Theodor Karl Körner

Nació en Dresde el 23 de septiembre de 1791 y murió en Gadesbuch, cerca de Schwerin, el 26 de agosto de 1831. Era hijo del magistrado y escritor Gottfried Körner, hombre extraordinariamente fino y culto en cuya casa se hospedó largo tiempo Schiller, y que mantuvo contacto con las principales figuras de su época, entre ellas Mozart, Goethe, Humboldt, Novalis, Friedrich Schlegel y Kleist. Körner mostró ya desde niño un talento poco común, y toda­vía adolescente empezó a dedicarse a la poesía. Luego de haber frecuentado la es­cuela en su ciudad natal, ingresó en la Academia de Ciencias Mineras de Freiberg, de acuerdo con la predilección de los ro­mánticos hacia este género de estudios. Pasó después a la Universidad de Leipzig; pero sus turbulencias de estudiante le valieron la expulsión de la facultad y de la ciudad.

Marchó entonces a Viena, y desde allí escri­bió a su padre para informarle de la interrupción de sus estudios; en adelante, su ocupación iba a ser la poesía. Cambió el nombre de pila, Karl, por el de Theodor, y se dedicó al teatro. Sus primeras obras — comedias breves, entre ellas La institutriz (v.), y dramas como Zriny (v.) y Toni — dieron rápida fama al poeta, que entonces contaba sólo veintiún años. Tuvo relaciones amorosas con la actriz Toni Adamberger, y fue nombrado poeta del teatro de la corte, puesto que anteriormente ocupara Kotzebue. Cuando proyectaba ir a Weimar para per­feccionarse bajo la guía de Goethe, la lla­mada del rey de Prusia a la guerra liberta­dora le indujo a alistarse en las filas de los voluntarios; y así, en marzo de 1813 salió de Viena y unióse en Breslau al cuerpo de ejército del mayor Von Lützow. El entu­siasmo juvenil inspiróle una serie de cantos llenos de ardor patriótico y bélico, reunidos luego por su padre bajo el título Lira y es­pada (v.).

Aparecieron entonces las mejores cualidades poéticas de Körner; anteriormente literato de escasa importancia, romántico y agradable, evocador de las maneras de Schiller e incluso de Kotzebue, convirtióse, debido a la guerra, en el Tirteo alemán, en símbolo del joven luchador caído por la libertad de la patria. La gran fama de Körner se debe más bien a su fin heroico que al mérito artístico de sus versos, en los que, con frecuencia, el énfasis ahoga la poesía.

V. M. Villa