El Origen de El Señor de los Anillos ( Lin Carter)

El escritor de fantasía Lin Carter hace un repaso de las fuentes de El Señor de los Anillos, así como de las influencias de Tolkien y de su posterior repercusión, aunque solo hasta el año 1969, que es cuando se escribió esta obra.

No se trata de una novela, lógicamente, sino de un corto y ligero ensayo donde se hace un repaso a varios aspectos de la obra del profesor Tolkien, la mayoría bastante conocidos por los aficionados.

El autor empieza contando la vida y época de Tolkien, brevemente, el origen alemán de su apellido (que como curiosidad se pronuncia "tolkin"), la muerte de sus padres, su educación a cargo de un sacerdote católico, sus estudios en Oxford, su paso por la I Guerra Mundial, su matrimonio con Edith, sus amigos, su fascinación por los idiomas, y cómo surgió el "Hobbit". Al tiempo, se cuenta el proceso creativo de varias otras obras clave de fantasía como Peter Pan, El Viento en los Sauces, el Mago de Oz, etc…

Luego se entra directamente en cómo escribió El Señor de los Anillos, haciendo una larga mención al círculo de amistades eruditas de que se rodeaba Tolkien, los Inklings, del cual formaban parte Auden, C.S. Lewis y otros autores, a los cuales leía fragmentos del texto.Resultan curiosas las cartas que se mandaban los citados Inklings acerca de la obra de Tolkien a la que denominaban "el nuevo Hobbit" (Tolkien les leía en sus reuniones extensas parrafadas de la magna obra, que los otros comentaban con él y entre ellos) y también la repercusión que tuvo en la crítica de la época (1955), que coincidía en que no se había publicado nada de ese calibre desde La Reina de las Hadas de Spenser, y la escasa repercusión en el público lector, que no conocería masivamente la obra hasta nueve años después, con la edición de bolsillo, que sí fue todo un éxito, casi un fenómeno sociológico. Lin Carter habla de lo mucho que le irritaban a Tolkien los estudios de su obra (como el libro que nos ocupa) y de los cuales decía: "son muy malos casi todos; o bien se trata de análisis psicológicos o bien intentan ahondar en las fuentes, y creo que en su mayor parte son unos esfuerzos más bien inútiles". Ciertamente, Tolkien acertaba en parte, al menos en lo tocante a la obra de Carter, ya que aparte de analizar la génesis de la novela (muy brevemente) busca precedentes en obras anteriores.

Eso es quizás lo más interesante del libro, cómo va descubriendo nombres de enanos en lejanos versos de la Edda escandinava, o el nombre de la Tierra Media (que aparece mucho en textos ingleses medievales) y diversos motivos como el del anillo (cantar de los nibelungos, operas de Wagner, asistencia, viejas sagas), la capa de invisibilidad, la espada rota…
Transcribo los elocuentes párrafos donde se compara la trilogía de Tolkien con la leyenda de Sigfrido (según Wagner)

1. El dragón que custodia el tesoro.
2. El anillo mágico de oro que confiere un gran poder a su portador, pero lleva consigo un mortal maldición.
3. Un talismán de invisibilidad asociado con el tesoro.
4. La muerte del dragón por una herida en una zona vulnerable de su pecho.
5. La espada rota que se recompone.
6. La disputa entre dos enanos o dos gigantes por la posesión del anillo que se traduce en la muerte de uno de ellos.
7. El malvado y pequeño enano que poseía el anillo enloquece, se pervierte y, al final, halla la muerte a causa de él.
8. El hecho de que la maldición del anillo acarree no solo la muerte sino también una especie de corrupción moral o afán de posesión en todos los que lo llevan.

Sin embargo, resulta bastante tedioso para quien conoce los libros los extensísimos resúmenes de El Señor de los Anillos y el Hobbit, que ocupan una buena parte del libro. Son casi como un "Señor de los anillos abreviado" o "para torpes", ya que cuenta todos y cada uno de los detalles del argumento.

También trata de dilucidar el género de la novela, concluyendo que se trata meramente de una novela fantástica, vamos, que descubre la pólvora… En realidad ,y dejando parte las bromas, esto viene a cuento de las opiniones de ciertas personas que trataban de extraer significados profundos del libro, o bien simbolismos, alegorías. Tolkien siempre rechazo que su novela "significara" algo o tuviera segundas lecturas alegóricas: nada de Guerra Fría, ni historias similares. El autor aclara que incluso Tolkien aborrecía las alegorías y que había declarado: "No tiene la menor intención alegórica, general, particular o actual, moral, religiosa o política". Para él se trataba de una "subcreación", "la invención de un mundo secundario", meramente. Sobre este particular de la "subcreación", se introduce un capítulo donde se desarrolla la teoría de Tolkien acerca del cuento de hadas. En palabras de Tolkien citadas por Carter: "Lo que ocurre, en realidad, es que el narrador se revela como un "subcreador": de un cuento de hadas bien elaborado. Crea un mundo secundario en el que la mente del lector puede entrar sin dificultad. Y, una vez dentro, lo que él cuenta es "verdad": respeta las leyes de dicho mundo". Una teoría muy interesante que aclara la intención de Tolkien..

Carter analiza además la relación de El Señor de los Anillos con los diversos cantares de gesta y los libros de caballerías. Es curioso lo que menciona sobre el éxito de tales libros de caballerías, que generaban secuelas y precuelas, e incluso lo que los anglosajones llaman "spin offs" (relatos que tienen como protagonistas a los secundarios de otro relato o algo así)
Finalmente, hace un repaso por todos los autores que precedieron a Tolkien en el cultivo del género como William Morris, Lord Dunsany, Eddison, etc… y por las fuentes etimológicas de los nombres de cosas, personas y lugares de la obra magna, que es sin duda, una de las partes más tediosas.

Resumiendo, un libro irregular, ligerito en cuanto a erudición, con datos conocidos, aunque también hay algunos otros interesantes, que revelará sobre todo a los aficionados al autor, que Tolkien no era en verdad nada original y que no tenía empacho en copiar nombres, argumentos, y tópicos de autores precedentes en su intento de hacer una obra que fuera como un mundo, más que como un relato.

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Los orígenes del conocimiento y la imaginación (Jacob Bronowski)

Este es un librillo con seis conferencias dictadas por Jacob Bronowski. Se publicó póstumamente y se conoce también con el nombre de "Silliman Lectures". Fueron dictadas por Bronowski en la Universidad de Yale allá por los años 60.

Jacob Bronowski (Polonia, 1908- EEUU, 1974) fue científico, poeta, ensayista, matemático y quién sabe qué cosas más. La mejor información acerca de su biografía se puede encontrar en esta página. (En inglés, eye).

Las conferencias de la Universidad de Yale, aglutinadas bajo el título Los orígenes del conocimiento y la imaginación tratan uno de los temas esenciales de la obra del autor: cómo separar la actividad científica y el arte, sus lenguajes, sus formas de ver el mundo… Dice el autor:

" I grew up to be indifferent to the distinction between literature and science, which in my teens were simply two languages for experience that I learned together." (Crecí siendo indiferente a la distinción entre literatura y ciencia, lo que en mi juventud eran simplemente dos lenguajes de la experiencia que yo aprendí unidos.)

El propósito de las lecciones de Bronowski es intentar desentrañar el mecanismo a través del que experimentamos de una forma que no es totalmente física aquello que nos llega por mecanismos físicos. La primera conferencia se llama "La mente como instrumento para el conocimiento". En ella, Bronowski entronca con las ideas de Kant y decide que "no podemos ver el mundo sin la intervención de los sentidos físicos". Pero claro, el hombre no es un animal cualquier, sino un animal muy especial, que puede ser artista o científico. La primera distinción que establece Jacob entre la ciencia y el arte (o que al fin y al cabo no es tal distinción) se debe al órgano mediador: Bronowski clasifica las artes entre las que están mediadas por la vista (la pintura, por ejemplo) y las que están mediadas por el oído (la música). Dentro de esta clasificación, entiende el autor que la vista hace de mediadora con las cosas, mientras que el oído media entre nosotros y los demás seres vivos. La ciencia, en cambio, dice el autor, está totalmente dominada por el sentido de la vista. (¿Qué sería del mundo si Newton hubiese nacido ciego? se pregunta el autor).

Tras constatar este predominio del sentido de la vista como factor "humanizador", Bronowski lleva a cabo un estudio de cómo se ve, y cómo funciona el ojo humano a diferencia del ojo de otros animales. Finalmente, enlaza esta sutileza de la visión humana con la capacidad de tener una visión interior. Y sobre todo, con la idea de que la idea de "visión" configura y determina al ser humano. Como ejemplo, aporta el campo semántico de "visión", "imagen", "imaginería", "imaginación", "visual", en todas sus acepciones.

La segunda lección se mete de lleno en el lenguaje. Se llama "La evolución y poder del lenguaje simbólico". (Lo de que el hombre es un animal simbólico ya lo dijo Cassirer, y pocos se han dedicado a llevarle la contraria). Aquí, en primer lugar, Bronowski hace un resumen de lo expuesto en la lección anterior (lo cual es siempre muy útil) y avanza una hipótesis sobre cómo se originó el lenguaje humano. A este respecto, Bronowski no comparte la hipótesis saltacionalista de Chomsky. Eso sí, el lenguaje humano, según Bronowski, se caracteriza por ciertas notas que lo distinguen de los libros de instrucciones que son los lenguajes animales. Estas notas características son: 1. La disociación entre el mensaje y la carga emocional que el mensaje trae consigo. 2. La prolongación de la referencia o bien, la capacidad de aludir al futuro y al pasado. 3. La internalización, o capacidad de dirigirse a uno mismo. 4. La productividad o generatividad. En virtud de esta capacidad, el mensaje puede descomponerse en unidades que pueden reutilizarse con nuevos significados. Estas características del lenguaje afectan a cómo se enfrenta el hombre al mundo. En especial, esta última nos obliga a ordenar el mundo, reordenarlo, cambiar las cosas de sitio, etc…

En "El conocimiento como algoritmo y metáfora" une al lenguaje humano con el lenguaje científico. El lenguaje científico consta de tres características básicas: 1. Tiene símbolos que representan conceptos. 2. Tiene una gramática que permite la combinación de estos símbolos. 3. Existe un diccionario de traducciones que enlazan el lenguaje científico con el mundo real. Como podemos ver, en realidad, tiene mucho que ver con el lenguaje humano cotidiano. En esta lección, Bronowski tiene la audacia de proponer que el mero hecho de encontrar un objeto de estudio y aislarlo es una mentira. Que el dividir el mundo entre "lo relevante y lo irrelevante desde el punto de vista de la ciencia" es ya desvirtuar este mundo. Pero que, pese a todo, la ciencia es capaz de avanzar.

La siguiente lección se llama "Las leyes de la naturaleza y la naturaleza de las leyes". Aquí, Bronowski sigue ahondando en la idea anterior respecto de la división del mundo para su estudio. En realidad, dice él, todo el mundo está interconectado y unos hechos tienen influencia sobre otros, sin embargo, nosotros no somos capaces más que de descodificar una parte. Si quisiéramos descodificarlo todo, tendríamos que mirar el mundo desde fuera, como Dios. Aquí, nos detalla toda una serie de teorías que intentan cercar este problema, desde Bertrand Russell hasta Kurt Gödel y la incompletud de su aritmética. Y es que "ningún sistema formal puede abarcar todas las preguntas que pueden preguntársele". Y esto es debido a la propia "axiomatización" o "sistematización" de las cosas. Este problema sin solución surge, simplemente, del hecho de que se divida el universo en dos: verdadero/falso, positivo/negativo 1/0. Y es que para formalizar la naturaleza, tenemos que recortarla en campos cuyos límites ha puesto ahí el ser humano. Y ya no es entonces, la misma naturaleza que queríamos estudiar al principio, antes de recortarla.

La quinta lección trata sobre "El error, el progreso y el concepto de tiempo". Aquí, Bronowski entra de lleno en lo que es la "imaginación" y opone este concepto o esta forma de generar conocimiento al de las máquinas. Para él, la imaginación puede estar basada perfectamente en el error (ese error frente al que la máquina se atasca, se vuelve loca, se autodesconecta, o se repite constantemente). Y es un acto imaginativo consiste en pensar algo que la máquina podría considerar un error. (Creo que viene a ser un poquito esa idea que tenemos todos de romper la regla para crear algo nuevo).

"Cada acto de la imaginación es el descubrimiento de una semejanza entre dos cosas que con anterioridad se pensaba que no tenían nada que ver una con la otra".

Y si no, que le pregunten a Newton qué tenían que ver las manzanas con la Luna. Se trata de abrir el sistema (sí, ese sistema cerrado que se atrancaba cuando le hacías una pregunta cuya respuesta no podía contener). ¿Y cómo se abre el sistema? Pues para Bronowski el puente que nos lleva del sistema a su apertura es la metáfora. La metáfora es la llave. Y es que ¿qué mejor definición para metáfora que la que ha dado Bronowski para "acto imaginativo"?

La última conferencia se llama "Ley y responsabilidad individual". Aquí habla de la práctica de la ciencia, de la figura del científico y además, aporta un argumento para superar la falacia naturalista. La falacia naturalista es el paso del ser al deber ser. (Lee más aquí, si quieres). Pues bien, esta es la argumentación que ofrece Bronowski (y que, si nos damos cuenta, entronca con todo lo expuesto anteriormente):

"El deber ser viene dictadopor el ser en la búsqueda del conocimiento, no se puede obtener el conocimiento a menos que nos comportemos de determinada manera".

Dice Bronowski que sólo se puede saber qué es verdadero si uno se comporta de determinada manera. Y este es el punto culminante de esta última conferencia. Sin embargo, su argumentación en contra de la falacia naturalista está, por lo visto, recogida de forma más extensa en su libro Science and Human Values.

Habrá que leerlo, digo yo 😉

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Contra los periodistas y otros contras (Karl Kraus)

Me cansan los libros de aforismos, reflexiones enlatadas, chistecillos y sátiras de andar por casa. En especial, me molestan cuando vienen recopilados por editores que los consideran como el mejor modo de aproximarse al autor.

Encantóme en su día el librillo que me acercó a Ferlosio después de que el cauce del Jarama hubiera abierto una brecha entre nosotros. Porque era muy suyo, con su complejidad, sus desvaríos, sus ansias de extenderse en mil páginas en ciertas ocasiones, su mesura para expresarse en los justos términos en otras…

Encandilóme recientemente el librillo de Ernesto Sábato en que reflexiona sobre el oficio de escribir, puesto que se trataba de un conjunto de anotaciones, casi diría que hipertextuales, que se necesitaban una a otra. Reflexiones sesudas, pensadas, argumentadas, justificadas. Sesudas, en suma. Nada del juego conceptista y contundente de levantar las faldas de los intelectuales a golpe de sintaxis.

Durante estos días de asueto me he leído Contra los periodistas y otros contras de Karl Kraus. No sé decir si de Karl Kraus o de el duque que lo parió, Jesús Aguirre. Y es que este libro sí es uno de esos compendios de aforimos y sátiras brevísimas en las que el amontonamiento no hace más que dañar al individuo y al conjunto.

Para empezar, tengo que decir que lo cogí con mano maliciosa por aquello de "contra los periodistas". Nada más errado. Título llamativo que, en realidad, no responde por completo al contenido, puesto que aquí se critica a los periodistas, las mujeres, los vieneses, los berlineses, los tontos, los no tan tontos, los artistas, los pasteles… en fin, casi podemos decir que se critica todo aquello que se mueva y no sea el autor.

De hecho, el libro está dividido en siete apartado, uno se dedica sólo a los artistas, otro sólo a Viena y Berlín, otro solo a la sociedad… En cambio, el de periodistas es, en realidad, "Sobre periodistas, estetas, políticos, psicólogos, estúpidos y eruditos".

Sobre el contenido, poca queja tengo, la verdad. La principal queja del contenido es la estructura en sí. Un aforismo es para ser leído en una postal de ciudad turística; en una servilleta de papel, en la carpeta de un amigo, incluso en la camiseta del quinqui del barrio. No es para hincharte a leer aforismos en plan "palomitas de maíz". Y ese es el problema que tiene este libro: la lucidez de las críticas de Karl Kraus, la magnífica traducción de los juegos de palabras, lo certero de las flechas de su pluma, lo moderno de su pensamiento son características del autor que se amalgaman de tal manera que no dan lugar más que a un pastiche que ni huele, ni sabe, ni fluye.

Y es una pena, porque cogido el libro al vuelo y abierto por cualquier página al azar, deja verdaderos aforismos:

"El lenguaje no es el aya, sino la madre del pensamiento."
"El diablo es optimista si cree que puede hacer mejores a los hombres."
"El que plagia debería copiar cien veces al autor".

Llenitos de enjundia, no me dirán que no.

También deja frases primorosas, no por ello, exentas de verdad:

"Cabe cerrarse al mundo toda la semana. Pero hay una penetrante sensación de domingo a la que no podemos hurtarnos ni en un tragaluz, ni en la cumbre de una montaña, ni siquiera en un ascensor."

Pero uno de tras de otro, como caramelos de menta en pleno catarral, embotan la sensibilidad y la capacidad de percepción. Para conocer a Karl Kraus sigue valiendo mucho más la pena leerse Los últimos días de la Humanidad.

Ah! Y no se fíen nunca de un título que no puso el autor 😉

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Cómo se reparte la tarta (Noam Chomski)

Me compré este librito cuando estuve en Barcelona. Me pareció una buena opción para cubrir el expediente de los tres libros que tengo que leer para la asignatura Periodismo Internacional. La verdad es que no me apetecía leer uno de esos libros de "Estuve en una guerra y como soy periodista ahora escribo un libro". No niego que los habrá muy interesantes, pero no tenía el ánimo para eso, así que me compré un librito de Chomsky (puedes consultar su bibliografía aquí), a ver si al menos, me reía un poco.

Pero nada. Ni ironía, ni tampoco ideas brillantes, ni abstracción, ni nada.

Noam Chomsky nació en Filadelfia en 1928. Por influencia de Zellig Harris estudió Lingüística. A finales de 1954 se convirtió en investigador en el MIT (Massachussetts Institue of Technology). Desde entonces se dedicó de lleno a la Lingüística. Acutalmente es profesor de en el MIT de lenguas modernas. Sus teorías acerca del lenguaje y su gramática revolucionaron el mundo de la lingüística.

"Los intelectuales están en condiciones de exponer las mentiras de los gobiernos, de analizar las causas y motivos de los hechos, y a menudo sus intenciones ocultas. Al menos en el mundo occidental, tienen el poder que les da la libertad política, el acceso a la información y la libertad de expresión. A una privilegiada minoría, la democracia de Occidente le brinda el tiempo de ocio, los medios y la formación necesarios para ver la verdad que yace oculta tras el velo de distorsiones y engaños, de ideologías y de intereses de clase a través del cual se nos presentan los acontecimientos de la historia actual…"

Esta cita resume las ideas de Chomsky respecto del compromiso que deben adquirir los intelectuales y pensadores como vigilantes de las acciones políticas.

Cómo se reparte la tarta es un libro en que se denuncian las acciones políticas estadounidenses desde los años 80 hasta mediados de los años 90 (el libro fue publicado en 1996). Efectivamente, Chomsky trata de esclarecer quién se encarga de cortar el pastel del dinero estadounidense, por qué las porciones resultan tan espeluznantemente desiguales y quién se lleva las porciones más grandes.
El libro se divide en tres partes diferenciadas en las que se da cuenta de las reducciones que se han hecho en los presupuestos estatales del dinero que va destinado a ayudar a los más débiles.

La primera parte del libro se dedica a denunciar cómo los ricos y poderosos tienen mucho más peso y poder de decisión y siempre resultan beneficiados, en detrimento de los más pobres. Así resulta mucho más fácil persistir en la desigualdad: los conservadores estadounidenses se parapetan en el libre mercado y el no intervencionismo para ir empobreciendo a los pobres y enriqueciendo a los ricos.
En la segunda parte, Chomsky denuncia cómo las políticas de Estados Unidos, la reducción de ayudas a familias necesitadas y a minorías en desventaja provoca que estos se van totalmente desfavorecidos en el salvaje capitalismo de David Ricardo. Pero a los ricos y poderosos no les interesa que existan estos menesterosos, por lo tanto, los mete en cárceles y los encierra en suburbios. Se trata, si nos paramos a pensar bien, de una política claramente represiva, que pasa por ir encerrando los "problemas" en el armario hasta que éste reviente. No parece una sociedad en que prime la idea de progreso.

La última parte da cuenta de las agresiones contra la democracia y contra los derechos humanos por parte de Estados Unidos, tanto dentro de su país como fuera de él. En muchos casos, Chomsky compara los sistemas sanitarios de Estados Uniods y Europa o el sistema educativo. Siempre Estados Unidos sale muy mal parado. Chomsky denuncia que el control que se ejerce sobre los medios de comunicación se utiliza para presentar el sistema como algo liberal y progresista y no como lo que es: un sistema de enriquecimiento para los grandes magnates dedicado a despojar a los más desfavorecidos de lo poco que tienen.

Sin embargo, no se trata de un libro de ideas. Se trata de un libro en el que Chomsky utiliza un montón de números, porcentajes, datos estadísticos y titulares para denunciar las injusticias que se cometen en Estados Unidos desde arriba. Leer este libro es como abrir una caja. Por desgracia, al no ser estadounidense ni estar muy enterada de cómo funciona este país por lo que a burocracia, sistema de reparto de ayudas, porcentajes de población negra, índices de desarrollo por estado y demás cuestiones necesarias para el conocimiento del país (aquí se me olvidó el verbo se refiere, menos mal que Otis me lo ha dicho!!), pues no he podido hacerme una idea clara de hasta qué punto son flagrantes algunos de los hechos numéricos que Chomsky denuncia.

Eso sí, me encanta pensar que Chomsky es un grano en la popa de los ricos y poderosos de Estados Unidos, y que pese a que esos ricos y poderosos tengan tanto poder como para extirparse los efectos que la crítica de Chomsky pueda producir, al menos se les levantará algún dolor de cabeza.

Aún así, he de reconocer que el libro no me ha gustado mucho porque no he conseguido hacerme una idea clara de los hechos que Chomsky denuncia, de su calado en la sociedad, del conocimiento que la población pueda tener de esto, de las vías de solución que pueden tener… Por otra parte, habría que analizar las causas de que estas violaciones de derechos prosperen y habría que intentar sistematizar los datos y los hechos para poder intentar ofrecer una solución… Utópica que es una.

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Mediocridad y Delirio (Hans Magnus Enzensberger)

Leer un libro de Hans Magnus Enzensberger siempre es un regalo para la inteligencia. Mediocridad y delirio es una galería de temas variados y controvertidos que Enzensberger va desbrozando, limpiando y aclarando gracias a su particular manera de ver el mundo y gracias a su independencia intelectual. Así, Hans Magnus siempre está del lado de la lógica y del sentido común, un lado muy oscuro y poco habitado en la actualidad.

Mediocridad y delirio recoge ensayos publicados por Enzensberger en diferentes revistas y periódicos, desde el Frankfurter Allgemeine Zeitung, Die Zeit , la revista Geo o Der Spiegel, todos ellos medios de comunicación que gozan de gran prestigio en alemania.

La primera parte recoge ensayos que a primera vista pueden parecer bastante heterogéneos pero que, si se intenta generalizar un poco, están ligados por un tema principal que les da soporte: el hombre como animal verbal, o el hombre y el conocimiento. La ironía es una de las claves de estos primeros ensayos. Esto queda ya patente en títulos como “Una modesta proposición para proteger a la juventud frente a los productos de la poesía” o “Loa al analfabetismo”, que es la conferencia que pronunció cuando recogió el premio Heinrich Böll. Aquí se plantea si el jurado ha galardonado a un anacronismo al galardonarle a él. De este primer bloque, los más interesantes desde el punto de vista periodístico, son los dedicados a la figura del crítico, el análisis que hace sobre la historia y las claves del éxito del diario Bild y el dedicado a la televisión.

En “El triunfo del diario Bild” combina su propio discurso con fragmentos extraídos del periódico. Estos fragmentos funcionan a modo de ilustraciones y no de ejemplos, en un curioso ejercicio de intertextualidad. Para Enzensberger, el principal delito del diario Bild no “reside tanto en inventar una mentir ay publicarla; el delito propiamente dicho está en la difusión de dicha mentira, que aumenta con el número de lectores” . Dice Enzensberger que la gente lee este periódico precisamente porque no informa de nada, de que sus noticias constituyen un cúmulo de hechos atemporales que, por otra parte, garantizan al lector la tranquilidad y la satisfacción de saber que el mundo sigue igual.

Curiosísimo e interesantísimo es el capítulo dedicado a la televisión, que se llama “El medio de comunicación cero o por qué no tiene sentido atacar a la televisión” y que comienza con la siguiente aseveración: “La televisión idiotiza” . Enzensberger reconoce cuatro variantes que han servido a los teóricos para concluir esta capacidad idiotizante de la televisión: 1. Debido al papel ideológico y de vehículo propagandístico de la televisión. 2. El hecho de que la televisión suponga una invitación a imitar los comportamientos –moralmente reprobables en su mayoría- que en ella se presentan. 3. La tesis que considera que la televisión incapacita a los individuos para distinguir entre realidad y ficción. 4. La tesis de la idiotización, que viene a ser el lugar donde convergen las anteriores.

Ahora bien, Enzensberger trata estas teorías de forma totalmente irónica y tiene una crítica que hacerles a las cuatro y es que se toman en serio a la televisión. También critica que todas hacen aparecer a la televisión como un actor malvado frente a un pobre espectador indefenso. El problema reside en saber en qué bando hay que situar al teórico. A continuación, Enzensberger trata de aportar su propia solución al problema televisivo. Él no cree que el problema radique en los contenidos, pues éstos se acercan cada vez más al “contenido cero”. Él dice que es, precisamente, este contenido cero el que constituye el valor de uso de la televisión: el espectador se conecta a la televisión para desconectar. De la incapacidad para reconocer esto es de donde surgen, según Enzensberger, la teorías apocalípticas sobre la televisión. Se trata de un ensayo interesantísimo por novedoso y fresquísimo. Requiere mucha capacidad por parte del lector para ir separando los granos de ironía de las sólidas ideas que Enzensberger tiene sobre los medios de comunicación.

La segunda parte la forman dos ensayos de carácter más económico en los que Enzensberger reflexiona sobre los modos de financiación de los partidos políticos y sobre la distribución financiera que se lleva a cabo a través del Fondo Monetario Internacional.

En la tercera parte, analiza diversos problemas del panorama político alemán. Uno de los ensayos está dedicado al partido de los Verdes y al figura del bosque en alemania, su importancia en la vida de los alemanes y su pérdida irremisible debido a la contaminación y a la especulación. De todos los ensayos de esta sección, me han parecido especialmente interesantes el dedicado a desenmarañar la dicotomía entre “poder e intelecto”, entre “intelectual y político”. En él trata de averiguar de dónde viene la superioridad moral que se le concede a todo intelectual digno de ser llamado así y si esta dicotomía existe realmente o es algo que se quiere vender al ciudadano. También trata de averiguar la pertinencia de esta dicotomía.

Para morirse de risa es el ensayo “Las ventajas de sentirse avergonzado”, donde hace un recorrido por las principales condecoraciones otorgadas por su país y no puede por menos que reírse y hacernos reír ante semejante anacronismo.

El otro ensayo que más interesante me ha parecido es el llamado “Medianía y Delirio”, en el que hace un recorrido por la historia de alemania utilizando los conceptos de mediocridad, utopía y liderazgo como medios de transporte. Gracias a estos conceptos arroja luz sobre muchos comportamientos actuales, calificables, lamentablemente de “mediocres” y nos sugiere que esta “mediocridad” es peligrosa, puesto que esconde una secreta satisfacción por uno mismo. Y eso ciega.

Se trata de un libro muy interesante porque permite conocer más a fondo y de mano de un pensador fresco, independiente, sagaz y certero, las verdades de la política y la economía alemanas. Además, las reflexiones en torno a los medios de comunicación y la “mediatización” de los comportamientos humanos son muy innovadoras y no por ello menos plausibles. Por fin algo nuevo en el manido cónclave de los teóricos de los medios de comunicación.
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