A la Muerte de Carlos Imbonati, Alessandro Manzoni

[In morte di Carlo Imbonati]. Poema de Alessandro Manzoni (1785-1873), publicado en París en 1806. Consta de 242 endecasíla­bos blancos, y fue escrito a la muerte del conde Carlo Imbonati (1805), con el cual convivía la madre del poeta, Giulia Beccaria y con quien Manzoni también estuvo ligado con devoto afecto. Después de una breve introducción, en la que se arremete contra el «fétido fango» del «sucio siglo» y se enu­meran las grandes virtudes que Imbonati aprendió de su madre, el poeta canta cómo una noche se le apareció el propio Imbonati, y le declaró que, si el destino no le había concedido poder ser guía del joven poeta, a lo menos quería consolarle una vez con su presencia. En un cambio de palabras intensamente afectuosas Imbonati habla de su profundo y casto amor por Giulia. Toda esta parte del canto se propone ser una vivaz defensa de la convivencia de su madre y de Imbonati, objeto de críticas chismosas, sobre todo en el ambiente milanés. El diálogo sigue después con una serie de ásperas invectivas contra la degeneración de la sociedad contemporánea, y por parte del joven poeta contra la educación religio­sa recibida siendo niño («sucio corral de mercenario rebaño»… «la insípida bazofia»… «aparté el rostro de la hedionda mesa»…) palabras que Manzoni en una carta del 1847 al rector del colegio de Lugano, donde había sido educado llamará «irreflexivas y arrogantes».

La última parte del diálogo es una defensa de Imbonati, contra la acu­sación de no haber apreciado la poesía. Antes de morir Imbonati resume lapidaria­mente los preceptos morales a que deberá atenerse el joven Manzoni: no desviar nunca los ojos de la propia meta, conservar pura la mano y la mente, despreciar a los viles, no hacer nunca traición a la sagrada ver­dad, y honrar siempre la virtud. Es carac­terística de este canto el contenido indig­nadamente moralizante y ásperamente jaco­bino, por el cual Manzoni lo incluyó más tarde entre sus «delicta iuventutis» negándose a admitirlo en el número de las obras por él reconocidas oficialmente. Más que obra de arte este canto es una promesa de arte, vivazmente juvenil; pero resultan simpáticos su tono animoso, y la auténtica sinceridad de los sentimientos morales que no es, en substancia, a pesar del posterior repudio de su autor, inconciliable con la severa y sosegada esencia moral del mundo poético y espiritual de Manzoni.

D. Mattalía

Poesía de un joven ingenio nacido para las letras y encendido de amor propio. (Foscolo)

Especie de diálogo entre un muerto y uno que duerme, o imitación del segundo capítulo del «Triunfo de la Muerte» del Petrarca, con variaciones de estremecimien­tos e indignaciones alfierianas, y de modalidades parinianas. (Carducci)

Alma juvenil, ya llena de un mundo mo­ral, cuyos nobles acentos se oyen sonar en los versos «In morte di Cario Imbonati». (De Sanctis)