Desde la época de Erasmo de Rotterdam (siglo XVI) se conoce con el nombre de «Ambrosiáster» un comentario anónimo sobre las epístolas de San Pablo, incluido hasta entonces, ya desde el siglo VI, en las obras de San Ambrosio. Erasmo lo bautizó con este mote peyorativo («Ambrosiáster» = «falso Ambrosio») para poner de relieve cuán abusiva le parecía, y con razón, la atribución tradicional. El comentario (edición en el vol. III de las obras de San Ambrosio a cargo de Ballerini, Milán, 1878), fue escrito en Roma según se desprende de un examen interno, poco después del reinado de Juliano el Apóstata, durante el pontificado del papa Dámaso (366-394). La crítica moderna ha propuesto varias hipótesis para identificar al autor (Hilario el Luciferiano, Ticonio el Donatista, Faustino, Decimio Hilario Hilariano, Evagrio Póntico), pero entre todas parece aún la más aceptable la primera formulada por G. Morin, que identifica el autor con un judío romano llamado Isaac, convertido al Cristianismo, partidario de Ursino en su lucha contra Dámaso, y que, desterrado por este motivo por Graciano, volvió al judaismo. El comentario, publicado por el autor en tres sucesivas y distintas ediciones, comprende todas las epístolas de San Pablo, a excepción de la dirigida a los Hebreos. El texto bíblico adoptado es casi siempre el anterior a la Vulgata de San Jerónimo. El autor rehúye — distinguiéndose en esto de la general tendencia — todo intento de interpretación alegórica, pero revela mentalidad positiva, histórica y jurídica; el problema de la salvación cristiana está todavía planteado por él en términos de teodicea (doctrina trinitaria): y en ésta se revela perfectamente ortodoxo. Pero la importancia, verdaderamente notable, del comentario en la historia de la teología occidental (por lo demás atestiguada por la rica tradición manuscrita) radica en el hecho de que el autor, especialmente en el comentario sobre la Epístola a los Romanos, se anticipa de modo evidente a San Agustín. Ernesto Buonaiuti ha podido, incluso, afirmar que la génesis de la doctrina agustiniana sobre el pecado original se halla precisamente en ciertas afirmaciones del Ambrosiáster, cuyo comentario sobre San Pablo habría sido leído por San Agustín por el año 396 ó 397. Al mismo autor del comentario deben atribuirse también algunas Quaestiones Veteris et Novi Testamenti (atribuidas antiguamente a San Agustín), un Comentario al Evangelio de San Mateo y la Mosaicarum et romanarum legum collatio (ed. Hyamson, Oxford, 1913).
M. Niccou

