Autobiografía de Franklin

[The Autobiography of Benjamín Franklin]. Fran­klin (1706-1790) comenzó a escribir esta obra hacia 1771 y fue trabajando en ella a medida que se le iba presentando la oca­sión. Durante su estancia en Francia la mostró a un amigo, quien la tradujo al fran­cés, y en esta traducción fue publicada poco después de la muerte de Franklin, en 1792; la edición original inglesa no salió hasta 1868. Es un documento de interés singular que ilumina la personalidad de quien tanta influencia tuvo en la formación de la so­ciedad americana. La autobiografía, que se acaba al iniciarse la misión de Franklin en Londres, como representante de Pensilvania, comienza con una breve genealogía de su familia. El padre, hombre educado e inte­ligente, emigró para gozar de mayor liber­tad religiosa y se estableció con la familia en Boston. En esta ciudad nació Benjamín en 1706, antepenúltimo de diecisiete hijos. Apasionado por la lectura, desde la infancia, Benjamín se nutrió de libros de teología y su padre, no pudiendo sufragar sus estu­dios, a los doce años le colocó de aprendiz con su hermano mayor tipógrafo.

Muy pron­to se hizo hábil en su oficio, que le con­sentía amplias posibilidades de lectura y probó a escribir versos; más tarde modeló su prosa sobre un volumen del Spectator (v.) y se dedicó a profundos estudios sobre la gramática inglesa. Unas divergen­cias con su hermano le impulsaron a huir a Filadelfia, donde se empleó en otra im­prenta : su actividad y su frugalidad le crearon pronto tan buena fama que llamó la atención del gobernador, quien le ofre­ció medios para abrir una tipografía propia y le animó a trasladarse a Londres para perfeccionarse. En Londres no encontró Franklin ayuda ninguna y sólo tras un año de dificultades pudo volver de nuevo a Fi­ladelfia. Se abrió entonces para él un pe­ríodo de prosperidad, y mientras soñaba la creación de un partido unitario de la vir­tud, dio vida a un almanaque moral edu­cativo que alcanzó grandísima difusión y que tenía por título el Almanaque del pobre Ricardo (v.). Fundó después un cuerpo voluntario de bomberos, y en 1742 inventó la famosa estufa que lleva su nom­bre. Alcanzada la riqueza, se retiró de los negocios para dedicarse a los estudios. Ele­gido miembro de la Asamblea legislativa, llevó a buen fin el tratado con los indios rebeldes; encontró un sistema racional para la limpieza de las calles ciudadanas; fue elegido miembro honorario de la universi­dad de Cambridge y obtuvo el puesto de Jefe general de Correos. Se le debe la fun­dación de la universidad de Filadelfia.

En 1754, durante la guerra contra los fran­ceses, suplió con su experiencia y con su espíritu la falta de organización. En se­guida tomó parte importante en la defensa de los estados americanos. Continuó entre­tanto sus investigaciones científicas sobre la electricidad, que atrajeron la atención de Buffon, y fue nombrado miembro de la Royal Society. Como consecuencia de una seria desavenencia entre el Gobierno y la Asamblea, fue enviado a Londres para lle­var las quejas de la Asamblea. En este pun­to se interrumpen las memorias de Fran­klin, singularísimo fruto del espíritu setecentista; ilustrado, deísta y democrático, nacido en el terreno provincial y colonial que era la América de su tiempo, y empa­pado de un moralismo típicamente protes­tante. Por la construcción y por el estilo, esta biografía recuerda las novelas de aven­turas del XVIII, tales como las de Defoe. La narración descarnada, completamente cronológica, se salpica con anécdotas curio­sas y observaciones penetrantes. Es uno de los documentos más vivos sobre el origen de la gran América. [La primera traduc­ción española, anónima, aparece en Ma­drid, 1798. La segunda en Barcelona, 1843].

E. Craveri Croce