos grandes poemas dramá­ticos : «Representación del Nacimiento de Nuestro Señor», que compuso a ruego de su hermana María, vicaria del monasterio de Calabazanos y que «rebosa ternura, fina emoción y un arte primitivo de arquitec­tura teatral, perfecto en su orden» (Valbuena Prat), y las «Lamentaciones fechas para Semana Santa», que son un diálogo entre Nuestra Señora, San Juan y Magda­lena. El cancionero de Gómez Manrique ha sido publicado modernamnete por Paz y Melia, en 1885, y por Fouché-Delbosc, en 1915.