Ulrich von Lichtenstein

Nació en tomo a 1200 y murió en 1275 ó 1276 (el último docu­mento que le menciona es del 17 de julio de 1274). Pertenecía al linaje noble que llevaba el nombre de la fortaleza de Judenburg, en la Estiria superior. Educado en la corte del margrave Enrique de Istria, apren­dió allí las costumbres caballerescas y el arte de la versificación, aun cuando no su­piera leer ni escribir. A la muerte de su padre (1219) volvió a Estiria para tomar posesión de la herencia, que compartió con su hermano Dietmar (posteriormente lla­mado Von Offenberg), junto al cual apa­rece por vez primera en un documento de 1227. En 1241 desempeñaba el cargo de trin­chante en la corte del duque Friedrich der Streitbar. Tomó parte activa en los episo­dios políticos, con una habilidad y una pru­dencia que le llevaron a destacar entre los nobles de su región. En los litigios entre Bohemia y Hungría mostróse partidario de Otocar II, soberano del primero de estos países.

Ello, sin embargo, de nada le sirvió cuando (1268-69) este monarca resolvió des­truir la mayoría de los castillos de la nobleza estiriana: también él, como otros muchos, fue encarcelado en Klingenberg (Bohe­mia) durante algún tiempo. En 1274 par­ticipó en la asamblea de Góss, donde los nobles de Estiria adoptaron decisiones con­tra Otocar. Curiosa combinación de astu­cia política y «réverie», Lichtenstein, cuando se ve liberado de los servicios de Estado, se consagra al ideal caballeresco propio de un mundo entonces ya desaparecido. Y así, bus­ca una dama a quien servir, lleva a cabo absurdos actos de devoción y adopta gro­tescos disfraces, siempre rechazado y con frecuencia objeto de crueles mofas. Sin em­bargo, cuando en Al servicio de su dama (v.) refiere estas aventuras, reales o inven­tadas, su anacrónico sueño no aparece per­turbado ni por un solo atisbo de ironía.

Estamos al final del amor cortés o «hohe Minne», que en este caso se obstina en sobreponer sus formas a una realidad hostil y a cubrirse de ridículo, mientras que con Neidhart se encanalla en el pintoresco tor­bellino de la vida popular y rural. Al ser­vicio de su dama, especie de autobiografía escrita por un Don Quijote sin el concurso de Cervantes, fue terminada por Lichtenstein a los cincuenta y cinco años de edad; dos más tarde, aún, el hábil político, en Libro de las damas [Der vrouwen buoch], volvería a jugar con sus damas y caballeros.

M. Spagnol