Vladimir Galaktionovich Korolenko

Nació el 15 de julio de 1853 en Jitomir y murió en Poltava el 25 de diciembre de 1921. Su padre era juez y pertenecía a una familia cosaca; la madre procedía de un linaje noble de Polonia. El muchacho fue creciendo en pequeñas ciudades de población mezclada — polaca, ruso-ucraniana y ju­día —, en lugares de agitada tradición his­tórica y en un ambiente de recuerdos lite­rarios románticos; todo ello le preparó para la atmósfera propia de Rusia, donde, entre 1860 y 1880, se daban intensamente las tendencias sociales de matiz altruista. En 1871 fue a estudiar al Instituto de Tecnolo­gía de San Petersburgo; luego pasó a Moscú, de cuya Escuela de Agricultura viose ex­pulsado con motivo de su ingreso en una asociación política de carácter secreto.

Por aquel entonces inició la publicación de sus primeras narraciones, o, más bien, esbozos, que permiten ya vislumbrar la formación del ardiente «populista» de los años siguien­tes. Detenido en 1879 y desterrado al nor­deste de Siberia, en 1885 obtuvo el permiso necesario para volver a Rusia; establecido en Nijni-Novgorod, vivió en esta ciudad casi a lo largo de un decenio y compuso la mayoría de los textos narrativos que le die­ron notoriedad: El sueño de Makar (v.), El músico ciego (v.), En mala, compañía (v.), Susurros del bosque, etc. Cuando en 1891 se produjo la gran penuria de la Rusia meridional participó en las actividades de socorro; luego confió sus propias impresio­nes acerca de ello en el libro El año del hambre, en el que aparece también su tem­peramento de luchador en favor de las causas sociales, posición que se afirmaría en los años sucesivos, en particular por su par­ticipación activa en la defensa de algunos judíos acusados de asesinato ritual, en 1895.

En el año 1893 realizó un viaje a América, y en 1896 volvió a San Petersburgo, donde colaboró en la revista de los «populistas» La riqueza rusa. Muy pronto, empero, como no lograra aclimatarse, trasladóse nuevamente al sur, a Poltava, y aquí permaneció más de veinte años, de 1900 a 1921, compuso otras narraciones y, sobre todo, participó a través de escritos y acontecimientos diver­sos en la vida social rusa; en Casa n.° 13 (1903), por ejemplo, discutió el «progrom» de Charkov, en La tragedia de Sorochincy (1906) la reacción que siguió al fracaso revolucionario de 1905, etc. Gran eco tuvo también la oposición de Korolenko a las leyes militares y a la pena de muerte. Debido a la frecuencia de sus viajes, la guerra sorprendióle en el extranjero; volvió a Rusia a fines de 1915, época a la cual corresponde su defensa de los judíos. Estallada la revo­lución de 1917 escribió La caída del poder zarista, y, tras el golpe de estado bolche­vique, una serie de cartas a A. V. Lunacharski acerca de los peligros a que se veía expuesta la cultura con el destructivo movimiento revolucionario. A su muerte trabajaba todavía en su obra principal: las memorias tituladas Historia de un contem­poráneo mío (v.).

E. Lo Gatto