Tomás de Iriarte

Nació el 18 de septiem­bre de 1750 en Orotava (Tenerife) y murió el 17 del mismo mes de 1791 en Madrid. Lite­rato y teórico de arte, viose inclinado pre­cozmente al estudio, en parte a causa de la influencia ejercida sobre él por un tío, don Juan de Iriarte, muy culto. Pronto marchó al continente, a España, donde provocó y sostuvo las más variadas polémicas (singu­larmente ruidosa fue la sostenida a raíz de la traducción del Ars poética de Horacio), en apariencia tendentes a la defensa de las teorías neoclásicas de la época, pero consecuencia en realidad de su temperamento pendenciero y puntilloso.

El conocimiento de las lenguas (tradujo muchas obras del francés, a pesar de lo cual se opuso a la invasión de España por la cultura de Fran­cia) llevóle al cargo de traductor oficial del Estado; fue también archivero del Consejo Supremo de Guerra (a partir de 1776). Am­bos empleos, en conjunto, le dejaron, sin embargo, el tiempo libre necesario para tomar parte muy activa en la vida de la famosa tertulia literaria y artística madri­leña de la «Fonda de San Sebastián», de la cual fue una de las figuras más significati­vas. Mientras tanto, había ido reuniendo sus Fábulas literarias (1782, v.), colección a la que debe en particular su fama tanto en España como fuera de ella. Por encargo del conde de Floridablanca redactó, durante el gobierno de éste, un Plan de Academia de Ciencias y Bellas Artes, que, sin embargo, no fue aprobado.

Murió amargado por los resentimientos y disgustos causados por las disputas con sus adversarios, con J. P. Forner (v.) sobre todo. Compuso algunas co­medias, como El señorito mimado y La señorita mal criada, y un opúsculo satírico en prosa, Los literatos en Cuaresma (1773, v.). Su poema La Música (1779, v.) mereció grandes elogios de Metastasio.

G. C. Rossi