Autobiografía de Maimón

[Lebensgeschichte]. Obra del filósofo lituano hebreo Salomón Ben Yéhóshüá (1754-1800), apoda­do Maimón (en honor del gran filósofo medieval Mosheh Ben Maimón [Maimónides], del cual el autor se consideraba discí­pulo), publicada en 1793. Versado desde la infancia en la literatura rabínica, mientras durante el día, para vivir, explicaba el Pen­tateuco, por la noche estudiaba la litera­tura filosófica hebrea y la Cúbala mística en la que trató de cimentar su base filosó­fica. Obstaculizado en este empeño por los Hasidim (místicos) se volvió hacia los es­tudios profanos, a la física, especialmente a la óptica, y tras esto, para huir a las ve­jaciones, emigró a los 25 años a alemania, donde estudió Medicina. Allá hubo de su­frir las dolorosas vicisitudes de repulsa, mi­seria y vagabundeo por varias ciudades. Le­yendo en Berlín las pruebas de la existencia de Dios adoptadas por Wolf en su Metafísi­ca, hizo de ellas una crítica que envió a Mendelssohn, el cual reconociendo su inte­ligencia, se constituyó en su protector.

Bien pronto se disgustó con él y entonces andu­vo errabundo de Berlín a Hamburgo de allí a Holanda, y de nuevo se le vio en Hamburgo, siguiendo siempre su inquieta fantasía, hasta que por fin, acogido de nue­vo por Mendelssohn en Berlín, se le encar­gó de traducir al hebreo obras científicas alemanas, para uso de los judíos rusos y polacos. Peleándose también allí con los amigos, pasó a Breslau, y de Breslau, tras largo vagabundeo, junto al conde Kalkrenth en su feudo de Niedersiegersdorf. En 1788, bajo la influencia de la filosofía de Kant, escribió su Investigación sobre la filosofía trascendental [Versuch über die Transzendentale Philosophie, Berlín, 1790], de la cual Kant escribió que entre todos sus críticos y contradictores, era Maimón el más agudo, y que nadie había comprendido me­jor que él el problema fundamental. «Yo he sido», escribió en la última página de su autobiografía, «secuaz, por turno, de todos los sistemas filosóficos: peripatético, seguidor de Spinoza, de Leibniz, de Kant y, por fin, escéptico, y siempre inclinado al sistema que en el momento me parecía el único verdadero. En fin, me apercibí de que los diferentes sistemas contienen algo de verdad, a la vez que, en ciertos puntos, son igualmente todos vulnerables… Todavía no he hallado el puerto de la paz, pero ”quo nos facta trahunt retrahuntque sequamur».

Su Autobiografía es un documento de gran interés histórico y filosófico; es el cuadro más vivo y más real de la situa­ción moral, espiritual y material de los ju­díos en la Europa oriental, especialmente en Polonia, a finales del siglo XVIII, y también, de la influencia indirecta ejercida por la casuística, el simbolismo alegórico del Talmud y la Cabala hebraica, en agu­dizar la inteligencia y espolear la curiosi­dad investigadora; es un retrato vivo del filósofo vagabundo, rebelde, incivil, hirsuto, antisocial, anárquico, crudo en el decir, selvático en el comportarse, ayuno de toda conveniencia social, pero de pensamiento agudísimo, rebosante de sinceridad; escribe cómo habla, cómo vive, y también por su cruda sinceridad, argucias y anécdotas, constituye una bizarra personalidad de «hé­roe picaresco», que suscita mayor interés que todos sus escritos filosóficos. Para com­pletar la autobiografía, añadiremos que el «vagabundo sagrado», deshecho por los des­órdenes, las intemperancias y las rarezas de su vida, halló asilo en su último decenio, en un castillo de Silesia, donde, además de estar libre para continuar sus extravagan­cias, pudo meditar sobre los problemas fi­losóficos en el punto en que Kant los había dejado y publicar sus dos obras mayores: Ensayo de una nueva lógica (v.) e Inves­tigaciones críticas sobre el espíritu humano [Kristische Untersuchungen über den menschlinchen Geist, 1797] que le aseguraron una alta posición entre los inmediatos se­cuaces de la filosofía crítica. Es notable el resumen de la Guía de descarriados (v.) inserta en la obra. Trad. ital. de la Auto­biografía por E. Sola (Milán, 1920).

G. Pioli