Antología de Spoon River, Edgar Lee Masters

[Anthology of the Spoon River]. Obra poética del norteamericano Edgar Lee Masters (1869- 1944), publicada en 1915. Desde la tumba donde están sepultados, los vecinos de una pequeña ciudad americana del Oeste, revelan los secretos de sus vidas. Son lúcidos relatos, sin el menor artificio, en versos li­bres casi regulares, inspirados por una te­rrible ironía. Las voces no se elevan nunca a un tono mayor; muchas continúan siendo murmullos casi imperceptibles que evocan, que sugieren, más que expresan, una te­rrible tragedia; una después de otra se elevan, tejiendo una lenta polifonía, y evo­cando la vida del pueblo que, bajo la gra­ciosa apariencia del convencionalismo puri­tano, oculta el vicio, la concupiscencia y el delito. El estribillo, el tema principal de este canto, es el sepelio del amor y de la vida bajo la vulgaridad dominante. En la comunidad social cantada por Masters to­do está deformado: el amor se convierte en lujuria, veneno, desesperación, la aspira­ción se amarga y devora, las almas pere­cen, las mujeres matan, los sueños se des­vanecen y resecan. Las hipocresías de las convenciones, la crueldad amedrantada de los oprimidos, y el fetiche del éxito son los culpables que han sepultado a aquellos hombres y aquellas mujeres amantes, cuyas voces surgen ahora finalmente de la tumba: voces que, aun repitiendo el lamento de lo que les ha sido negado, se convierten sin embargo en graves, lejanas, serenas.

Masters que pertenece, con Dreiser y Anderson, al movimiento americano realista y naturalista que se esforzó en curar el dua­lismo calvinista entre el bien y el mal, en­tre la expresión y la experiencia, lanza con inteligencia incorruptible e infalible en esta obra un. terrible acto de acusación contra la estructura y la calidad de la vida moral americana en la época neo-puritana de la máquina, contra los usos estúpidos, las leyes injustas y la hipocresía que acen­túan la natural tragedia de los seres hu­manos, sofocando millares de almas a quie­nes se les cierra toda posibilidad de salva­ción y de vida.

A. Prospero Marchesini