Alcalá de los Zegríes, Ricardo León

Obra del novelista español Ricardo León (1877-1943), publicada en 1909. Se trata de una novela amatoria con algún episodio de caciquismo en un pueblo andaluz. En ella, el autor propone el problema, tan de su gusto, de colocar el corazón y el cuerpo de una mu­jer casada contra el asedio amoroso de un varón, casado o no, al cual o se entrega o sacrifica. Tal el caso de los desdichados protagonistas de Alcalá de los Zegríes. Co­nocemos a un matrimonio feliz, el de Bea­triz y Alfonso, que vive con el padre de él — un anciano caballero que coloca el sen­timiento del honor por encima de todos los demás sentimientos humanos—, y su hijito. Pero una pariente de ellos, Elena, que vive con su padre — pobre señor más allá de la realidad que le rodea —, separada de un marido infame, Julio, se entromete en la tranquila existencia del matrimonio feliz. No por voluntad de ella, ciertamente, sino porque el autor necesita poner a prueba la virtud de los tristes y resignados, de los felices, y hace que Alfonso — el hombre dichoso y bien casado — considere a Ele­na — la mujer malcasada y desventurada — su verdadero amor.

Entregados los dos a su loco amor, aparece, de repente, la esposa: Beatriz, advertida por la murmuración, irrumpe en la casa de Elena (La Casa de la Cautiva, como la leyenda la llama) y sor­prende a los amantes. Separación, disgustos, y el marido que se entrega a la política y triunfa en ella. Muere el padre de Elena, y ésta se dispone a irse con su amante cuando recibe una carta de su esposo, en­fermo, llamándola. Sacrifica su pasión y se dispone a volver con él. Así se lo escribe al amante. Los trenes en que ambos viajan, cada uno hacia un destino, pues Alfonso se encamina hacia su amada para hacerla de­sistir de su resolución, se cruzan en el mis­mo punto ferroviario. Elena ve a Alfonso, y pierde sus fuerzas para huir de él; su vacilación la hace perder el tren en que él va, camino de Alcalá, loco de dolor. Por su tardanza involuntaria, aunque tira sus bue­nos propósitos y corre hacia el amante, llega tarde. Alfonso fue a la casa de la cautiva, comprobó que ya no estaba en ella Elena; fue a su casa, y su padre le echó nuevamente de allí; Beatriz quiso perdonarle, retenerle, y él no pudo deshacerse de la imagen de su amante. Huyó de todos. Huyó de sí mismo. Se dio un tiro y con él entre­gó la vida a la tierra que se negaba a sostenerle. Cuando Elena, tras de él, llega a Al­calá sabe lo que ha ocurrido. Y se enca­mina hacia la casa de Alfonso, para besarle por última vez.

C. Condé