Británico, Jean Racine

[Britannicus]. Tragedia en cinco actos de Jean Racine (1639-1699), re­presentada en París el 13 de diciembre de 1669. Nerón (v.), que bajo actitudes toda­vía virtuosas empieza a revelar su índole cruel, ha hecho secuestrar en su palacio a Junia, descendiente de Augusto, sustrayéndola al amor de Británico. Su madre Agripina (v.) que en favor de Nerón había sacrificado el derecho preferente de Bri­tánico,’ hijo suyo y de Claudio, ahora le favorece secretamente contra el joven em­perador que elude ya su tutela. Éste, encaprichándose entre tanto de Junia, se entera por Narciso, fingidamente sumiso a Britá­nico, del sentimiento que une a ambos jó­venes y al mismo tiempo de las ocultas actividades de su madre y de su herma­nastro. A Junia, que rechaza sus proposi­ciones de amor y de matrimonio, responde con la más clara amenaza contra el amado, de modo que encontrándose con él — mien­tras sabe que Nerón está escuchando — debe esconder sus sentimientos. Los celos y la crueldad del emperador se ejercitan ator­mentando al rival por medio de Narciso, que le afirma la infidelidad de Junia; pero cuando ella, creyendo que no la espían, ex­plica el engaño al joven, Nerón aprisiona a los dos y hace culpable en su corazón a su madre. Mantenida con guardias dentro de palacio, Agripina tiene un diálogo con su hijo en el que le recuerda lo que ha hecho por él, incluso los delitos más tortuosos, para abrirle el camino del trono, y rechaza la acusación de querer elevar a Británico.

Ne­rón se finge convencido y dispuesto a obedecerla, pero está decidido a matar a su hermanastro, aunque en vano le recuerde Burro su deber, mientras Narciso vence fá­cilmente sus últimos recelos. Invitado por el emperador a un banquete que ha de se­ñalar su reconciliación, envenenan a Britá­nico. Burro, aterrorizado, lleva la noticia a Agripina, que se enfrenta con su hijo acusándolo y anunciando sus futuros delitos. Junia se retira a la casa de las Vestales, entre los desvaríos del enamorado Nerón. Racine, queriendo mostrar a los partidarios de Corneille que también podía hacer la tragedia históricopolítica, escogió en Tá­cito este momento sugestivo: la primera revelación de la crueldad de Nerón. Pero, más que política, la obra sigue siendo psi­cológica, raciniana, incluso por la sencillez del tono, ajeno a toda retórica; es el estu­dio del monstruo naciente, todavía joven, ligero, caprichoso, relacionado con lo que es la verdadera naturaleza del amor contra­riado; es sobre todo el estudio de la apa­sionada ambición de Agripina. Ante estas dos robustas creaciones palidecen las demás figuras, incluidos el protagonista y Junia. Especialmente para Agripina el autor en­cuentra una audacia insólita, incluso en lo lingüístico; la energía tacitiana y el color romano están conseguidos con feliz sobrie­dad, con fuerza representativa, aunque los románticos lamentaron, equivocadamente, que no se ofreciese a los espectadores la escena del banquete y del envenenamiento. Así también, las leves alteraciones de algún dato material no impiden que el espíritu de la historia esté agudamente conseguido. [Trad. española en prosa por Saturio Iguren (Juan de Trigueros) Madrid, 1752. En verso por T. Sebastián y Latre (Zaragoza, 1764)].

V. Lugli

Cuando Racine pinta un estado de ánimo con todas sus contorsiones y sus vibracio­nes escribe con una espontaneidad desnuda y sus frases, llevadas hasta el extremo del significado, brillan como cuchillas, directas, rápidas e irresistibles. (Strachey)

*   En 1752 se representó en Berlín una ópe­ra musical de Karl Heinrich Graun (1701- 1759), cuyo libreto había sido extraído li­bremente del Británico de Racine.