Crítico y narrador húngaro, n. el 22 de febrero de 1861 en Debrecen; m. el 28 del mismo mes de 1932 en Budapest. Colaboró en su juventud en la revista de vanguardia A Het, y a continuación fue uno de los defensores más significativos del modernismo de los «occidentalistas» agrupados en tomo a la revista Nyugat, de Ignotus y Andrea Ady.
Al mismo tiempo, se reconocían sus méritos por parte de los círculos literarios «oficiales», representados por la Academia de Ciencias, por la Sociedad Kisfaludy y por la Sociedad Petofi, todas las cuales lo hicieron socio suyo.
Espíritu superior, escéptico y, sin embargo, constructivo, independiente, se mantuvo por encima de las enconadas luchas ideológicas entre conservadores y radicales, y sin salir del campo estrictamente estético ejerció el cargo de crítico, de modo que sus juicios imparciales, anclados en un vasto saber y en una fecunda sensibilidad artística, redundaron en beneficio de ambas partes adversas y sus ideas contribuyeron ampliamente a aclarar la confusión de conceptos propia del arte y de la literatura de la época.
No fue tan amplia la aceptación que Ambrus encontró en el público con sus novelas (El rey Midas, v.; Giroflé y Giroflé, etc.) y con sus cuentos llenos de motivos nuevos y tal vez por ello desconcertantes, en los que dio ejemplo de arte noble y refinado.
Procedente de la clase burguesa de artistas, escritores, actores (durante la primera guerra mundial y las revoluciones fue director del Teatro Nacional de Budapest), investigó los problemas de la vida burguesa, preferentemente de los artistas, con una decidida tendencia al análisis que, juntamente con la abundancia de reflexiones no exentas de una ironía sosegada e indulgente, nos hacen pensar en sus grandes modelos, Maupassant, Flaubert y Anatole France.
E. Várady

