Baladas de Fontane

[Balladen]. La composición de numerosas baladas ocupa el primer período de la actividad artística de Theodor Fontane (1819-1898), que más tar­de se impone especialmente como novelis­ta. Por su fuerza representativa, por la eficaz concisión dramática y por la música, las baladas, a cuya composición le estimu­laron en parte las baladas del conde August Strackwitz, en parte las baladas escocesas, conocidas por Fontane cuando era periodista en Inglaterra, y en parte la compilación de Percy (v. Reliquias de la antigua poesía in­glesa), no tardaron en hacerse populares. Obtuvieron un éxito especial las compues­tas sobre temas tomados de la historia ale­mana o prusiana brandeburguesa. Por este motivo figura en toda antología escolar «El castillo Eger» [«Schloss Eger»], que describe con impresionante vigor la muerte de los tres fieles generales de Wallenstein, Illo, Kinsky, y Terzky, asesinados en el ban­quete que les ofrecieron en el castillo los dragones de Buttler. Luego tenemos, seme­jantes a una fina estampa de Menzel, los retratos bien dibujados de ancianos, he­roicos, y a menudo extravagantes, genera­les prusianos: «El viejo Derfflinger» [«Der alte Derfflinger»], «El viejo Zieten» [«Der alte Zieten»], «Seydlitz», «El viejo Dessauer» [«Der alte Dessauer»]. A esta serie se une la de las baladas bismarckianas, impregna­das de noble entusiasmo: «El joven Bismarck [«Jung Bismarck»] y, muy hermosa, «Donde debe ser sepultado Bismarck» [«Wo Bismarck liegen solí»], es decir, en lo más profundo del bosque de Sajonia donde tres mil años después los hombres aún murmu­rarán: «No hagáis ruido, aquí yace Bis­marck…».

Menos felices, porque se ciñen de una manera demasiado servil a la tradi­ción, son las baladas danesas, entre las cuales «Gorm Grymme» es la más conocida. Tienen en cambio merecida fama algunas de las baladas escocesas-inglesas, como la de la célebre batalla de Hasting: «Hastingsfeld», o «La canción de John Monmouth» [«Das Lied des John Monmouth»], que tie­ne la musicalidad de ciertas baladas de Heine, o «Bárbara Alien», que muere de amor por John Graham, después de que él ha muerto por ella; finalmente una de las más célebres poesías, conocidísima porque fue puesta en música por Karl Loewe, «Archibald Douglas», el conde desterrado que, después de siete años de tormento, se arroja ante el caballo del rey y ruega que le maten porque todo es mejor que el des­tierro; el rey entonces, conmovido por tan­to amor patrio, lo indulta. En el último grupo de poesías en forma de balada, Fontane toma como punto de partida sucesos del día, como en «Puente sobre el Tay» [«Brücke am Tay»], donde inspirándose en las escenas de las brujas de Macbeth des­cribe un terrible accidente ferroviario. Lue­go trata algunos episodios de la guerra del 70-71. últimamente tiende cada vez más a simplificar, fijando tan sólo pequeños cua­dros representativos de la vida cotidiana, como en la breve escena magistralmente dibujada. «El huésped» [«Der Gast»], en la cual los padres a la cabecera del hijo mo­ribundo experimentan la impresión de que alguien ha entrado y al día siguiente saben quién era aquel huésped; o en la poesía de circunstancias al pintor Menzel «En la escalinata de Sansouci» [«Auf der Treppe von Sansouci»], o en el delicioso cuadrito de género «El señor de Ribbeck en Ribbeck» [«Der Herr von Ribbeck auf Rib­beck»] donde el viejo señor en la región de Havelland regala peras a todos los ni­ños y al morir quiere que le pongan una pera en la tumba; así a pesar de la avari­cia del hijo superviviente, sobre la tumba del anciano crece un peral que sigue distri­buyendo frutos entre todos los niños.

C. Baseggio y E. Rosenfeld