La Comida de las Fieras, Jacinto Benavente

Comedia de Jacinto Benavente (1866-1954) estrenada en 1898 por los actores Cobeña y Thuiller. Recoge el tema de la descomposición y de­cadencia de las casas y linajes de la nobleza venidas a menos. Sencillamente, en la subasta de los objetos que para los «leales» del servicio de la marquesa de San Severino son cosa sagrada (armaduras, cuadros, si­llones), dramatiza el autor la tragedia de los nobles arruinados, mezquina, ruinmente: «En otros tiempos una grandeza como ésta podía caer un día por capricho o por ven­ganza de un soberano, era un derrumba­miento grandioso; no esté hundirse… a fuer­za de goteras y desconchaduras». La pluma del escribano va deshaciendo lo que antes cortaría públicamente el hacha del verdugo del rey. Los descendientes frívolos malgastan las reliquias de los abuelos. Como en tan­tas comedias de Benavente, el tema del amor salva la fatalidad social. La reconciliación de Victoria e Hipólito (los verdaderos pro­tagonistas de la obra) une en su auténtico cariño, en su felicidad íntima, los restos de la fortuna derrochada y el linaje empobre­cido. En un pequeño cuarto en- París, re­hacen su vida, como epílogo al drama que transcurre entre espejos descolgados y cua­dros y esculturas embaladas. Se ha pensado que Benavente basó en sucesos reales de nobleza arruinada el tema de la comedia. Se menciona, como posible fuente real, la caída de la casa de los Duques de Osuna, en la Literatura de Fitz-Maurice Kelly.

A. Valbuena Prat

La Comedia sin Título, Angelo Beolco

[La commedia senza titolo]. Composición dramática en verso (estrofas tetrásticas de octosílabos ri­mados) del paduano Angelo Beolco, llamado el Ruzzante (1502-1542). Está escrita, igual que casi todo el teatro de Beolco, en dialecto paduano y corresponde al grupo de las co­medias dialectales escritas entre 1520 y 1529. Obra notable por el brío y la comicidad, no es, sin embargo, de las que más fama die­ran al autor. Filio ama a Betia y logra es­capar con ella, ayudado por Nale, que, aun­que casado, desea a la muchacha. Después de las bodas, Nale pretende para sí a la muchacha, pero Filio le aleja a estacazos, y Nale es tenido por muerto, tanto que su mujer se apresta a celebrar nuevas bodas con Menegazzo. Pero reaparece Nale, pri­mero bajo el aspecto de sombra infernal, luego como hombre vivo y coleando, y todo se arregla, proponiéndose de ahora en ade­lante vivir los cuatro en cierta promiscui­dad de vida.

M. Sansone

Comedias de Estacio

[Comoediae]. To­das ellas son fragmentarias, de argumen­to y ambiente griego, llamadas, por el vesti­do de los actores, «paliadas». Compúsolas Cecilio Estacio (2209-166? a. de C.), casi to­das a imitación de las Comedias de Menandro, de las que a veces el latino traducía para el público romano hasta los títulos: Júpiter Etéreo [Aethrio], Los hábitos viriles [Andrea], El Hermafrodita [Androgynos], El pródigo [Asotus], La fragua del herrero [Chalcia], La moneda de oro [Chrysion], El Troyano [Dardanus], El esclavo Davos [Davos], Los protegidos [Demandati], El Efesio [Ephesio], El heredero [Epicleros], El in­quilino [Epistathmos], La carta [Epistula], El hombre fuerte [Ex hautu hestos], El des­terrado [Exul], El engaño [Fallada], El ma­trimonio [Gamos], La ladrona [Harpazomene], Himnida [Hymnis], El hijo supuesto [Hipobolimaeus sive Subditivus], Los habi­tantes de Imbros [Imbrii], La moza de Caria [Karine], La cortesana [Meretrix], El nauta [Nauclerus], El espurio Nicasio [Nothus Nicasio], El usurero [Obolostates Foenerator], Pausímaco [Pausimachus], La amada [Philumena], El collar [Plocium], Los vendidos [Polumeni], El recaudador [Portitor], El no­vio [Progamos], El púgil [Púgil], El señal de reconocimiento [Symbolum], Los convi­dados [Synaristosae], Los compañeros de los muchachos [Synephebi], Los Siracusanos [Syracusii], La nodriza [Titthe], El triunfo [Triumphus].

En una de éstas, El collar, co­media imitada de la homónima de Menandro, aparece la eterna discordia de los mal casados, unos viejos que se lamentan de los enojos del matrimonio. Sus mujeres, excep­tuando la dote, tienen todo lo que no es deseable. Y la una, después de haber acu­sado al marido de relaciones amorosas con una esclava, no paró hasta lograr que la vendiera, ufanándose después de haber lo­grado privar al marido de su favorita. Tales son las charlas en los corros femeninos, mientras el pobre marido se convierte en blanco de las calumnias y befas de las mu­jeres. La mujer del otro no es ciertamente mejor, pues su solo recuerdo causa fastidio al marido. El teatro de Estacio es un teatro de personajes generalmente seniles: a dife­rencia del de Plauto, no logra el éxito a base de chistes y donaires, sino que prefiere conquistar a un público culto y de buen gusto con la pintura delicada de caracteres, con la garbosa exposición de intrigas y con un refinado esmero en los detalles. Estacio encontró en el actor Ambivio Turpión un convencido colaborador, el cual, continuan­do después su cruzada en pro de un teatro nuevo antipopular e intelectual, pasará más tarde a ser el primer cómico de Terencio.

F. Della Corte

Comedias de Epicarmo

Es­critas en dialecto dórico-siciliano. Cono­cemos de ellas una cuarentena de títulos, pero sólo poseemos fragmentos. Antes de las obras de Epicarmo (525-431 a. de C.), la co­media griega se limitaba a escenas de breve duración, poco orgánicas y hasta a veces desprovistas de trama. Epicarmo comprendió que una producción teatral de esta índole no podía satisfacer las exigencias de un público siquiera mediocremente culto. Homero pro­porcionaba el material para fáciles parodias y con Homero todo el ciclo troyano, que venía siendo desarrollado con elevado tono patético por la tragedia ática contemporá­nea. Las más importantes comedias de Epi­carmo son: Ulises desertor, Ulises náufrago, El Cíclope , Las Sirenas, Los Troyanos, Filoctetes (ciclo troyano); Busírides, Hércules a la conquista del cinto, Hércules junto a Folo, Las nupcias de Hebe (ciclo herácleo); Las Bacantes, Los Dionisios, (ciclo dionisíaco). Además de estas comedias de argumento mítico, Epicarmo probó tam­bién el teatro de argumento actual. Pero por lo general eran breves ensayos de un es­píritu humorístico, a base del contraste de tesis opuestas, personificadas por hombres en actitudes contrapuestas: Tierra y mar, Esperanza o riqueza, Fiesta e islas, Logos y Loguina.

En ellos debían prevalecer los elementos sociales: isleño de nacimiento, Epicarmo había conocido el antagonismo existente entre la vida marinera y la vida agrícola y la lucha por la supremacía de uno o de otro bando; con estos elementos había moldeado su comedia. Pero los esca­sos fragmentos conservados no permiten de­finir su posición al respecto. Es probable que él, después de haber expuesto las tesis opuestas, se atrincherase detrás de un agnos­ticismo filosófico derivado de las escuelas eleáticas, pitagóricas y acaso del mismo Heráclito. Aunque estilísticamente no merecie­ra la aprobación de los literatos griegos por una cierta prolijidad, la obra epicármica se impuso a la admiración de los siglos; y cuan­do se quiere elogiar el movimiento de la acción dramática de Plauto se dice que se aproximaba al modelo siciliano, y por tanto a Epicarmo. Carentes de coro, las Comedias de Epicarmo no introducían muchos perso­najes en la escena, pero estos pocos tenían todos una parte de primer plano y de fuerte caracterización cómica.

F. Della Corte

La Comedia Nueva o El Café, Leandro Fernández de Moratín

Co­media en dos actos y en prosa de don Leandro Fernández de Moratín (1760-1828). Fue estrenada en el Teatro del Príncipe el 7 de febrero de 1792. Tuvo el autor algunas difi­cultades para el estreno por ser sabido en­tre las gentes de teatro que se trataba de una sátira literaria contra el teatro del tiem­po, y señalarse personas que pudieron ser­vir de modelo a los personajes. En la Adver­tencia que Moratín puso al frente de la pri­mera edición (1792) protesta de tales su­puestos. «Esta comedia — dice — ofrece una pintura fiel del estado actual de nuestro teatro; pero ni en los personajes, ni en las alusiones se hallará nadie retratado con aquella identidad que es necesaria en cual­quier copia, para que por ella pueda indicarse el original.» Pese a esta protesta, desde el primer momento se señalaron las personas a que aludía, y era la principal don Lucia­no Cornelia, disparatado dramaturgo, muy en candelero en aquellos días, de sistema li­terario (si tenía alguno) totalmente opuesto al de Moratín.

Sabemos por testimonio de éste que Cornelia acusó a La comedia nueva de libelo difamatorio y logró entorpecer los trámites para la representación, que se efec­tuó al fin en la fecha dicha por la compa­ñía de Ribera. Un autor novel (Cornelia) va a estrenar una comedia, El gran cerco de Viena, y en el café (el de la Fonda de San Sebastián) se espera con gran ilusión el estreno que a más de la fama ha de pro­porcionar recursos pecuniarios al autor y facilitar la boda de su hija con don Hermógenes (Cristóbal Cladera), delicioso pe­dante en el que Moratín crea uno de los personajes cómicos más graciosos de nues­tra escena. El fracaso previsto sume a todos en la mayor consternación y remedia la si­tuación don Pedro, asistente al café, hom­bre de fortuna, entendimiento y corazón que tras pronosticar el fracaso remedia sus consecuencias protegiendo a la familia del dramaturgo. La comedia puede servir de modelo de sátira literaria; ha sido traducida al francés, italiano y alemán, y dentro de su línea intencional no creo que se encuen­tre, en castellano, ninguna que la supere.

J. M.a Cossío