Abhijnanasakuntala, Kálidása

[El drama de sakuntalá, vuelta a encontrar por medio de la señal de reconocimiento]. Drama hindú en siete actos conocido corrientemente en Europa — por el nombre de la heroína — bajo el título resumido de sakuntalá. Es la obra maestra de Kálidása, el más grande de los poetas clásicos de la India. La edad en que vivió Kálidása es desconocida, como la de casi todos los grandes escritores hindús, a pesar — o más bien a causa — de las numerosas leyendas que se han acumulado en torno a la complicada cuestión. Algunos eruditos han tratado de fijar la fecha en­tre el 350 y el 550; otros lo hacen contem­poráneo del rey Candragupta II (375-413). Tanto ‘los «pandita» indígenas como la crí­tica europea, en los juicios de filólogos, ar­tistas y poetas máximos, unánimemente juz­gan este drama de Kálidása como la mejor piedra preciosa de todo el teatro hindú.

La leyenda de sakuntalá formaba parte del patrimonio poético-narrativo tradicional transmitido por el Mahábhárata (v.) y por los Purána (v.). Pero Kálidása que reco­giera aquella narración anónima, la trans­formó bajo la huella de su genio poético y puso en deslumbrante evidencia su fuerte y original personalidad artística componien­do un drama inmortal. Su contenido es el siguiente: el rey Dusyanta, hallándose en una cacería, cerca de la ermita de Kanva, se encuentra con sakuntalá, hija adoptiva de dicho asceta y en realidad descendiente del gran sabio Visvámitra y de la ninfa Menaká. Dusyanta, presa de ardiente pa­sión por áakuntalá, se casa con ella según el rito gándharva, esto es, con consenti­miento exclusivo y mutuo. En el momento de marchar hacia la ciudad le deja su ani­llo como prenda de amor. Llena del pensa­miento de Dusyanta, sakuntalá olvida ren­dir los debidos honores al asceta Durvásas, quien le predice que será olvidada por quien está grabado en el corazón de ella; más tarde atenúa la funesta predicción, anunciando que, a la vista del anillo, Dus­yanta recobrará la memoria de los pasados sucesos. El asceta Kanva considera conve­niente que sakuntalá se presente a su es­poso; y sakuntalá se aleja del lugar donde ha crecido, y su adiós a la selva, a los se­res y a los objetos queridos es una escena vibrante de sentimiento. Dusyanta no re­conoce a sakuntalá y cuando ésta quiere mostrar el anillo, advierte que lo ha per­dido.

La infeliz abandonada se ve trans­portada, por la divina madre Menaká, a una selva donde muy pronto da a luz a Bharata. Pero un pescador ha encontrado en un gran pez el famoso anillo y lo envía a Dusyanta, quien súbitamente lo recuerda todo y se ve invadido por el remordimien­to. Finalmente encuentra el modo de hallar a sakuntalá y unirse felizmente con ella después de haber reconocido a su hijo Bharata. sakuntalá fue una de las prime­ras obras de la literatura sánscrita cono­cida en Europa (1789, en la traducción in­glesa de William Jones, traducida al ale­mán por Georg Forster y leída en esta for­ma por Herder y Goethe, quien manifiesta su admiración en los notables dísticos: «¿De la primavera quieres las flores y del otoño los frutos; quieres lo que agrada y encanta, lo que nutre y sacia; quieres ex­presar cielo y tierra con un solo nombre? Yo digo sakuntalá y está todo dicho»). Es fácil imaginar el efecto que tal obra poé­tica había de producir en aquel tiempo de triunfante romanticismo, de adoración de la naturaleza y de atención a cualquier voz que viniese del misterioso Oriente: Goethe extrajo del prólogo de sakuntalá la inspi­ración para el prólogo en el teatro, de su Fausto (v.); Schiller fue un ferviente ad­mirador de esta obra. Pero las tentativas de transportar a nuestra escena pensamien­tos y motivos tan remotos de nuestras con­cepciones habituales no estaban destinadas al éxito, que en efecto no premió las adap­taciones alemanas, inglesas y francesas así como tampoco al drama musical del ita­liano Alfano que no sigue la trama de la narración hindú. [Trad. anónima (Madrid, sin año)].

P. E. Pavolini

*        También el repertorio musical cuenta con diversas obras sobre este asunto. Re­cordemos el «ballet» El anillo de Sakuntala [L’anneau de Sakuntala] de Théophile Gautier (1811-1872) con música de Louis- Étienne Reyer (1823-1909), estrenado en París en 1858; el «singspiel» Sakuntala de Franz Schubert (1798-1828), 1820, inacaba­do; la escena Sakuntala para voces, coro y orquesta de Ludwig Philipp Scharwenka (1847-1917), Berlín, 1885; La leggenda di Sakuntala de Franco Alfano (n. 1876), Bo­lonia, 1921; el «ballet» Sakuntala de Siegmund Bachrich (1841-1913); la obertura ho­mónima de Karl Goldmark (1830-1915) es­trenada en 1865; la ópera de Karl Perfall (1824-1907); la «leyenda» de Albert Bertelin (1872); las músicas escénicas de Pierre Bréville (1861); el poema de Herbert Foulds (1880) op. 64; la ópera (1905) de Balduin Zimmermann (1867); el poema sinfónico de Heinrich von Káan-Albést (1852-1926) y la ópera Sakuntala de Félix Weingartner (1863-1942) representada en Weimar en 1884.