El medio es el masaje.

El medio es el masaje. Sí, señor. (Scratch, scratch) A todo el que le hablo de este libro se ríe y piensa que me equivoco que no es así, que es “el medio es el mensaje”, que eso lo sabe desde Neil Postman hasta mi sobrino de cuatro años. Pero no, esta vez es El medio es el masaje. Un librillo subtitulado "Un inventario de efectos" y que está escrito por Marshall McLuhan (sí, ese señor que sale en Annie Hall defendiendo a Woody Allen en la cola del cine). Lo que pasa es que este inventario está ilustrado con diagramas, dibujos y fotografías de Quentin Fiore, un conocido dibujante y diagramador (puedes ver algunos de sus trabajos aquí). Y entonces pasa de ser un libro a ser una galería, una exposición sobre el pensamiento de McLuhan. O mejor dicho, la conversión en objeto físico del pensamiento de McLuhan.

El libro (si es que lo podemos llamar así. A mí me gusta más "exposición" en plan museo, jeje) es un ejemplo de la consabidísima frase de McLuhan de "el medio es el mensaje". El juego de palabras del título es ya una perversión de la frase que trae consigo toda una serie de significados. (En inglés massage y message se diferencian sólo por una vocal). Y por eso, creo yo, este libro se concibió como una exposición de las ideas de McLuhan de tal forma que el medio sea el más adecuado para transmitir las ideas. De ahí esta reinterpretación del concepto de libro, creo yo.

Me ha encantado este libro porque constituye un auténtico desafío a las mentes reaccionarias y a los intelectuales de poltrona con borlas. ¿Cómo se pueden defender las sesudas ideas de McLuhan a través de un libro hecho en gran medida con ilustraciones, chascarrillos de periódico y fotografías? Pues bien, sí se puede. Se puede cuando la idea que se quiere transmitir es precisamente esa: que el contenido depende de la forma o incluso está determinado por ella.

La primera idea que aparece en el libro es la de que los medios de comunicación son prolongaciones de los sentidos humanos, o dicho con más precisión: "todos los medios son prolongaciones de alguna facutlad humana, psíquica o física."

Cito (meta, para, hiper) textualmente:

Esta idea no hay que tomarla a la ligera, sino que de ella se desprende una consecuencia muy importante: y es que con el nacimiento de nuevos medios, cambia nuestra forma de estar en el mundo y de percibir el mundo. Nuevos medios generan nuevas formas de comunicarse con el mundo, según la facultad humana que privilegien. De esto creo que ya se ha hablado en este blog gracias a Bronowski.

A partir de esta idea general, McLuhan analiza cómo el órgano dominante en las sociedades prealfabéticas era el oído y cómo con la creación del alfabeto, fue el ojo el que ocupó su puesto. "La pluma de ganso acabó con la conversación", dice… y habla sobre el alfabeto de una forma divina: es capaz de retrotraerse a los comienzos, mirarlo con ingenuidad y maravilla y decir: "¿De dónde surgió el prodigioso arte místico de pintar el LENGUAJE y hablar a los ojos?". A continuación, profundiza en la sociedad alfabética y se mete de lleno en los cambios que introdujo la imprenta: no sólo habla a los ojos, sino que permite multiplicar el mensaje, es un "mecanismo repetidor". Y una de las consecuencias que McLuhan atribuye a dicho mecanismo es la de "privacidad".

Ahora bien, las connotaciones positivas de la privacidad vienen dadas por ser algo elegible, por ser el opuesto de "público". Cuando estos dos opuestos convergen, aparece la "aldea global". En la aldea global, cada uno gestiona su propia privacidad, dándole los límites públicos que desea: se puede desconectar de todo porque se puede conectar con todo. El principal problema que McLuhan ve a la aldea global es que se está forzando a los nuevos medios a cumplir con el papel de los asistencia, viejos. Esta práctica, si nos damos cuenta, es totalmente contraria a la frase de "el medio es el mensaje" (tomada en plan prescriptivo).

Otra de las ideas que vienen en este libro habla sobre la capacidad de "inadaptación". El ser un inadaptado, el no encontrar en todos los medios prolongaciones de nuestras propias facultades, a veces, nos lleva a ver la realidad de forma más ingenua pero más penetrante, más pura pero más profunda, más extravagante, pero más útil.[ Esta idea me recuerda mucho a Azúa y sus desocultaciones y también, por qué no repetirme a la idea de Bronowski que se puede resumir en "la capacidad para ver el mundo como una manzana" (yo me entiendo: quiero decir en establecer metáforas novedosas para comprender la realidad). ] En este sentido, dice McLuhan que dice Oppenheimer:

"Algunos niños que juegan en la calle podrían solucionar varios de mis más arduos problemas de física, porque tienen modos de percepción sensorial que yo he perdido hace mucho tiempo."

Hay que ver hasta qué punto el medio es el mensaje, caray.

Otra cosa que me ha encantado de este librito-exposición es el montón de artistas invitados: Whitehead, James Joyce y su Finnegan\’s Wake, Bob Dylan, Montaigne dándole la mano a los Beatles, Homero columpiándose de una viñeta de Liechtenstein… McLuhan los pone a dialogar con una facilidad pasmosa.

La otra cosa que me ha encantado es ver cómo las ideas se suceden a lo largo del tiempo; cómo se aplican los mismos planteamientos a nociones completamente diferentes y los autores que uno tiene en la estantería, la mochila y el corazón, se ponen a gritarse unos a otros desde todas partes. Y yo estoy en el medio, viéndolos comer manzanas, viéndoles probarse las botas de Van Gogh y oyéndolos diailojizar (me van a permitir el palabro, yo sé por qué me lo digo, jejeje) en la cola de un cine de Manhattan… Así me gusta más el mundo: visto como una manzana con las botas de Vincent sentado en un cine de Manhattan, sí señor. ¿Qué más se puede pedir?

Apunte final
Por no sé qué milagros informáticos, ha salido la reseña dos veces, aunque la primera aparece con el texto incompleto. McLuhan, que desde su cielo se ríe de mí conmigo… 🙂

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Bartleby y compañía (Enrique Vila-Matas)

El gran Otis B. Driftwood (no sé cuántos de ustedes se habrán percatado de que el enlace a la página de Otis está mal. Ya lo he arreglado. Mil disculpas por las molestias!) y yo nos entrecruzamos lectoramente y leímos dos libros diferentes de Vila-Matas a la vez. De ahí que decidiéramos entrecruzarnos también las reseñas… He aquí la que Otis escribió sobre Bartleby y compañía y con la que me hace el honor (y a vosotros como lectores) de participar en mi saloncito. Os dejo con él:

Reseña literaria: Bartleby y Compañía
Enrique Vila-Matas, Barcelona, 2000
Ed. Anagrama (Colección Quinteto)

La vanidad y la modestia. La pérdida de fe, la falta de convicción o la reafirmación en ella. La pereza y la desidia con todos sus grados intermedios o la hiperactividad. Razones todas ellas, contradictorias algunas, que pueden llevar a un escritor a sufrir el síndrome de Bartleby.

Bartleby es un personaje de un relato de Hermann Melville, un oficinista que es el paradigma del “no hacer”. Ese personaje o, mejor dicho, su carácter, es el que toma Vila-Matas para explicar un síndrome que afecta a los escritores que deciden dejar de escribir por cualquiera de las razones enumeradas arriba, o por ninguna de ellas en particular. En sus pequeñísimos capítulos, estructurados como si fuera un compendio de notas a pie de página, el autor nos va presentando a diversos autores, algunos casi míticos y otros completos desconocidos, explicándonos por qué unos dejaron la literatura (o, más bien, la negaron, y de ahí la expresión “literatura del NO”) y por qué otros, con mucho potencial, jamás publicaron nada. Así, durante las doscientas páginas viajamos desde Arthur Rimbaud hasta Juan Ramón Jiménez, pasando por gente que nunca escribió como Joseph Joubert e incluso personajes de ficción que representan extremos dentro de la literatura del NO, como Paranoico Pérez, convencido de que Saramago es un plagiario de sus ideas y que por eso no escribe, para que no se las robe.

Dentro de su estilo ligero y un puntito (o puntazo) surrealista, Vila-Matas se intercala a sí mismo como personaje dentro de este ¿ensayo? postulándose como escritor del NO, colocando a un filósofo, Derain, como contrapunto humorístico que le confirma o le revienta sus tesis e hipótesis literarias por un módico precio y que sirve de puente para definir distintas formas de analizar a estos escritores. Con afirmaciones sorprendentes como la que se refiere a los suicidas (que no cuento para no reventar la sorpresa), nos va asociando a cada escritor con cada excusa para no escribir, bien sean éstas explícitas (verdaderas o falsas), bien haya motivos implícitos (igualmente falsos o verdaderos).

Lo primero que se le pasa por la cabeza al lector cuando se sumerge en este libro – que, como es habitual en su autor, es áspero para comenzar y mucho más fluido una vez dentro – es una pregunta: “¿Seré un escritor del NO? ¿Seré acaso un Bartleby, maestro?” Para mí es la genialidad que tiene, el remover las entrañas de quien lee para hacerle pensar en la posibilidad de escribir, y mucho mejor, de dejar de escribir. Pues si Wilde decía que lo mejor es que hablen de uno aunque sea mal, Vila-Matas afirma indirectamente que lo máximo a lo que aspira un escritor es a que hablen de él por dejar de escribir, o incluso sin haber escrito nada.

En este sentido creo que todo lector es, en cierta medida, un escritor que no escribe. Conozco muy poca gente a la que, cuando les digo que voy a escribir una novela, no se paren en ese momento a pensar detenidamente en la suya propia. Son apenas unos segundos de silencio que resultan más elocuentes que cualquier conversación sobre libros. Y la experiencia – propia y ajena – me dice que somos más francos, abiertos y sinceros cuando nos enfrentamos a nuestras propias ideas puestas en el papel. Quizás por eso tengamos tanto miedo a escribir. No porque los demás se rían de lo que escribimos, sino porque nosotros mismos no seamos capaces de reírnos de ello. El mundo está plagado de futuros escritores del NO. Y sospecho que Vila-Matas pensó en ellos al escribir este libro. Y es que es un libro que merece la pena releer, aunque cueste entrar en él. Es de los que se te quedan dando vueltas en la cabeza, como cuando estamos un rato viendo cómo centrifuga la lavadora sin saber por qué. En definitiva, perfecto para cualquier especie de Bartleby que pulule por la Tierra. Y casi habría una por cada ser humano.

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Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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La era del acceso (Jeremy Rifkin)

¡Sorpresa! Voy a reseñar un libro que no me ha gustado. Normalmente suelo elegir bien los libros que me leo (y que no me leo, je), así que tengo un cierto éxito garantizado. Pero éste me lo mandaron leer en la Universidad para luego poder hacer un trabajo sobre el tema que trata.

El libro en cuestión es La era del acceso y su autor es el economista estadounidense Jeremy Rifkin. . Su anterior libro es El fin del trabajo, un ensayo que se convirtió en un best-seller y en el que analizaba si el desarrollo de las nuevas tecnologías hacía peligrar el empleo de millones de personas.

La era del acceso se dedica a merodear en torno a la idea de que los seres humanos hemos entrado en una nueva era. Si anteriormente vivíamos en la era del capitalismo basado en la propiedad privada, ahora vivimos en la era del capitalismo inmaterial. Ser rico no es poseer muchas cosas, sino tener acceso a muchos servicios. Como dice Rifkin, "la riqueza ya no reside en el capital físico, sino en la imaginación y la creatividad humana".

Como el cambio es la única constante de la sociedad actual, poseer gran cantidad de propiedades no es más que estar permanentemente anclado en el pasado. Si antes las propiedades eran un cúmulo de riquezas, ahora no son más que un lastre, ya que los objetos se quedan obsoletos cada vez más rápido.

Esta es la idea básica, la del acceso como principio configurador de la vida en sociedad: el éxito y la riqueza se medirán siempre en función del acceso que se tiene a las cosas, no por la propiedad de las cosas. Así, Rifkin utiliza multitud de ejemplos y habla de los contratos que se pueden establecer con firmas automovilísticas para tener acceso a los vehículos de la marca siempre. Lo mismo sucede con las viviendas "multipropiedad", que dan derecho a utilizar un apartamento en algún destino turístico durante un cierto tiempo al año.

La otra idea es la de la mercantilización de la cultura, la conversión de las experiencias culturales en un producto hijo del capitalismo por el que hay que pagar. Rifkin comienza esta segunda parte del libro haciendo referencia a la película El show de Truman para hacer una reflexión sobre cuánto de impostura hay en nuestra relación con los demás y con las cosas y sobre la banalización que está sufriendo la cultura.

Para defender la primera idea, Rifkin utiliza un sin número de ejemplos aburridísimos y que a los europeos nos resultan bastante alejados de nuestra realidad; ignoro si a los americanos les sucede lo mismo, pero desde luego no creo que las Urbanizaciones de Interés Compartido de las que habla Rifkin (un lugar donde vive sólo la gente que tiene los mismos intereses, un nuevo guetto, vamos) estén muy extendidas tampoco en los USA; además, Rifkin se apoya muchas veces en retahílas de datos que no siempre están contextualizadas y lo hace con tal vehemencia que invita a pensar que no encuentra ninguna abstracción argumental para defender sus aseveraciones.

Por último, Rifkin intentaa lo largo de todo el libro presentar como real algo que en realidad no deja de ser una especulación. El libro presenta un orden de cosas que en realidad deberían estar escritas en futuro incierto de subjuntivo. Que la generación puntocom sufre un trastorno sobre la continuidad de la personalidad me parece que tiene un punto de catastrofista. No soy capaz de creerme, por más que me inunden el coco con datos y estadísticas, que de aquí a poco los jóvenes no tendrán un yo, sino un armario ropero lleno de "yoes" y que se lo cambiarán como las camisas, lo lavarán en la lavadora y lo tenderán a secar, con lo que los patios de luces se convertirán en un espectáculo de yoes variadísimo.

La otra gran pega que le veo al libro es que es demasiado neutral. Es cierto que Rifkin escribe un ensayo y presenta su modo de ver el mundo. Pero en realidad, nos lo pone delante de las narices como si fuese inevitable, como si fuese totalmente cierto y como si no fuese objeto posible de una valoración moral. A mí, en cambio, lo de los "yoes" colgados a secar, me asusta un poquito…

La idea de Rifkin me parece muy interesante, y creo que si, efectivamente, en unplano más económico ya se está dejando notar actualmente, Rifkin podría haber construido un ensayo más técnico, más verosímil, más riguroso, más compacto y más útil. Pero entonces no habría escrito un best-seller.

Anécdota: el otro día me pescaron en clase leyendo el libro. Como podéis ver en la foto, se parece peligrosamente al Código da Vinci. No veáis qué vergüenza 😉

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El escritor y sus fantasmas (Ernesto Sábato)

El escritor y sus fantasmas es un librillo en el que Ernesto Sábato reflexiona sobre el oficio del escritor, por qué escribir, para qué, para quién, cómo… Se trata de un conjunto de reflexiones sobre la novela y su público, sobre el escritor y sus inquietudes, sobre el lenguaje y sus barreras… Las notas que componen este libro, según Sábato,

”Tienen, en suma, algo del diario de un escritor y se parecen más que nada a ese tipo de consideraciones que los escritores han hecho siempre en sus consideraciones y en sus cartas.”

Sábato se dirige estas consideraciones, principalmente, a sí mismo, pues escribir sobre sus dudas es una forma de ir despejando los baches del camino y de averiguar efectivamente, por qué escribe. Eso no quita que nos puedan ayudar a los profanos que no escribimos a entender un poco mejor a los que sí escriben…

Una de las ideas básicas del libro, que se repite constantemente, y que da pie a muchas otras reflexiones que se construirán tomando esta como cimiento, es la concepción que tiene Sábato de la novela como “una forma de examinar la condición humana”. Sábato hace suya la concepción hegeliana del arte como “lo universal concreto” y la transporta al campo de la novela:

”Que por su misma hibridez, a medio camino entre las ideas y las pasiones, estaba destinada a dar la real integración del hombre escindido. […] La síntesis entre el yo y el mundo.”

Por otra parte, también considera que la novela es una nueva vía de conocimiento, capaz de enseñar el hombre aquellas cosas (sensaciones, emociones) que no son aprensibles ni por la ciencia ni por la lógica.

En cuanto a los escritores, Félix en Lecturas Compulsivas. Dice Sábato que la novela:

1. Es una historia (parcialmente) ficticia
2. Es un tipo de creación espiritual en que […] las ideas no aparecen al estado puro, sino mezcladas a los sentimientos y pasiones de los personajes
3. Es un tipo de creación en que[…] no se intenta probar nada: la novela no demuestra, muestra
4. Es una historia (parcialmente) inventada en que aparecen seres humanos
5. Es, en fin, una descripción, una indagación, un examen del drama del hombre, de su condición, de su existencia.”

El libro resulta encantador porque sabe pasar del mero aforismo a un comentario más extenso y al ensayo de varias páginas (el más especial es, para mi gusto, el que le dedica a los dos Borges: el intelectual y el jugador). Así, Sábato adapta la prosa a lo que sus ideas necesitan, puesto que no se ve obligado a seguir un rigor de extensión. Hay ideas iluminadas que se expresan tan sólo en diez palabras. Otras reflexiones se van desenvolviendo poco a poco y acaban por mostrarse tras todo un proceso intelectivo de varias páginas. Pero Sábato siempre utiliza las palabras justas y así evita la sensación de que se está leyendo algo demasiado farragoso, o por el contrario, algo poco explicado.

Todos los temas relacionados con la literatura, y más en concreto con la novela, tienen cabida en este librillo de reflexiones. Me ha gustado mucho el libro por su coherencia dentro de la incoherencia: las ideas se mantienen y traspasan el libro hoja a hoja, pero se presentan salteadas, desordenadas; por un lado, dejan esa sensación de espontaneidad y de haber sido escritas casi en el mismo momento de haber sido pensadas; por otra parte, la continuidad de las ideas es tal, que estos saltos no molestan; más al contrario, le dan al libro un dinamismo especial. El libro acaba siendo como una caja de sorpresas, se sabe qué ideas esperan dentro del libro, pero no se sabe qué idea te saludará a la vuelta de cada página.

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Vendrán más años malos y nos harán más ciegos

Prólogo
(Campana vespertina.)
Vendrán más años malos
y nos harán más ciegos;
vendrán más años ciegos
y nos harán más malos.

Vendrán más años tristes
y nos harán más fríos
y nos harán más secos
y nos harán más torvos.

Me compré este librito en Barcelona por diversas causas. Por un lado, porque no había nada de Rafael Sánchez Ferlosio desde que me leí El Jarama hace 7 u 8 años. Por otra parte, Félix siempre ha alabado muchísimo a Ferlosio "el hipotáctico", y quería comprobar por mí misma si tenía razón o era una preferencia más sentimental que otra cosa. Por último, mientras lo hojeaba, me topé con esto:

"(Acción testimonial)La comunicación ha alcanzado tal volumen y tanta preportencia, que la noticia pesa muchísimo más que lo notificado. Las noticias son más hechos, hacen u ocurren enormemente más que los hechos mismo de los que dan cuenta. Por eso, a espaldas de la noticia que hace, se ha desarrollado, como por contrapunto, la acción que dice. La acción que sólo dice, o sólo quiere decir, la que se llama "acción testimonial", no pocas veces, cruenta, es el reverso monstruoso de la no menos monstruosa prepotencia de la noticia que hace."

La verdad es que me llamó muchísimo la atención que un escritor al que yo conectaba con el valle del Jarama, los años 50 y un enrevesamiento literario de descripción de paisajes extremeños, me plantase delante de la cara una reflexión que tanto tiene que ver con lo que estudio día a día. Por otra parte, este parrafito es una reflexión que se hacen algunos profesores de mi universidad pero expresada de una manera excelsa. Así pues, este pensamiento estableció el punto de unión entre el libro y yo, pese a que, a priori, no teníamos nada que ver.

Vendrán más años malos y nos harán más ciegos es un conjunto de relatos, aforismos, pensamientos sueltos como escritos en servilletas y poemas que sirve de desbrozadora de topicazos, de hacha para talar el pensamiento muerto y de polvos mágicos que desenmascaran la verdad. Son aforismos que a veces acusan, a veces se lamentan, otras veces enuncian pausadamente una verdad que nadie se atrevía a admitir; otras veces, gritan impotentes, otras se conforman con jugar con el lenguaje… Hay de todo y para todo tipo de lectores siempre que esos lectores sean amantes de la verdad sencilla y sin tapujos, enemigos del autoengaño, luchadores contra lo políticamente correcto pero inútil o engañoso, admiradores de la belleza del castellano bien usado, capaces de concentrarse en largas frases interminables y ávidos por aprender nuevas palabras y nuevas formas de ver ciertas realidades.

Es difícil dividir el libro en secciones. Sí que se puede llamar la atención sobre la minuciosa descripción de "Cuatro Paisajes Imperiales" que son la Gran Muralla China, el pensil sobre el Yang-Tsé, El Teatro Marcello de Roma y unas ciertas ruinas cantadas por Rodrigo Caro Baroja (Itálica). Lo que me llama la atención de estos paisajes es que le sirven de pretexto, o más bien, le sirven de huso en que hilar una idea moral.

Vendrán más años malos… es una miscelánea de textos que me recuerda mucho a esto de los blogs… (o quizás debería ser al revés); pero como habéis visto más arriba, o en el texto que utilicé para el acertijo; las reflexiones vienen precedidas por una señal temática. Ferlosio tiene muchísimas: "Anti-España", "Usos", "Ver y Mirar" "Ideologuemas", "La Edad de Oro", etc. El caso es que bajo estas categorías, engloba pensamientos breves y certeros,a veces con forma de poema o de relato, que producen todos la sensación de ser un chispazo momentáneo, un "cortocircuito de Azuíta", una breve iluminación sobre un asunto que antes estaba a oscuras… A veces repite los temas, otras veces no, pero como en esto de los blogs, cada idea, cada pensamiento es autónomo y libre de los demás, pero también ayuda a conformar un texto mayor, el libro entero. Se trata por lo tanto, de un texto en el que cada frase dialoga con las demás y todas ellas dialogan a la vez formando el libro. Más que un libro, una aventura emocionante de ésas que puedes empezar a leer por donde quieras…

La verdad es que no soy capaz de decidirme por alguno de los comentarios para mostrar con él lo certero del pensamiento de Ferlosio y lo bello de su expresión. Me ha encantado todo él por la limpidez de su sentido común, por lo socrático de sus pensamientos y lo sobrio (pese a las frases que se incardinan unas en otras) del lenguaje utilizado. Creo que a mi madre, gran amante de los clásicos, le encantaría este libro.

Dejo aquí algunas de estas reflexiones. Pueden resultar muy polémicas porque, a mi modo de ver, el sentido común lo es. (Que se lo pregunten a Sócrates y a su Cicuta):

"(Incitación) ¿Pero qué necesidad había, digo yo, de inventarse un delito tan artificioso como el del ultraje a la bandera? Si al acto de quemar una bandera se le quitase el carácter de delito, quedaría privado de tal modo de sentido y aliciente, que a nadie se le pasaría por las mientes tomarse la molestia y aceptar el dispendio de ir a la pañería y soltar cuarenta duros por dos metros de tela rojigualda por el vano o dudoso placer de quemarlos en la plaza. Si es verdad que las leyes penalizan un acto para evitar que se cometa, he aquí un acto con respecto al cual la impunidad o la despenalización sería mucho más definitivamente disuasoria que la pena."

No me digan que el sentido común no es muy transgresor… (no sigamos reflexionando respecto de esto porque nos podemos poner muy tristes, no sé si me captan ;-)He puesto en negrita una frase que me parece maravillosa: por la construcción, por la idea y por las palabras utilizadas. (Dispendio, dispendio, dispendio… ¡qué lindo!)

Y esta otra reflexión tan brillante sobre la palabra:

"(Palabras-fuerza). No hay razón sin palabras, pero tampoco puede haber sin ellas fanatismo. En la palabra se manifiesta la salud de la razón, pero, a su vez, el fanatismo siempre aparece como una enfermedad de la palabra, una especie de inflamación absolutista de los significados. […]"

Eso sí, inflamadas de sentido común están todas y cada una de las palabras de Ferlosio en este libro. Gracias, Félix.

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