Viacheslav Ivanovich Ivanov

Nació en Moscú el 28 de febrero de 1866, y murió en Roma el 16 de julio de 1949. Hijo de un modesto empleado y sujeto ya desde niño a crisis de tipo religioso, ahogó sus tenden­cias rebeldes sometiéndose a severos estu­dios que maduraron su acusada capacidad para las disciplinas histórico-filosóficas. Es­tudió en Berlín junto a Mommsen, y empezó a preparar lo que había de ser su disertación doctoral, De societatibus vectigalium publicorum populi Romani, no publicada, empe­ro, hasta 1911. La permanencia en el extran­jero resultó decisiva para el futuro poeta: llevóle al conocimiento de las ideas de Nietzsche, cuya influencia se dejó sentir en todo el desarrollo de su vida espiritual. Tras una estancia en París marchó en 1892 a Roma, donde prosiguió la preparación de su trabajo en el Instituto Germánico. En esta última ciudad encontró en 1894 a la poetisa Lidja Zinoveva Annibal.

La relación con ella le indujo a divorciarse de su esposa, Daria Dmitrievskaia, compañera suya du­rante varios años y que contribuyó a rela­cionarle con el filósofo Vladimir Solov’ev (v.), quien alabó sus facultades de poeta- pensador e influyó luego en él junto con Nietzsche. Permaneció hasta 1905 en el ex­tranjero, y estuvo incluso en Jerusalén. , Vuelto a Rusia, publicadas ya la versión ini­cial de su libro sobre la religión de Dionisos (1903-04) y su primera colección de versos, Los astros pilotos, se estableció con Lidja en San Petersburgo, donde su hogar, ins­talado en el sexto piso de una especie de torre, convirtióse en el centro más apre­ciado de la vida intelectual contemporánea. Durante un bienio, hasta 1907, su existen­cia transcurrió felizmente, dicha que acabó de mejorar el nacimiento de una hija. El citado año, empero, falleció la madre en el curso de una epidemia de escarlatina; ello fue una grave adversidad para el poeta, que, sin embargo, durante varios años si­guió manteniendo viva la tradición de los «miércoles de la torre». En 1911 unióse con la hija del primer tálamo de la difunta, Vera; ésta, empero, murió pronto, en 1920, luego de haberle dado un hijo.

Ivanov resolvió entonces abandonar de nuevo Rusia por espacio de algún tiempo; vuelto a la patria prefirió, para residencia, Moscú a San Pe­tersburgo. Su fama se hallaba ya afian­zada. Nuestro autor permanece en la histo­ria de la literatura rusa como principal teórico del simbolismo, e, igualmente, en calidad de poeta, aunque sus tomos de versos (Cor andens, Translucidez, Eros, Dulce misterio), sus tragedias, Tántalo (v.) y Pro­meteo, y sus ensayos de crítica (Vigilia de las estrellas, Surcos y límites, Cosas patrias y universales) sean sólo conocidos de una minoría iniciada. La revolución de 1917 no entusiasmó a I. como la de 1905, cuyo fra­caso le decepcionó. El nuevo ambiente ins­piróle una de sus obras poéticas más bellas, Los sonetos invernales, y una de las pro­ducciones modernas del pensamiento más originales, Correspondencia de un rincón a otro (v.), esta última escrita en colabo­ración con un compañero de aposento, el filósofo M. O. Gershenzon (v.). En 1921 fue nombrado profesor de griego de la Univer­sidad de Bakú, donde por espacio de tres años dio a los jóvenes tártaros lecciones sobre Homero y Esquilo.

Obtenido el per­miso necesario para trasladarse al extran­jero, fijó su residencia en Italia, primera­mente en Pavía, donde actuó como pro­fesor en el Colegio Borromeo, y luego en Roma; allí prosiguió su labor de poeta y erudito, colaboró sobre todo en revistas sui­zas, y dirigió nuevas ediciones de varias obras suyas, entre ellas el ensayo acer­ca de Dostoievski y el referente a la reli­gión de Dionisos.

E. Lo Gatto