Vasili Kandinsky

Nació en Moscú el 5 de diciembre de 1866 y murió en París el 13 del mismo mes de 1944. Remotas influencias de la China siberiana y de Alemania, procedentes de sus antepasados lejanos, fueron a confundirse en la persona del joven moscovita destinado a ser uno de los pintores más reflexivos e imaginativos del siglo., después de haber seguido en la universidad el estudio de las ciencias a que fuera indu­cido. Abandonada Rusia a los treinta años, se estableció en Munich, donde empezó a pintar; en adelante dejó que el esplendor de su fantasía dominara en su vida entera. Durante breve tiempo frecuentó el curso dado por F. Stück en la Academia de la mencionada ciudad; luego abrió su primer estudio de pintor, y a partir de entonces perteneció a Europa.

Llevó a cabo largos viajes por los países mediterráneos, singu­larmente África e Italia, y en 1906 residió algún tiempo en París, donde se relacionó con el joven grupo de los «fauves», cuya pintura había de influir en la suya de una manera definitiva. Casi como un precursor de ellos, en 1903 intentó ya, en un famoso cuadro titulado El caballero azul, librar a] lenguaje pictórico de los vínculos natura­listas y hacerlo así obediente sólo al senti­miento íntimo del pintor, o sea «expresivo» en un sentido espiritualista y ajeno a cual­quier reminiscencia académica: de esta suerte, un rostro podía ser negro, un árbol rojo y un caballero azul. Más impetuosa­mente revolucionaria que la suya, en este aspecto, y con una despreocupación y una audacia también mayores, la pintura de los «fauves» parisienses tuvo para él un valor estimulante de confirmación; sin embargo, dábale cierta superioridad sobre los seguido­res del fauvismo el íntimo convencimiento en que empapaba su obra al meditar silen­ciosamente la profunda, necesaria y com­pleta independencia de ésta.

Y, así, no le resultó difícil ir más allá. En 1910 pintó una acuarela considerada hoy la primera obra «abstracta» de la pintura moderna, y este mismo año escribió su libro más cono­cido e importante, De lo espiritual en el arte (v.), que no fue publicado hasta 1912. Las relaciones de la cultura expresionista alemana, en el ámbito de la cual actuaba K., con el movimiento simbolista francés, en adelante ya históricamente decaído, pero vivo todavía en el desarrollo de otras ten­dencias, aparecen claras a través de este largo ensayo; en ellas inspiró posiblemente el autor su insistente búsqueda de un víncu­lo, y hasta de una identidad expresiva, entre el lenguaje musical y el pictórico: la forma no figurativa fue, en su pintura, el resultado de ello. En 1912, y a fin de conocer las experiencias abstractas de Delaunay, dirigióse de nuevo a París junto con Klee y Marc; luego, de acuerdo con ellos, inició en Munich una actividad polémica en favor del arte abstracto (exposiciones y publica­ciones, entre éstas un famoso almanaque denominado, como su antiguo cuadro, Der blaue Reiter) que tuvo un inmediato eco en toda Europa.

En 1914 volvió a Moscú, donde luego desempeñó, junto a los revolu­cionarios, un papel de primera categoría en el campo de la enseñanza artística: en 1919 fue profesor de la Academia mos­covita y director del Museo de Cultura Pic­tórica, y en 1920 enseñó en la Universidad de Moscú; este mismo año fundó la Acade­mia Rusa de la Ciencia del Arte. Mientras tanto, Walter Gropius establecía en Weimar, en 1919, la escuela de la Bauhaus y le lla­maba a ella como profesor, junto a Moholy Nagy, Paul Klee, Feininger y otros. K. acep­tó la invitación, y en 1921 dejó de nuevo Rusia, a donde ya no debía volver, para seguir en Weimar, y más tarde en Dessau, la suerte de la Bauhaus, en la cual publicó en 1926 el valioso tratado Punkt und Linie zu Fláche. En 1933, cuando la gran escuela alemana fue cerrada por orden de Hitler, se estableció definitivamente en París, y tra­bajó durante once años aislado y casi igno­rado; las seis exposiciones que celebró en esta capital no tuvieron eco. Hasta después de su muerte, ocurrida en Neuilly hacia el final de la guerra, los jóvenes de toda Euro­pa no hicieron de su nombre, junto a los de Piet Mondrian y Paul Klee, el emblema de la revolución que caracteriza la pintura europea más polémica de mediados de si­glo, o sea la abstracta.

G. Veronesi