Akira Yoshimura

Berta Lucía Estrada Estrada
Escritora y crítica literaria
Akira Yoshimura (1927-2006), ganador de múltiples premios y autor de una obra prolífica, pero poco conocido en Colombia; tal pareciera que estuviésemos condenados a navegar por un pequeño mar de conocimiento, ignorando los inmensos océanos que existen. Acabo de leer uno de los libros del autor en cuestión “Libertad bajo palabra”, llevado al cine por Shohei Imamura, con el título de “La anguila” (Premio a la Mejor Película Extranjera en el Festival de Cannes – 1998). Yoshimura fue Director de la Asociación Japonesa de Escritores y del Museo de Literatura Japonesa Moderna, entre otros cargos de importancia cultural.
“Libertad bajo palabra” (Emecé Editores-2002), es la historia de un hombre condenado a prisión por el asesinato de su esposa. La obra se desarrolla cuando sale libre bajo palabra y decide trabajar como obrero en la construcción de una represa. Hasta ahí la historia pareciera banal, sino fuera porque los trabajos a desarrollar tienen lugar en un valle prácticamente inaccesible rodeado de montañas y espesos bosques. En dicho lugar vive una comunidad de 300 personas que no tiene contacto con el mundo externo y que ha estado allí por generaciones. El libro narra el choque entre la comunidad y los empleados de la compañía encargada de los trabajos y de los empleados estatales, que buscan indemnizar a la población al menor costo posible, sin tener en cuenta, además, lo que podría sucederle después. Es decir, sin llevar a cabo estudios sociológicos que permitan una mejor comprensión de la comunidad y por lo tanto que permitan asegurarle un mejor futuro.
La obra es una pequeña tragedia al mejor de los estilos griegos, contada con un lenguaje simple. El destino del narrador, al cual él no puede ni quiere escapar, se entrelaza con el drama que llega como un huracán devastador a ese valle otrora paradisiaco. Los acontecimientos, que van desde la violación, pasando por el suicidio y el asesinato, son contados con un lenguaje de una poesía sutil, delicada, refinada. El lector observa los acontecimientos detrás de la bruma, a través de la cual ve desfilar el pasado del protagonista y el presente del que es testigo obligado. Esta pequeña obra de arte (173 páginas), nos pone delante de la condición humana y toda la miseria que ella conlleva. Es un libro que invita a la reflexión sobre nuestra propia historia y el drama de los más de tres millones de desplazados por los paramilitares, las FARC, y porque no decirlo por el ejército; en esta guerra fratricida a la que los colombianos asistimos de espaldas, ignorando la tragedia que tiene lugar en el patio de nuestras casas. Pero también me hizo pensar en los pueblos desaparecidos bajo las aguas, bien sea intencionalmente, como es el caso de las represas, o en los pueblos borrados del mapa por el invierno que acabamos de vivir.
Akira Yoshimura murió en la primavera de 2006,él mismo decidió el momento de su deceso; ya que estaba aquejado de un cáncer terminal y prefirió una muerte digna al insoportable tratamiento médico que a veces se realiza con el único fin de alargar más la vida, ya de por si dolorosa, de un paciente condenado irremediablemente a la muerte. Lo hizo en su casa, acompañado de su esposa, Setsuko Tsumura, también escritora. A su hija, y cuidadora, le había anunciado horas antes que partiría para siempre. No obstante, tuvo la fuerza suficiente para trabajar en una novela hasta el último momento. Una hermosa forma de morir.

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Le Clézio

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El Africano de Le Clézio

Berta Lucía Estrada

Escritora y crítica literaria
El Africano (2003) es una obra escrita para tratar de comprender a un padre poco amado y más temido que respetado. Le Clézio nos cuenta como su vida cambia radicalmente cuando en los años de la postguerra debe abandonar Niza y el apartamento burgués de sus abuelos, para ir junto con su madre y hermano al encuentro de su padre médico a quien no conoce y quien vive desde varios años en África donde se desempeña como médico.
En África conoce la penuria y el rigor, pero también conoce la sensación de libertad que emana de las vastas praderas y de los paisajes que se pierden en el horizonte, conoce el mundo de la desmesura, los violentos aguaceros, los ríos infinitos, los animales salvajes y los mosquitos que impiden dormir. Conoce su propio cuerpo y aprende a identificarse con esa naturaleza inhóspita que acoge y rechaza al mismo tiempo a quien osa internarse en sus secretos. Aprende a amar y a respetar las culturas y creencias diferentes a la suya. Encuentra un mundo que lo marcará para siempre formando el Le Clézio que todos conocemos, un hombre defensor de la otredad, el etnólogo que sabe poner en su justo lugar la forma de pensar que no corresponde a la racionalidad occidental. Es precisamente esta característica lo que lo lleva a indagar sobre la figura paterna. Trata de entender a ese hombre que le ha dado la vida, pero con el que no se siente identificado. Entiende que la soledad y las inclemencias del tiempo, al igual que la precariedad económica, han hecho de él una persona irascible, violenta y fría. Entiende que su padre se funde con el paisaje agreste, y que al hacerlo se transforma en una persona huraña y hostil. El libro es ante todo una forma de reconciliación con la imagen paterna. Le Clézio, en este caso el hijo, trata de entender a un hombre al que llama padre pero que en realidad es un perfecto desconocido. Es una forma hermosa de reconciliación, tanto con su padre como consigo mismo. El padre es un antihéroe o héroe a la inversa y el hijo hurga en el pasado para tratar de entenderlo. Es entonces cuando descubre su inmensa soledad y desarraigo, como si siempre hubiera sido un eterno exiliado, un exiliado en sí mismo, un apátrida, alguien que vive en un cuerpo ajeno y en un país extraño. Y tratar de vivir en el cuerpo de otro debe de ser la peor de las pesadillas. El descubrimiento de una soledad sin límites le permite conocer también el dolor y la angustia que caracterizó su existencia. Al llegar a este punto entendemos que el libro El africano, es una obra de hondo contenido metafísico. Y es que a su padre hay que entenderlo como un hombre roto, destruido por el sistema, por la soledad y por las adversidades que le tocó enfrentar. Es un libro de la incomunicación humana. Es el libro del abandono, del rechazo más absoluto y visceral que pueda concebirse hacia y desde un ser humano. En últimas es un canto a la vida y a las relaciones filiales tan complejas y disimiles, ya que si bien nos muestra el retrato de un padre que es la antítesis de la ternura y que nunca demostró a sus hijos que los amaba, le Clézio si nos relata el amor de sus padres antes de su llegada al mundo y nos deja entrever que él es el resultado de un gran amor y compenetración de pareja.
El Africano es también una denuncia del colonialismo inglés y francés, de la desidia del sistema colonial y de la explotación que lo caracterizó. Es una denuncia del orgullo y de la prepotencia occidental y del avasallamiento que dicho sistema causó en África. Es una denuncia de las grandes desigualdades económicas y sociales que engendró.
El libro posee un hermoso lenguaje, poético y sensible; es una evocación de la niñez perdida y de un mundo que nunca más volverá. Es una búsqueda de los orígenes y de la razón de ser y porque no del reencuentro consigo mismo. Es un libro subjetivo, y aunque autobiográfico, no deja de ser una hermosa nouvelle y porque no, una especie de diario íntimo, puesto que Le Clézio publica en él algunas fotos tomadas por su padre con una vieja Leica. Al final de la obra el lector tiene la sensación que la reconciliación del hijo con su padre es un hecho y que por primera vez el hijo siente que aunque su padre ya no esté vivo, su amor por él es auténtico y definitivo. El Africano es una enorme lección de vida y de comprensión humana y su lectura me hizo pensar todo el tiempo en El olvido que seremos (2006) de Héctor Abad Faciolince, o la Reina del Silencio de Marie Nimier; y cuando  hace pocos días leí  Personne (Nadie-Premio Femina 2009) de Gwenaëlle Aubry, nuevamente pensé en este libro de Le Clézio.

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Testimonios de mujeres

Berta Lucía Estrada Estrada

Escritora y crítica literaria

En mayo 2011 la prensa nos sorprendía sobre el caso de un importante política francés, Dominique Strauss-Khann, antiguo Presidente del FMI, dando a conocer un caso aberrante que el señor en cuestión habría supuestamente cometido. Hablo de violación y agresión a una mucama de origen africano en una elegante suite de un hotel neoyorkino. Esto es una muestra, entre miles y millones, del permanente acoso y maltrato en una sociedad patriarcal y machista como lo son todas, aunque en grados diferentes. Por lo que me recuerda otro dato de la prensa francesa, en diciembre de 2005, que relataba como un padre de origen marroquí mantenía encerradas a sus cuatro hijas, todas en edad escolar, en un pequeño apartamento de uno de los tantos inmuebles que son administrados por las alcaldías de cada ciudad francesa. Sus hijas estaban entre los cuatro y los 14 años, ninguna sabía hablar francés, ni mucho menos leer ni escribir. Sólo hablaban árabe y cuando salían al parqueadero del edificio, único lugar de esparcimiento, lo hacían en compañía de alguien. Su padre, un desempleado, aducía que el aislamiento que había impuesto a sus hijas era en nombre del Islam, pero los estudiosos no ortodoxos del Corán niegan dicho postulado. Este hombre cobraba cada mes el subsidio familiar, 300 € por cada una de sus hijas, 1200 € en total. Cualquiera podría decir que se trata de un caso aislado, pero la verdad es que en Francia no se ha logrado la integración de los inmigrantes que han llegado a este país en los últimos 40 años, como no ha pasado tampoco en ningún otro país europeo; la prueba podrían ser los partidos políticos de extrema derecha que no hacen sino aumentar su caudal de influencia. Los acontecimientos de Evry, acaecidos en noviembre de 2005, y los de otras localidades, así lo constatan. En esta historia de desarraigo, de exilio y de choque cultural, quien sale peor librada es la mujer; varias mujeres han logrado romper el silencio y han escrito sus testimonios, he aquí algunos de ellos:
“Mariée de force” (Casada a la fuerza)*:

En el 2005 se publicó el libro «Casada a la fuerza», (Mariée de Force), una francesa de origen marroquí, educada bajo los preceptos más estrictos de la tradición musulmana, firmó su libro con el seudónimo de ‘Leila’. Reconocer el libro con su verdadero nombre hubiese significado la muerte a manos de personas allegadas o de cualquier vecino a quien le hubiese incomodado el libro. Y por supuesto que es un libro que incomoda. En una sociedad como la nuestra, en la Colombia del siglo XXI , y a pesar de todas las desigualdades económicas, sociales, laborales y de género, pensar en un matrimonio «arreglado», y lo que es peor «a la fuerza», es inconcebible. Cualquiera diría que fue una práctica de la aristocracia y burguesía europea, desde el Medioevo hasta el siglo XIX, incluso hasta la primera guerra mundial, pero que hoy no se lleva a cabo. Lo cual no es verdad, es una práctica bastante común, y en muchos países es aceptada plenamente por los jóvenes en edad de casarse; así lo corroboró una encuesta realizada en la India a finales del 2005, donde más del 70% de los jóvenes están de acuerdo con esta práctica; y más aún, están de acuerdo con el hecho de no contraer nupcias con alguien que no pertenezca a la misma casta. No quiero entrar a debatir si dicha costumbre hay que respetarla por el hecho de ser una práctica milenaria y que cada pueblo tiene el derecho a preservar su identidad cultural. Lo que me interesa, es denunciar como millones de mujeres son casadas diariamente sin su consentimiento, algunas a edades tan tempranas que ni siquiera la menarquía les ha llegado.

“Mariée de Force” es narrado en primera persona. Leila cuenta su vida en el seno de una familia conservadora e instalada desde hace 30 años en uno de los suburbios parisinos. Como muchas otras familias musulmanas, sus padres aceptaron escolarizarla, pero dentro del hogar su rol era de una esclava. Esclava del padre y de sus 11 hermanos, esclava de la madre, que descargaba en ella la mayoría de los trabajos domésticos. Sometida a una violencia sin límites, tanto física como mentalmente. Y es que las mujeres que han logrado romper el silencio, como ha sido el caso de las musulmanas Mukhtar Mai o de Souad, o de la hindú Bama, y a quienes me referiré más adelante, no dejan de hacer énfasis en la difícil situación que enfrentan millones de nuestras congéneres donde nacer mujer es la peor de las pesadillas que pueda enfrentar un ser humano. El caso de Leila no difiere mucho, así hable, escriba y lea francés. En su hogar es la ley del patriarca la que impera, y la de los hermanos por supuesto. Cuando el padre lo considera pertinente simplemente le comunica a la hija que tal día y a tal hora deberá contraer matrimonio con el hombre que él le ha escogido. De nada vale decir no, ni llorar ni gritar. Si el padre lo ha decidido así se hará.

En Francia, dentro de la comunidad musulmana, se llevarían a cabo cada año alrededor de 50 mil matrimonios a la fuerza. Muchos de estos hombres que terminan casándose con mujeres musulmanas, pero francesas para el Estado francés, vienen del Maghreb, o de otros países musulmanes, por lo que generalmente sólo buscan regularizar sus papeles y beneficiarse de las ventajas que otorga la seguridad social francesa. La mayoría son cruelmente maltratadas e incluso abandonadas, después de haberlas despojado de todas sus pertenencias. El abandono se conoce con el nombre de «repudio», lo que significa el deshonor y la vergüenza tanto para la víctima, como para su familia. Las mujeres aceptan casarse porque saben que de no hacerlo, son sus vidas las que corren peligro. Los musulmanes lo llaman «Crimen de honor», y este tiene un sinnúmero de variantes: la mujer puede ser quemada viva, rociada con ácido, estrangulada, degollada, lapidada. En otras palabras las mujeres que se opongan a la voluntad masculina están expuestas a las mayores perversidades que la mente humana pueda imaginar. Leila describe esta situación de la manera más desgarradora que una mujer pueda expresar sobre su propia condición de mujer:
“… el cuerpo de la mujer musulmana representa un pecado desde el momento mismo de su nacimiento. Para un padre, una hija es sinónimo de sirvienta de la casa, la alcoba es su prisión y su virginidad es el regalo más preciado que él dará al hombre que escogerá como su marido. Yo luché con todas mis fuerzas contra el matrimonio que se me imponía a la fuerza, no obstante me casaron”. Ante un relato semejante cualquier comentario queda por fuera de lugar.

El caso de Souad:

“Brûlée vive” (Quemada viva), es el testimonio de Souad, una de las pocas sobrevivientes a esta tradición que cobra cientos de vidas en diferentes lugares del mundo. El caso de Souad no difiere mucho de la historia de miles de mujeres musulmanas. Su familia se da cuenta que está embarazada, el padre del niño huye, y ella es condenada por sus padres a ser quemada viva. El elegido para «lavar el honor» es su cuñado. Pero también podría haber sido el padre o el hermano, e incluso la madre. Souad cuenta como vio a su madre ahogar a un bebé con la almohada inmediatamente después del parto, cuando se dio cuenta que era una niña. Pero también cuenta como su hermana adolescente fue estrangulada con la cuerda del teléfono por su propio hermano. ¿Cuál habría sido su crimen? ¿Hablar por teléfono? ¿O tal vez mirar a un hombre a los ojos o hablar con un desconocido?

Souad es una campesina cisjordana, que pudo sobrevivir gracias a la ayuda de SURGIR, una ONG suiza que se dedica a investigar este tipo de crímenes. El 80% de su cuerpo guarda las señas de la gasolina ardiendo. En Pakistán y en Yemen son cientos las mujeres que son desfiguradas cada año por sus maridos. La práctica más utilizada es el ácido que les quema la piel hasta dejarlas convertidas en monstruos. Lo peor es que ni las autoridades ni el gobierno ni los médicos hacen nada para protegerlas. No suelen interferir en lo que consideran «decisiones familiares». Pero no solamente son quemadas en sus países de origen. En noviembre de 2005, en los suburbios de París, una mujer de 18 años de origen marroquí, fue rociada con gasolina por un pretendiente pakistanés que había sido rechazado por su familia. Ella se encuentra desde entonces en coma profundo y de él se desconoce su paradero. En Irán el 3 de noviembre de 2004 un joven universitario iraní le arrojó ácido en la cara a una compañera que no había aceptado casarse con él. La joven quedó ciega, y él aspirante a “pretendiente” fue finalmente condenado por la ley iraní (27.11.08). El veredicto dicta que debe aplicársele la “ghesas” o Ley del Talión: Recibirá 20 gotas de ácido en sus ojos, lo que significa que quedará ciego como la adolescente a la que le destruyó la vida.

Pakistán:
Otro de los libros que nos ocupa es “Deshonorée” (Deshonrada) de Mukhtar Mai, es un testimonio no menos doloroso. Esta valerosa mujer, aún siendo analfabeta, se enfrentó al status-quo de su país natal: Pakistán. Logró llevar tras las rejas a los hombres que decidieron violarla para “lavar” la supuesta falta que habría cometido su hermano de 12 años: haber mirado a una mujer de 20 años a la cara, con el agravante que ella era de una casta superior, los Mastoi. El niño fue primero raptado, luego torturado y sodomizado por varios hombres. Pero ese era sólo el comienzo de la pesadilla. En Pakistán, al igual que en las comunidades campesinas de la India, cualquier ofensa que haga un hombre, la que paga es la mujer, bien sea su esposa, sus hijas o su madre. La mayoría de las veces se paga con la violación a una de ellas por parte del supuesto ofendido.
Mukhtar Mai es llamada por el Consejo tribal, inicialmente para pedir perdón por el «delito» de su hermano. El Consejo se hace en público donde todos los lugareños son espectadores. El Consejo la condena a ser violada por cuatro hombres, y por primera vez la orden es ratificada por el jefe de la tribu. Como ella misma lo dice, muchas mujeres en su caso se habrían suicidado. Ella misma lo considera seriamente por espacio de varios días, pero logra sobreponerse a la rabia y a la humillación, y entabla un proceso jurídico que la ha convertido en un icono de los derechos humanos en Pakistán. En el 2005 fue declarada Mujer del Año en los Estados Unidos.
En vez de derrumbarse, Mukhtar Mai decidió fundar la primera escuela del pueblo donde siempre ha vivido con su familia. Ella misma dice que es la educación la que permitirá a las nuevas generaciones combatir las prácticas que hasta ahora han envilecido a millones y millones de mujeres. Dice, además: «A veces tanta responsabilidad me ahoga. A veces la cólera me quita el aliento. Sin embargo, no desespero nunca. Mi vida tiene un sentido. Mi desgracia se ha convertido en una herramienta útil para mi comunidad». En el 2006 su escuela contaba con 150 niños y 200 niñas. Para los niños, el gobierno pakistaní le ha asignado un profesor, para las niñas son las ayudas de ONG’s internacionales y del gobierno canadiense las que permiten el pago de los salarios de cuatro profesoras. Las ganancias generadas por la venta de su libro han sido invertidas en su escuela.
También pasa en la India:

Bama, una mujer hindú perteneciente a la casta de Los Intocables o Parias y quien habla solamente la lengua tamul, publicó “Sangati”. En la actualidad se desempeña como profesora en la comunidad campesina a la que pertenece. Su libro es una serie de anécdotas que se siguen las unas a las otras, cada una más cruda que la anterior, por lo que su relato va in crescendo hasta convertirse en un grito desgarrador. Bama relata la difícil situación de un sistema social regido por las castas, pero ante todo le interesa denunciar la dolorosa e intolerable condición de ser mujer, en un país donde sus vidas no valen prácticamente nada, tal y como ella misma lo describe:
«Nosotros conocemos (en la India) todas las informaciones que hablan sobre la condición de la mujer y los derechos que ellas les han arrancado a nuestra sociedad patriarcal. No obstante todo aquello que concierne a la condición de las mujeres dalit [1] es ignorado, no solamente por los hombres, sino también por las mujeres que han caído en la trampa mortal del sistema social de castas. Las informaciones que les conciernen, son dejadas a un lado, disimuladas, enterradas, por lo que terminan en el olvido. A veces, escuchamos los gritos de dolor de esas mujeres para luego borrarlos de nuestra memoria».

Desde el punto de vista literario las obras anteriormente citadas no tienen una gran importancia, pero si lo tienen desde el punto de vista de testimonio, de documento, de denuncia social, de denuncia de género y de denuncia de sociedades que continúan ancladas en prácticas milenarias basadas en el oprobio a la mujer.

No obstante un caso muy diferente es el de la autora hindú, Chitra Banerjee Divakaruni, quien actualmente vive en Estados Unidos, donde se desempeña como profesora de literatura en la Universidad de Houston. Esta autora ha hecho una gran carrera en el mundo de las letras, siendo ampliamente reconocida por su poesía y por sus novelas. “La Hiedra del Deseo” cuenta la vida de una mujer que se ve obligada a huir del domicilio conyugal, para poder salvar a la hija que acaba de nacer. Y es que en la India, cada año miles de niñas son asesinadas o abandonadas en las puertas de los hospitales o de los templos, por sus propios padres que solo quieren un hijo varón o por sus madres que no desean para ellas la vida que a su vez les ha tocado vivir. En China, por ejemplo, el aborto podía hacerse en el quinto mes de embarazo, cuando la ecografía confirmaba que el bebé por venir era un feto femenino. Esta práctica sólo fue prohibida a mediados de la década de los 90.

Sin embargo el caso de Mukhtar Mai, aunque extremadamente doloroso, no difiere mucho de lo que numerosas mujeres en Colombia podrían contar en cuanto al escarnio que sufren a diario en manos de sus parejas, de sus padres o hermanos, o de los jefes, incluso de los políticos que las acosan sexualmente o que las humillan e insultan cuando nadie los ve. Y es que la cobardía es una de las armas más importantes con que cuenta el machismo. Cuando un hombre insulta, agrede, viola… es su forma de perpetuarse en el poder y de hacer sentir que él es superior. Pero, ¿Superior a quién?

 [1] Dalit significa aplastada, e inicialmente se utilizó como una palabra de denuncia política, militante; hoy en día es el término con el que se denomina a los intocables.

*Bibliografía:
Mariée de Forcé (Oh! Editions. J’ai lu. 2004).

Brulée vive. Ediciones Pocket, 2.004.

Deshonoré de Mukhtar Mai (Oh! Editions. 2005).

La Hiedra del Deseo colocar las otras obras de esta autora
Sangati de Bama (Editions de l’Aube. 2005).


 

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El cuaderno veintiuno

De la mano de Chiado Editorial, la mayor editorial portuguesa de autores contemporáneos, llegó al mercado español (octubre 2010) la novela EL CUADERNO VEINTIUNO del escritor extremeño Carlos de Tomás. Según fuentes de la editorial, ésta pondrá en el mercado una segunda edición ante la buena acogida que está teniendo la novela.
Sinopsis:
«Zenón Torrecilla, un anticuario de Madrid, se ve desbordado por un cúmulo de acontecimientos que le abocarán a un final insólito. Todo se desencadena después de comprar una caja de plata en el mercado de antigüedades de Aveiro. La acción transcurre en España y Portugal. La intriga aflora entre los recuerdos como si fuera un juego, aunque el protagonista no sabe que está lanzando los dados para iniciar una partida. La novela contiene una gran carga simbólica dispersa entre la radiografía de la soledad y un intento de desvelar la imagen de una sociedad decadente. Como alguien señaló “el fracaso de la búsqueda de la identidad propia es el reflejo del fracaso de toda una sociedad en la tarea de descubrir su imagen verdadera”.
Carlos de Tomás nos ofrece una historia que atrapará nuestra curiosidad desde el principio, quedando inmersos en los avatares del protagonista, como señala la portada del libro: una caja misteriosa, un cuaderno inacabado, una historia llena de intrigas y desamores».
El protagonista se devana entre los recuerdos de una vida y un amor del pasado en El Gran Chaco Argentino y las incertidumbres que le depara el futuro en España. Futuro incierto, máxime cuando lo que busca fundamentalmente es un retiro dorado y encuentra sujetos inquietantes que lo único que hacen es ponerle zancadillas.
El protagonista, todo lo anota con meticulosidad en unos cuadernos donde mezcla sus pensamientos con los detalles e inventarios de su negocio, lo que permite conocer en profundidad a Zenón Torrecilla.
Se ha dicho de esta novela que tiene varias lecturas, que está cargada de simbolismo mistérico, pero sobre todo y a pesar del suspense y el misterio que guardan sus páginas hasta el final, que se trata de una obra profundamente existencialista, retomando las maneras de los escritores centroeuropeos de principios del XX.
El CUADERNO VEINTIUNO es una novela cargada de amenidad, la cual se puede leer deprisa como si fuera una novela policiaca o de misterio, pero también soporta una lectura más pausada que nos hace disfrutar de los matices y abundantes descripciones que de otra forma pasarían de soslayo. (Eladio Martín, mayo 2011)

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Ángeles Caso: Contra el viento

El 2009 será recordado en la historia de los premios literarios como el año de las escritoras. Y es que los principales premios, comenzando por el Nobel, fueron ganados en franca lid con sus homólogos masculinos, por mujeres de gran trayectoria literaria. Me refiero a la alemana Herta Müller (1953), Premio Nobel de Literatura 2009, a la senegalesa Marie NDiaye (1967), Premio Goncourt, la canadiense Alice Munro (1931), Premio Man Booker International, la estadounidense Elizabeth Strout (1956), Premio Pulitzer de Ficción, la inglesa Hillary Mantel (1952), Man Booker Prize, la mexicana Cristina Rivera Garza (1964), Premio Sor Juana Inés de la Cruz, obteniéndolo por segunda vez, la colombiana Ángela Becerra (1957), Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casa de las Américas y la española Ángeles Caso (1959), Premio Planeta. Y aunque todas estas mujeres tienen en común el oficio de la escritura y su pasión por la ficción, sólo me referiré en este artículo a la ganadora del Premio Planeta.
Ángeles Caso, si bien es desconocida en Colombia, e imagino que en América Latina, en España su nombre es reconocido y algunas de sus obras han sido premiadas con anterioridad. Me refiero a “Un largo silencio” (2000), con la que obtuvo el V Premio Fernando Lara de Novela y “Peso de las sombras”, finalista del Premio Planeta 1994. Ha publicado varios libros, entre los que se cuentan varias biografías, habiendo sido incluso la única española en haber escrito la vida del compositor Giusseppi Verdi; ha incursionado también en el género del ensayo.
Ángeles Caso es hija de un eminente profesor universitario, filólogo y especialista en el siglo XVIII, incluso fue rector de la Universidad de Oviedo. La pasión por el estudio de las lenguas la transmitió a su hija, ya que ella estudió francés, inglés, italiano y portugués, por lo que se ha desempeñado como traductora. También ejerció el periodismo, pero finalmente lo abandonó para dedicarse en exclusividad a la literatura.
“Contra el viento”, ganadora del Premio Planeta 2009, es la historia de Zao, una valiente mujer nacida en Cabo Verde. Pero al mismo tiempo aparecen otras mujeres con sus vidas y sus dramas. La obra es, ante todo, la historia de las redes secretas e invisibles que suelen tejer las mujeres en la lucha contra la adversidad y el infortunio. Los hombres que aparecen a lo largo del relato son déspotas, machistas, violentos y egoístas. Sin embargo, en la narración aparecen tres hombres llenos de ternura y de respeto por tres de las mujeres que pueblan la ficción de Caso. Una hermosa forma de reconciliarse con el género masculino y de mostrarnos que los hombres también pueden ser solidarios y amarnos sin límites.
El libro de Ángeles Caso es una denuncia social, política y económica; ya que “Contra el viento” nos muestra la vida de las mujeres africanas que deben dejar todo, padres, hijos, hermanos, a veces sus propios maridos, amigas, para ir a trabajar en condiciones de inmensa precariedad a Europa, en este caso preciso a Portugal y España. Pero también podría ser el caso de muchas colombianas o ecuatorianas o bolivianas, por no seguir enumerando todo el continente latinoamericano. En otras palabras, es la historia de la migración sur-norte, basada en la búsqueda de un mundo mejor, más equitativo; pero donde la realidad es muy diferente a la imaginada. En vez de igualdad, se encuentra un racismo oscuro, soterrado y ancorado en lo más profundo de muchos hombres y mujeres que no han entendido que en la diversidad radica la riqueza de la especie humana. La migración conlleva, en la mayoría de los casos, al renunciamiento a un pasado personal, lleno de raíces y de identidad cultural y a veces lingüística. Cuando eso sucede la persona que emigra se convierte en un exiliado en sí mismo, lo que hace muy difícil la integración a la sociedad que se pretende adoptar, máxime si las políticas de los países donde se llega, adolecen de postulados y programas que ayuden a que la integración sea más fácil; por lo que la mayoría de los emigrantes terminan viviendo en guetos, con todo lo que ello puede significar de bueno o de contraproducente en la nueva vida que se emprende.
“Contra el viento”, es la historia de la precariedad, del abuso sexual, de la explotación, que a veces raya con la esclavitud. Es la historia de un mundo opulento y racista, que ve en las extranjeras seres de poca valía, a las que un mendrugo de pan y un salario de miseria deben bastarles para su supervivencia y la de sus familias. Es también la historia de las inequidades entre el primer mundo y el mal llamado tercero. Las mujeres africanas, que son obligadas a la migración, son en su mayoría analfabetas, ya que en sus países de origen se les suele negar el derecho inalienable a la educación; por lo que muchas de ellas son explotadas por las modernas redes de esclavitud, o trata de blancas, como se llama ahora a tan infame explotación. Otras, como es el caso de Zao, deben trabajar en pequeños oficios, meseras o tareas domésticas, cuidado de los niños, cuando los propios deben ser abandonados en sus propios países, o deben pagarles a vecinas para que se los cuiden mientras ellas trabajan para poder alimentarlos. El libro es una denuncia de la pobreza, de esa carencia a todo nivel, difícil de imaginar en la España de hoy en día: “La pobreza las rodeaba, como una cadena que las sujetara contra la esquina del mundo donde se acumulan la miseria y la marginación, de las que difícilmente lograrían salir sin sentir al menos el estigma marcado para siempre en sus frentes” (Ángeles Caso, Contra el viento, pág: 72).
“Contra el viento”, está escrito en un lenguaje sencillo, no académico, lleno de poesía y de imágenes dolorosas, las imágenes de las mujeres olvidadas, invisibles. No obstante, gracias a ellas muchas de nosotras hemos podido superarnos en este mundo dominado por los hombres. Ellas nos han ayudado con el cuidado de nuestros hijos, para que nosotras podamos trabajar, escribir, viajar. Su renuncia y sumisión han contribuido para que perseveremos en nuestra carrera loca hacia el éxito. Pero también es la historia de la amistad sin límites que se establece entre dos mujeres de culturas diferentes; en este caso preciso entre Zao y la autora del libro. Y traigo a colación este dato ya que Zao existe. Ella conoció a Ángeles Caso cuando fue a solicitarle trabajo como empleada doméstica. Es por ello que en las declaraciones que Caso dio el día de la entrega del Premio Planeta, dijo que la mitad del dinero ganado era para ella; ya que era consciente que Zao sólo le había prestado su propia historia, la historia de la migración y del exilio.
CASO, Ángeles. Contra el viento. Editorial Planeta, 2009. 267 páginas
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