Demostraciones Históricas, Laónico Calcondila

Obra en diez libros de Laónico Calcondila (1430?-aprox. 1480) que narra la historia de la península balcánica entre 1298 y 1463. La introducción, como en Tucídides, presenta el autor y el fin que se propone: Laónico Ateniense quiere trans­mitir a la posteridad los acontecimientos que conoce o aquellos de los que ha oído hablar, convencido de que ni unos ni otros son inferiores a las gestas de los antiguos; es decir, trata en su obra de la caída del Imperio griego, de los males que esta caída trajo como consecuencia, y de la rápida expansión del poder de los turcos. Sigue luego una rápida síntesis de la historia del mundo hasta el siglo XIII, las luchas entre la Iglesia romana y la griega, y las tenta­tivas de unión. La propia y verdadera na­rración histórica, comienza indagando el origen de los turcos: aquí aparece la ca­racterística de la obra que toma como cen­tro, no a Bizancio, sus guerras y sus disen­siones internas, sino a los turcos, el surgir y el afirmarse de esta nueva potencia en detrimento de la Corte bizantina y de los pequeños señoríos occidentales, las expe­diciones contra Bizancio y contra los otros pueblos de la Europa oriental. Algunos asuntos están tratados con excesiva am­plitud; otros, aunque importantes, lo están con brevedad: tal desequilibrio es debido al material que el autor tenía a su dispo­sición. Sus modelos son Herodoto y Tucídi­des, especialmente el último, en el que el autor ve al maestro de los historiadores antiguos; pero a pesar de esta imitación, el estilo es pesado y la lengua pobre y mo­nótona. La costumbre de sustituir los nom­bres de personas y pueblos contemporáneos por los antiguos, hace que la obra sea os­cura.

L. Banti

Democracias Latinas de América, Francisco García Calderón

[Les démocraties latines de L’Amérique]. Ensayo de síntesis e interpretación de la evolución histórica y la cultura de la Amé­rica latina, cuyo autor es el sociólogo y en­sayista peruano Francisco García Calderón (1883-1953). Publicado originariamente en francés (París, 1910), este libro, que se des­taca por la seguridad de la información y la amplitud de la temática, ha alcanzado una gran difusión y ha servido durante largo tiempo, en Europa y los Estados Unidos, como fuente de información sobre la Amé­rica latina. Ha sido traducido al inglés (Londres, 1913) y al alemán (Leipzig, 1913). Hasta hoy no existe, sin embargo, traduc­ción española completa; se han publicado páginas escogidas en otro libro del autor, Ideas e impresiones (Madrid, 1919), y en la antología En torno al Perú y América (Lima, 1954). El contenido de la obra se distribuye en siete libros y una conclusión.

El libro I, que se inicia con un breve es­tudio de los caracteres de la raza española, traza los grandes lineamientos de la his­toria de los pueblos latinoamericanos, des­de los tiempos en que florecieron las civi­lizaciones indígenas hasta la época actual. Los libros II, III y IV estudian, respectiva­mente, la función que han desempeñado los caudillos en la vida independiente de Ve­nezuela, el Perú, Bolivia, el Uruguay y la Argentina; el imperio del principio de auto­ridad en la organización estatal de México, Chile, el Brasil y el Paraguay; y la in­fluencia de las tendencias conservadoras, de inspiración religiosa, en Colombia y el Ecuador, así como los problemas tocantes a la unificación y la estabilización política de los países centroamericanos y antillanos. El libro V ofrece un panorama de la evo­lución intelectual latinoamericana, en sen­dos capítulos dedicados a las ideas políti­cas y sociales, la literatura y la filosofía. En el siguiente libro, después de plantearse el problema de si los iberoamericanos son de raza latina, Francisco García Calderón llama la atención sobre los peligros que amenazan el desenvolvimiento autónomo de la América latina y que se vinculan a la expansión imperial de alemania, los Esta­dos Unidos y el Japón. El libro VII analiza los problemas raciales, políticos, económicos y de unificación que afectan a las naciones iberoamericanas.

La orientación más con­veniente de la acción que los países extran­jeros ejercen sobre la América latina, en el sentido de un equilibrio político y econó­mico internacional, y la función que esta comunidad de naciones está llamada a des­empeñar en el renacimiento de la raza la­tina son temas que el autor examina de cerca en la conclusión que cierra el libro.

A. Salazar Bondy

Democracia Industrial, Sidney y Beatrice Webb

[Industrial Democracy]. Obra de los economistas in­gleses Sidney (1859-1947) y Beatrice (1858- 1943) Webb, publicada en 1892. El análisis científico del desarrollo del movimiento tradeunionista, está dividido en tres par­tes: la primera trata de la estructura de las Trade Unions, consideradas como organizaciones democráticas, en cuanto sus constituciones internas están basadas en el clásico principio inglés «gobierno del pue­blo, por el pueblo, y para el pueblo». La segunda parte contiene un minucioso aná­lisis descriptivo de la función tradeunionista; la tercera y última, examina teórica­mente el efecto del tradeunionismo en la producción y en la distribución de la ri­queza y termina profetizando la que, según los autores, deberá ser la democracia es­piritual del mañana. La obra tiene tam­bién notable valor histórico, porque los Webb fueron de los primeros en proponerse el problema de la libertad individual en sus relaciones con las nuevas colectivi­dades. Dada su concepción de la democra­cia industrial, en la que el obrero debe poder mantener intacta su individualidad, aplicándola en todas sus varias actividades públicas al bien común, los Webb prevén una mayor elevación moral, intelectual y religiosa de las masas. «En el mundo de la civilización y del progreso, nadie puede ser dueño de sí; pero por el hecho mismo de que en la sociedad moderna el indivi­duo pierde el control de su vida, aspira a ganar colectivamente lo que ha perdido individualmente. De aquí la inevitable ten­dencia al gobierno popular, a pesar de sus dificultades y de sus peligros. La demo­cracia es todavía la gran incógnita y ape­nas si tenemos vagos indicios de sus fines últimos y de su gran importancia».

M. Borsa

De la Democracia en América, Alexis-Charles-Henry Clérel de Tocqueville

[De la démocratie en Amérique]. Obra historicopolítica del francés Alexis-Charles- Henry Clérel de Tocqueville (1805-1859), publicada en 1835-1840. Fruto de una mi­sión ministerial en los Estados Unidos, cum­plida con su fraternal amigo y colega Gustave de Beaumont, con el que sobre todo debía explicar en colaboración el Sistema penitenciario (v.), la obra supera las con­tingencias de un examen de la situación moral y social de la democracia america­na, llegando a una verdadera construcción política, fundamental en el pensamiento del siglo decimonónico. En la primera parte, analiza el mundo político y ético de la Con­federación. En la segunda, da un juicio que comprende a la legislación y a la vida, sobre todo con referencia a la situación de los estados de la vieja Europa, especial­mente de Francia, después de la Revolu­ción. La igualdad, factor dominante en la vida del nuevo Estado, es la base de la Constitución, y, en especial, de todo el con­junto de la vida, tanto política como reli­giosa; los mismos orígenes de las colonias de religiosos y de exilados, la lucha con los aventureros, las transacciones y las pa­ces, para el bien de la nueva comunidad, y por fin la rebelión o las formas vejato­rias de gobierno, han sido significativas para el futuro desenvolvimiento de la gran na­ción.

Aun entre los errores inevitables, la libertad individual, tanto en el campo po­lítico como en el económico, indica la po­sibilidad de desarrollo en la vía del pro­greso, en un mecanismo en el que el pueblo se siente el único motor; aunque, si por amor a una laboriosidad incansable se tiende a favorecer al rico en relación con el pobre, el único error, fatal a la vida del Estado, es la centralización, que puede so­meter al país a la voluntad de la mayo­ría. Por otra parte, la industria, especiali­zada extraordinariamente en relación con la agricultura, y la escasa fortaleza de la fa­milia, constituyen, tanto para la economía como para la moral, debilidades que pueden ser graves para el futuro. A las mismas enormes ventajas de la democracia ameri­cana hacen por tanto frente la insuficiencia de la firmeza que se funda en la tradición y en la historia: las democracias pueden de­generar en el más formidable despotismo, si la igualdad no está respetada y tutelada por la conciencia vigilante de las institu­ciones. En el futuro desenvolvimiento de la democracia, americanos y rusos, concluye Tocqueville, tienen una gran tarea que cumplir en la historia de la civilización, pero han de saber mirar bien dentro de las razones ideales de sus respectivas posicio­nes, tanto hacia sus pueblos, como hacia la humanidad.

C. Cordié

Tocqueville tiene el aire de agarrarse a la democracia, como Pascal se agarra a la cruz: enfureciéndose. (Sainte-Beuve)

De la Democracia en Francia, François Guizot

[De la Démocratie en France]. Opúsculo impreso por François Guizot (1787-1874) .en Bruselas, en febrero de 1849, en el que el ex ministro de Luis Felipe expresa, en cierto modo, su credo político. Escribien­do poco después de la revolución y de las sanguinarias revueltas del 1848, e inmedia­tamente después de la elección del presi­dente de la nueva república, Luis Napo­león, visiblemente contristado por la caída de la monarquía burguesa de Luis Felipe y por el fracaso de la política de «justo me­dio» de la que había sido el apóstol, Guizot intenta una rápida síntesis de la situación francesa del momento, haciendo notar los peligros de la mentalidad dominante y proponiéndose indicar los remedios para los males políticos de su país. Los males y los peligros que afectan a la sociedad francesa provienen, según él, de una mal entendida idea de la «democracia», que se quiere fun­dar sobre una igualdad utópica de todos los hombres, y sobre un ruinoso nivelamiento de todas las condiciones sociales. Polemizando, especialmente con Proudhon, y refiriéndose a la experiencia y a las lec­ciones de la historia, Guizot demuestra que a una sacrosanta igualdad jurídica de to­dos los ciudadanos, debe corresponder necesariamente cierta desigualdad de las con­diciones sociales y, por ende, de los po­deres políticos.

Cada clase de ciudadanos ha de tener su función en el estado; la destrucción de las clases sociales lleva, in­evitablemente, a la tiranía de un hombre solo, la de una exigua minoría, o bien a la anarquía, esto es, en cualquiera de los casos a la destrucción de la civilización. Los franceses habrían de darse cuenta de los elementos sociales que componen la na­ción; cada clase social, renunciando a la ambición de mandar ella sola y aniquilar a las otras, debe concurrir al bienestar ge­neral en una competición armónica con las clases rivales. La ideología democrática es connatural al progreso de la sociedad moderna, pero ésta, formidablemente em­pujada a las innovaciones, debe hallar su justo contrapeso en el conservadurismo ilu­minado de la «élite» de la nación. Es fácil ver en estas ideas la influencia de la admi­ración del autor hacia la constitución polí­tica inglesa, cuya formación histórica es­tudió con empeño. Su conservadurismo es, sin embargo, típicamente ochocentista, por­que se apoya sobre todo en la experiencia de los hechos, resultando mucho más prag­matista que dogmático; se podría definir como un conservadurismo iluminado y pro­gresista. La forma estricta y precisa, la claridad de las ideas, la argumentación fá­cil y rigurosa, fundada en una doctrina se­gura, confiere un mérito singular a este librito, con el que Guizot, después de su larga experiencia de gobierno, quiso dejar una especie de testamento político.

M. Bonfantini