Vittorio Emanuele Orlando

Nació en Palermo el 19 de mayo de 1860 y murió en Roma el 1.° de diciembre de 1952. Licenciado en Derecho, llegó muy pronto a la cátedra universitaria, primero en Palermo y a par­tir de 1901 en Roma. Se acomodó de modo profundo a la sociedad de su tiempo, por lo que pudo mantener una posición abierta en relación con los nuevos problemas polí­ticos y sociales. En 1885 publicó una de sus mejores obras: Sobre la resistencia política individual y colectiva (v.), en la que exa­mina la solidez de las instituciones demo­cráticas y sus relaciones con el individuo, preocupado en salvar la libre voluntad de este último en el juego de las fuerzas políticas. Excluía una revolución política, dadas las condiciones de la Italia de en­tonces, en tanto que admitía el peligro de una revolución social; y los movimientos producidos al poco tiempo demostraron cuán justa había sido esa previsión.

Un sincero espíritu democrático llevó a Orlando a apoyar, a comienzos del nuevo siglo, el experimento de Giolitti, con el que éste intentaba establecer nuevas relaciones en­tre el Estado y los ciudadanos, que llegarían a ser totalmente iguales: dijo él entonces, en oposición a los temores y los miedos de los conservadores, que la política interior de Giolitti aparecía conforme a la ley y al derecho, aprobando así, con su opinión de ilustre jurista, la nueva dirección del Gobierno. Con el mismo Giolitti fue mi­nistro, una primera vez, de Instrucción Pública (1903-1905), y por segunda vez, de Gracia y Justicia (1907-1909). Hombre toda­vía tenazmente vinculado a las pasiones del «Risorgimento» italiano, sintió verdadera­mente la primera conflagración mundial como guerra de la nacionalidad, como la guerra que había de completar el largo pro­ceso de la unificación italiana. Así, cuando después de la derrota de Caporetto, sucedió a Boselli en el cargo de primer ministro, con sus grandes cualidades de animador y con su profunda confianza en la justicia de la causa arrastró a todo el país a la revancha y a la victoria.

En tales momentos, dio libre curso a su pasión nacional, porque, si algún defecto tuvo, como ha escrito Marcello Soleri, fue «el de desconfiar de su idealismo y de sus flamantes cualidades, que trató algunas veces de amortiguar por temor de parecer un ingenuo». Después de la guerra, defendió en la Conferencia de la Paz los derechos de Italia; pero se enfren­tó con la oposición entre las aspiraciones nacionales y las tendencias imperialistas, de modo que prefirió regresar a Italia antes que suscribir peligrosas renuncias. Poco después, puesto en minoría en la Cámara, hubo de dejar el cargo a Nitti, que había sido uno de sus oponentes. Con el fascismo mantuvo, al principio, la posición que fue general en todos los políticos, es decir, una posición de benévola espera, con la espe­ranza de que el fascismo, entrado ahora en la legalidad, contribuyera a vigorizar la tradición del liberalismo.

Pero después del discurso del 3 de enero de 1925, con el que Mussolini rompió definitivamente con los partidos democráticos, pasó Orlando a la oposición, aun sin abandonar el salón parlamentario, como hicieron, por el contrario, los dipu­tados del Aventino. Después de la segunda Guerra Mundial fue nombrado presidente de la Cámara y colaboró en la elaboración de la nueva Constitución republicana; a continuación fue nombrado senador de derecho. Su muerte significó la desaparición de un hombre que había enlazado el «Risor­gimento» con las generaciones de nuestro siglo. Entre sus obras cabe recordar: La legislazione statutaria e i giureconsulti ita­liani del sec. XIV (1884); Le fratellanze artigiane in Italia (1884); Diritto amminis­trativo e scienza dell’amministrazione (1887); Principii di diritto amministrativo (1890); Teoria giuridica delle guarentigie della libertà (1890); Introduzione al diritto amministrativo: i presuposti, il sistema^ le fonti (1900); Lo Stato e la realtà (1911); Diritto pubblicco generale e diritto pubblicco positivo (1924); Contributo alla storia del diritto pubblicco italiano nell’ultimo quarantennio (1925); Immunità parlamen­tari e organi sovrani (1933); Stato, Statuale, Statale, Saggio de filologia giuridica (1933). Muchas de estas obras han sido traducidas a idiomas extranjeros. De no menor impor­tancia para la Historia italiana de aquella época son sus Dicorsi per la guerra (1919).

F. Catalano