William Harvey

Nació en Folkestone el 1.° de abril de 1578 y m. en Hempstead el 3 de junio de 1657. Realizó sus primeros estudios en Cambridge, y luego, deseoso de perfeccionarse en la Medicina, marchó a Padua, atraído por la fama internacional de que disfrutaba entonces aquella Univer­sidad. Estudió Anatomía con el célebre Fabrizio, de quien probablemente recibió in­formaciones respecto de las disecciones de Vesalio (v.), que inducían a poner en duda la exactitud de la teoría galénica sobre la circulación de la sangre. Doctorado en Me­dicina en 1602, volvió a Inglaterra, y se ins­cribió en el Real Colegio de Médicos en 1607. En 1609 llegó a director del Hospital de San Bartolomé, de Londres.

Interesado por las investigaciones de mecánica que en­tonces se llevaban a cabo en su país y por el método experimental que también allí se difundía con pleno éxito, aplicó una aguda crítica a las concepciones tradicionales rela­cionadas con la producción y la circulación de la sangre, y se convenció de que él hí­gado no podía producirla (como en aquella época se creía, de acuerdo con la autoridad de Galeno) en tan gran cantidad, y de que, por ende, el volumen de ese humor vital existente en el cuerpo debía de ser poco más o menos, siempre el mismo circulando, y purificándose periódicamente en los pul­mones. La analogía mecánica del corazón con una bomba completó su concepción, que expuso en 1616 en un curso de lecciones celebrado en el Colegio de Médicos, y luego en una obra, publicada en 1628: Ejercicios anatómicos sobre el movimiento del cora­zón y la sangre de los animales (v.). La divulgación de su teoría le valió una gran fama; y, así, llegó a médico de cabecera del rey Carlos I, al cual le unieron una gran familiaridad y una fidelidad mantenida in­cluso durante la revolución.

En los años siguientes permaneció en Londres (salvo en el curso de dos viajes, uno de ellos a Ita­lia, en 1629-32, y el otro a Austria, en 1635), entregado al ejercicio de su profesión y a nuevas investigaciones naturalistas, esta vez acerca del problema de la generación. Va­liéndose de los animales del parque de caza puestos a su disposición por el rey, llevó a cabo una serie de experiencias sobre tan importante cuestión, y llegó a la conclu­sión, típica de la escuela italiana, según la cual todo ser viviente proviene de un huevo («omme vivum ex ovo»). Respecto de ello escribió las Exercitationes de generatione, que permanecieron inéditas hasta 1650, año en el cual su discípulo G. Ent logró obtener el manuscrito y el permiso para su publi­cación. Mientras tanto, había estallado la revolución que llevaría al patíbulo a Car­los I; durante las guerras que siguieron, de 1639 a 1646, H., en pos del rey, estuvo en Escocia y Oxford. En 1646, rendida esta última ciudad a Fairfax, volvió a Londres y abandonó todos sus cargos; en adelante, vivió retirado y casi siempre en el campo. En 1654 fue elegido presidente del Colegio de Médicos, pero renunció a tal honor. Falleció tres años después.

G. Preti