[Bataglia di vecchie e di giovani]. Son cuatro «cantares» en octava rima (a la manera de los que por las plazas entonaban los «cantores» italianos, «rerum francigenarum», y que más pulidamente declamaba Bocaccio en las reuniones amistosas) con los que Franco Sacchetti (hacia 1330-1400) quiso divertirse un poco, celebrando, a través de una sencilla ficción narrativa, las más bellas jóvenes de la nobleza femenina de su tiempo y vituperando las viejas y feas; estas últimas por contraposición a las primeras, y con nombres evidentemente supuestos. La fábula está pronto explicada: en un delicioso vergel, se reúnen las más bellas de las jóvenes nobles de Florencia para divertirse con honestos y delicioso? pasatiempos, bajo la presidencia de Cos- tanza Strozzi, cuando la vieja Oliente («malolientes»), envidiosa del solaz de las jóvenes, quiere introducirse en aquel paraíso, y es asesinada. Se enciende entonces una gran batalla promovida por las mujeres viejas y feas que quieren vengarla, al mando de Ghisola. Pero las mujeres hermosas —cuya emperatriz es Costanza y la capitana Elena Strozzir fuertemente apoyadas por el «duque de los amantes leales» y por otros caballeros enamorados de las bellas, hacen estragos en las viejas, librando así al mundo de esa peste.
De cuya peste no quedan ni siquiera huellas porque lobos y cuervos acaban hasta con las carroñas. Elena Bombeni, que fue muerta en la lucha promovida por Ghisola, es milagrosamente resucitada por el primer rayo de sol, y todo se convierte en fiestas y juegos en el jardín. A pesar de muchas estrofas mediocres e incluso malas, la narración es en general viva, desenvuelta, rica de colorido aunque inevitablemente un poco monótona por repetirse los mismos «golpes» y por la presentación de las bellas en el primer cantar; las octavas, fluidas y de feliz acento popular superan en mucho a las trabajadas y mecánicas, y, como aquí y allá se hallan esmaltadas con versos más inspirados y de mayor lucimiento, dejan traslucir una inspiración más culta. No faltan las rarezas propias del tiempo: el canto segundo comienza como los cantares populares con una invocación a la Virgen, invocación que va seguida por otra a Venus. Estamos ya en la plena mezcla cristiano- pagana del Renacimiento.
B. Chiurlo

