Se trata de un largo monólogo, escrito en primera persona y dividido en dos partes, «El subsuelo» y «A propósito de la nieve sin cuajar». En la primera de ellas el protagonista, dirigiéndose a un hipotético interlocutor, habla de sí mismo, de la educación recibida, de la formación de su carácter, del conjunto de cualidades y defectos definidos por él como «subsuelo», que constituyen su personalidad oculta, velada a todos, que aflora tan sólo después de un detallado análisis. En la segunda parte, el narrador pasa revista de nuevo a alguno de aquellos episodios de su vida donde con más evidencia se le ha manifestado el «subsuelo». La soledad y la melancolía lo empujan a seguir, sin ser invitado ni querido, a algunos compañeros de estudios a una cena. Humillado por el comportamiento de éstos, ultrajado públicamente, venga la ofensa sufrida en Liza, una prostituta a la que encuentra en una casa de tolerancia: le traza un cuadro del destino degradante y espantoso que la espera entre deudas, enfermedades y palos. Al cabo de unos días reaparece Liza con la nostalgia de una vida pura. Pese a ser recibida de forma grosera y violenta, se queda igualmente convencida del sufrimiento profundo del hombre que la maltrata. El la echa, arrojándole para humillarla un billete de cinco rublos. Liza huye, y sólo después de su desaparición descubre el narrador el billete sobre la mesita de noche, testimonio de su mezquindad y de la profunda dignidad de Liza.

