[Au service de la France; neuf années de souvenirs]. Obra del estadista francés Raymond Poincaré (1860-1934), publicada en diez volúmenes entre 1926 y 1933. Varias veces Raymond Poincaré estuvo al servicio de Francia. Primero en 1893, cuando fue ministro de Instrucción Pública; luego, repetidamente como ministro de Hacienda, luego otra vez en Instrucción. En 1912, llegado a presidente del Consejo, asumió la cartera del Exterior; y en 1913 fue elegido presidente de la República, continuando en dicho alto cargo hasta el fin de su septenio, en 1920. Desde 1912 inició estos Recuerdos, que de vez en cuando adoptan forma de diario. El primer volumen («Le lendemain d’Agadir») está dedicado a la situación política europea a raíz del incidente de Agadir, que amenazó con precipitar la tensión franco-alemana por Marruecos. El segundo evoca todos los esfuerzos de Francia para evitar que las guerras balcánicas pusiesen en peligro la paz europea. Los primeros capítulos del tercero están dedicados a su elección como Presidente de la República. El nuevo Presidente de la República pasará a la historia con el apodo »de «Poincaré-la-guerre», que le pusieron sus compatriotas.
Sus recuerdos evocan los cuatro años de la primera gran guerra: su llamamiento a los franceses para «L’union sacrée»; la invasión de Francia, el traslado del gobierno a Burdeos, la guerra en las trincheras; junto a las vicisitudes militares, las dificultades económicas y políticas, las relaciones no siempre cordiales con los aliados, y los obstáculos para conseguir la concordia de la acción y la unidad de mando. La situación de los aliados es agravada por la derrota de Rusia en 1917, que Poincaré llama con razón «l’année trouble», porque fue el año en que los reveses militares y las crisis políticas y morales hicieron en más de un momento parecer próximo el peligro del colapso. La primera parte de 1918 no fue menos angustiosa. Las formidables ofensivas alemanas transportaron una vez más el frente de combate hasta el Marne. En junio alguien vuelve a proponer la necesidad de evacuar París; se opone Poincaré, como se opone el mariscal Foch. Luego viene la contraofensiva aliada con el apoyo de las tropas americanas, el repliegue alemán, y el armisticio victorioso. Las memorias de Poincaré acaban aquí: en lo que fue sin duda el suceso más grande, no sólo para su carrera política sino para la vida de su generación. Y el carácter de esta generación resulta bien definido a través de sus páginas; es la generación de los franceses crecidos tras la derrota de 1870, con una pasión dominante en su corazón: la «revanche». Poincaré pertenece a la clase escogida donde se forman los parlamentarios y ministros de la Tercera República, y también él, subiendo lentamente entre luchas de partido y ocupaciones de política interior, persigue sobre todo una finalidad: reconstruir la potencia francesa, con las conquistas coloniales, con las alianzas y «ententes» diplomáticas, con la expansión económicas y con la propaganda moral, hasta el momento en que pueda conseguir el desquite sobre alemania.
G. Mira

