Vincenzo Monti

Nació en Alfonsine (Emi­lia) el 19 de febrero de 1754 y murió en Milán el 13 de octubre de 1828. Poeta y literato, el más ilustre representante del neoclasi­cismo italiano, es también uno de los casos más debatidos en la crítica moderna a causa de la difícil duplicidad de aspectos y valores que presentan su mundo poético y su personalidad; caracterizados por una parte por sus elevadas cualidades artísticas y estilísticas, y por otra por una versati­lidad e inconsecuencia político – idealistas. Fue poeta de formación clásico-humanista, pero su clasicismo estuvo abierto ecléctica­mente a las modernas corrientes literarias. Terminados los primeros estudios en Fusignano y en el seminario de Faenza (1766- 71), inició Monti los estudios de Leyes en la Universidad de Ferrara, pronto interrumpidos para entregarse de un modo total a su dominante vocación literaria. Inscrito en la Arcadia (1775), con el nombre de Antonide Saturniano, se dio a conocer muy pronto con un pequeño poema, La visione di Ezechiéllo (1776); en 1778 se trasladó a Roma formando parte del séquito del cardenal Scipione Borghese; pasó después al servicio, en calidad de secretario, del duque Luigi Braschi, sobrino de Pío VI; fue honrado por este último con el título de abate y con el disfrute de una canonjía en San Pedro.

En 1791 casó con Teresa Pichler, de la que tuvo dos hijos. Fue entonces Monti figura dominante del ambiente romano, y toda la producción de este período (1780- 1796) refleja de un modo directo el gusto clásico: la Prosopopea di Pericle (1779), los poemas La belleza del Universo (1781, v.), II péllegrino Apostolico (1782), La Feroniada (1784, v.); los libres Al príncipe don Sigismondo Chigi (1783) y los vagamente vertherianos Pensamientos de amor (1783, v.); la Musogonia (1793-96, v.); las dos tra­gedias Aristodemo (1784-86, v.), y Galeotto Manfredi (1786-88, v.); y de modo especial el pequeño poema de inspiración violenta­mente antirrevolucionaria La Bassvilliana (1793, v.). El fermento revolucionario, agu­dizado por la campaña napoleónica de 1796, alarma a Monti, el cual abandona Roma (3 de marzo de 1797) y se traslada a Florencia, después a Bolonia y, en fin, a Milán, y lleva a efecto un brusco cambio temático de su poesía en sentido democrático-revoluciona- rio y anticatólico, del cual es prueba Pro­meteo (1797, v.), exaltación de Napoleón. Durante el período napoleónico desempeñó importantes cargos académicos y políticos. Pertenecen a este período y se relacionan con diversas celebraciones cortesanas: la Mascheroniana (1800, v.); la tragedia Caio Gracco (1800, v.); la acción dramática Te- seo (1804), a la que le puso música Paisiello; El bardo de la Selva Negra (1806, v.), etc. A la caída de Bonaparte, el transformismo de Monti tuvo su última y menos prestigiosa manifestación en algunos cantos y piezas dramáticas en exaltación del régimen res­taurado.

Ajenos a todo designio político son el canto Per l’onomastica della mia donna y el Sermón sobre la mitología (1825, v.), que pueden incluirse en la vasta y animada polémica entre clasicistas y románticos. Fue también éste un período penoso de la vida de Monti, viejo y entristecido por duelos y desilusiones familiares. Junto a esta domi­nante vocación por la poesía, manifestó Monti vivas aficiones de naturaleza filológica y lingüística, e intervino eficazmente en la renovada polémica sobre la lengua. Merece Monti mención especial por su traducción de la Ilíada (v. 1810). Notable, en el campo de la literatura moderna, es su traducción en octavas de la Pulcella d’Orléans, de Voltaire (1800, v. Juana de Arco).

D. Mattalia