Nueva Idea de la Tragedia Antigua o Ilustración al Libro de la Poética de Aristóteles

Obra del humanista español Jusepe Antonio González de Salas (1588- 1654), publicada en 1633. Es un comentario muy independiente de la Poética del estagirita, el cual se distingue por su espíritu de libertad y de amplitud en cuanto a la doctrina, y por la erudición de sus noticias sobre mil aspectos de la cultura clásica (Música, Histrionismo, Danza, Pantomima, etc.)—dicen los señores Hurtado y Gon­zález Palencia en su crítica literaria —; su obra, más que «idea de la tragedia antigua», es ilustración al libro de la Poética de Aris­tóteles, puesto que comenta esta preceptiva, pero no las obras de Esquilo, Sófocles ni Eurípides; su amplitud de criterio se ma­nifiesta respecto a las comedias españolas de su tiempo; véanse sus significativas pa­labras: «No crean haber de estar necesaria­mente ligados a los antiguos preceptos ri­gurosos.

Libre ha de ser su espíritu para poder alterar el arte, fundándose en leyes de naturaleza… El juiciosamente docto, con su madura observación, podrá alterar aque­lla Arte (se refiere a la Poética de Aris­tóteles), y mejorarlas, según la mudanza de las edades y la diferencia de los gustos, nunca los mismos… Comedias tenemos hoy de los griegos y de los latinos… que si se representaran en nuestros teatros… de nin­guna manera nos deleitaran…»

C. Conde

El Movimiento Poético Francés de 1867 a 1900, Catulle Mendès

[Le mouvement poétique français de 1867 à 1900]. Obra crítica de Catulle Mendès (1841-1907), publicada en 1903: está constituida en realidad por un «informe» al Ministro de Instrucción Pú­blica y Bellas Artes, un amplio diccionario bibliográfico y crítico, y una nomenclatura cronológica de la «mayor parte de los poe­tas franceses del siglo XIX».

La viva parti­cipación del autor en la literatura de su tiempo, con el grupo de los Parnasianos, y una continua y cordial amistad con los representantes de todas las escuelas poéti­cas, comunica agilidad a su tratado, y le da un tono narrativo y expositivo, más bien que crítico. Enlazando con otro «informe», el escrito por Gautier en 1867, Mendès valo­ra las actitudes de la poesía moderna y dis­tingue sus varias fases intentando compren­der el espíritu de los grandes líricos de principios de siglo. Bastaría por todos la figura de Baudelaire para indicar la razón de ser de una nueva era de la literatura. El crítico quiere razonar y distinguir, pre­firiendo la vida de la poesía a teorías y programas de escuela; y este razonamiento, característico en un viejo parnasiano, per­mite al escritor juzgar con bastante ecua­nimidad las diversas experiencias de poesía, hablando de la tendencia a «futurizar» («futuriser»: notable muestra de anticipa­ción con respecto a Marinetti y su movi­miento de un lustro más tarde) junto a la tendencia a «atesorar»; como es el caso, por ejemplo, de France, valorado como fino cincelador, en sus poesías y en sus prime­ras novelas.

Sus opiniones acerca de Ver­laine y Mallarmé, de Rimbaud y de La­forgue, así como sobre Corbière y Samain son, en general, notables porque se pro­ponen apreciar el aspecto humano de sus buceos en la poesía, dirigidos a no renegar la vida por las manifestaciones del arte. Pero si los simbolistas se equivocaron al creer que habían inventado el símbolo (del cual hay vivos testimonios en la poesía de todos los tiempos), otros, como los poetas «naturistas», afirman sin demasiada firmeza haber descubierto la naturaleza. Sea como fuere, concluye escépticamente el crítico, después del esplendor de los genios román­ticos, a los que se añadieron las glorias parnasianas, no ha surgido ningún poeta que sea digno del consenso universal. Esta obra señala y examina numerosas corrien­tes y grupos literarios hasta 1903, con algún apéndice añadido durante la impresión. Por esto aún hoy es interesante, tanto por sus juicios como por su recopilación de mate­riales para una nueva sistematización his­tórica de tendencias y de personalidades.

C. Cordié

Máximas y Reflexiones sobre la Comedia, Jacques-Bénigne Bossuet

[Maximes et réflexions sur la comédie]. Obra polémica de Jacques-Bénigne Bossuet (1627-1704), publicada en 1694. Habiendo sostenido un teatino, el P. Caffaro, que los ataques de los Padres de la Iglesia contra los espectáculos no se po­dían referir al teatro del siglo XVII, Bos­suet le indujo, con una severa carta, a retractarse de tales ideas que, según su pa­recer, minaban la ortodoxia católica. Des­arrollando sus argumentos moralistas en es­tas Máximas, el obispo de Meaux trata de poner de manifiesto las infamias que el teatro oculta bajo el disfraz de su vida mundana. Las obras teatrales no solamente son culpables porque ponen en ridículo las virtudes, y enseñan los vicios y las culpas de la vida, sino especialmente porque exci­tan las pasiones encendiendo en los cora­zones unos deseos y tormentos que quieren después encontrar una manifestación en la misma sociedad. Es interesante en este es­crito la referencia a las «infamias» y a las «iniquidades» de las comedias de Mo­lière. La obra entronca con la tradicional condena de los espectáculos por parte de la Iglesia, añadiendo a la polémica la con­vicción, que asume en su estilo una fuerza elocuente, de contribuir a reforzar la uni­dad de los dogmas y de las costumbres de su tiempo.

C. Cordié

Las Máscaras, Ramón Pérez de Ayala

Obra crítica del gran narrador español Ramón Pérez de Ayala (1880-1962), en dos volúmenes, editados en 1918 y 1919. El volumen segundo es mucho más importante que el primero. En toda la obra se va de lo afirmativo a lo negativo.

La crítica sobre Benavente — tan en auge por aquellos años —, si bien inteligente y sagaz, resulta demasiado apasionada, para terminar en negativa. Por el contrario, la comprensión del sentido dramático de Pé­rez Galdós resulta una valiosa aportación a los juicios de valor coetáneos. Pérez de Ayala sintió hondamente lo original, lo esencial de la intensidad dramática del no­velista padre de la novela contemporánea. En todo momento Pérez Galdós alcanzó la admiración que merecía, por parte de Ra­món Pérez de Ayala. Los comentarios sobre Lope de Vega — en el volumen segundo — y el ensayo estético sobre el camino del teatro poético (del cual nos habló bastante en Troteras y danzaderas (v.) al ocuparse del estreno de Teófilo, el poeta) son magní­ficos. A veces su ironía o su repulsa resul­tan excesivas, como cuando se ocupa de Oscar Wilde; otras veces eleva la personal interpretación creadora sobre la mediana obra que comenta, como cuando se refiere al tipo de Don Juan, de los Quintero, La verdad es que las ideas estéticas de Pérez de Ayala se centran en la acción misma de sus novelas. Para Valbuena Prat, Pérez de Ayala es la cultura amplia, extensa e in­tensa. Hasta en detalles de erudición e his­toria, como en la significación — por ejem­plo— de Juan de la Cueva en nuestro tea­tro, con visión certera Pérez de Ayala va a lo esencial. Como buen descendiente del 98, analiza y ahonda en lo que ve con ojos de pintor y mente de pensador.

C. Conde

Las Máscaras, Ramón Pérez de Ayala

Obra crítica del gran narrador español Ramón Pérez de Ayala (1880-1962), en dos volúmenes, editados en 1918 y 1919. El volumen segundo es mucho más importante que el primero. En toda la obra se va de lo afirmativo a lo negativo. La crítica sobre Benavente — tan en auge por aquellos años —, si bien inteligente y sagaz, resulta demasiado apasionada, para terminar en negativa. Por el contrario, la comprensión del sentido dramático de Pé­rez Galdós resulta una valiosa aportación a los juicios de valor coetáneos. Pérez de Ayala sintió hondamente lo original, lo esencial de la intensidad dramática del no­velista padre de la novela contemporánea. En todo momento Pérez Galdós alcanzó la admiración que merecía, por parte de Ra­món Pérez de Ayala.

Los comentarios sobre Lope de Vega — en el volumen segundo — y el ensayo estético sobre el camino del teatro poético (del cual nos habló bastante en Troteras y danzaderas (v.) al ocuparse del estreno de Teófilo, el poeta) son magní­ficos. A veces su ironía o su repulsa resul­tan excesivas, como cuando se ocupa de Oscar Wilde; otras veces eleva la personal interpretación creadora sobre la mediana obra que comenta, como cuando se refiere al tipo de Don Juan, de los Quintero, La verdad es que las ideas estéticas de Pérez de Ayala se centran en la acción misma de sus novelas. Para Valbuena Prat, Pérez de Ayala es la cultura amplia, extensa e in­tensa. Hasta en detalles de erudición e his­toria, como en la significación — por ejem­plo— de Juan de la Cueva en nuestro teatro, con visión certera Pérez de Ayala va a lo esencial. Como buen descendiente del 98, analiza y ahonda en lo que ve con ojos de pintor y mente de pensador.

C. Conde