Théophile Gautier

Nació el 30 de agosto de 1811 en Tarbes (Altos Pirineos), murió en París el 23 de octubre cié 1872. Fue una de las más típicas figuras de la época de tran­sición entre el Romanticismo y el Parnasianismo. Llevado a la capital a la edad de tres años, allí hizo sus estudios y fue siem­pre parisiense por sus gustos, maneras y espíritu.

Atraído primero por las artes figu­rativas, fue alumno del pintor Rioult, pero pronto se inclinó hacia la poesía, conoció a Víctor Hugo y entusiasmado por la nueva literatura entró decididamente en el campo romántico. El culto por Hugo, que no pudo expresar durante el segundo Imperio, fue acompañado en él por una devota amistad hacia Baudelaire (v. Noticia sobre Baudelaire). Junto con Gérard de Nerval se convirtió en el alma del círculo de la Rué du Doyenné, en el que artistas y literatos, de pleno acuerdo para «épater les bourgeois», alardeaban de un dandismo teñido de rojo satánico y echaban las bases de la nueva doctrina estética destinada a convertirse en inspiradora de los parnasianos.

Pero Gautier vi­vió una dura existencia y se vio obligado a disipar su talento en una febril actividad periodística que duró más de treinta y cin­co años. Crítico artístico y literario, autor dramático, libretista, director de revistas, encontró todavía tiempo para escribir mu­chos libros, algunos de los cuales son: Esmaltes y camafeos (1852, v.), Los «jóvenes- Francia» (1833, v.), La señorita de Maupin (1835-36, v.) y sobre todo El capitán Fra­casse (1863, v.), que cuentan entre las obras maestras de la poesía y de la prosa france­sas. Su fama entre el gran público se inició no sólo con la publicación de las Premières poésies (1830, reimpresas en 1833 juntamente con Albertus ou l’Ame et le Peché, legende théologique, pequeño poema impregnado de romanticismo byroniano), sino más aún con su participación en la famosa batalla por Hemani (v.), en la que su chaleco rojo ra­bioso produjo estupor entre los buenos bur­gueses.

Se unió en matrimonio con Emesta Grisi, de la que tuvo dos hijas, Judith (v.), que fue esposa de Catulle Mendès, y Estelle, que se casó con Emile Bergerat. La teoría del arte por el arte, defendida por él en los prólogos de Los «jóvenes-Francia» y de La señorita Maupin fue la guía de su crí­tica dramática y artística en la Presse, el Moniteur y el Journal Officiel. Los mejores de sus artículos fueron recogidos en varios volúmenes, algunos de ellos póstumos: Les Beaux-Arts en Europe (1855 – 56), Histoire de l’Art dramatique en France depuis vingtcinq ans (1858-59), Historia del Romanticis­mo (1874, v.), Guide de l’amateur au Musée du Louvre (1882). Pero el periodismo cons­tituía para él un fatigoso trabajo (de la copie… toujours de la copie), del que en­contraba alivio… refugiándose en el mundo de la poesía.

Gautier conservó hasta su muerte el gusto del paisaje y el ojo del pintor que hizo de él un viajero admirable (v. Viaje por España, 1843; Viaje por Italia, 1852; Viaje por Rusia, 1867, etc.). Junto a su apa­sionado culto por la belleza y la forma, existía en él una bondadosa humanidad ape­nas oculta bajo la truculencia de que alar­deaba: muestra del ardiente romanticismo del año 30 en que se había formado. Entre sus obras, recordemos además las poesías recopiladas en La comedia de la muerte (1838, v.), Los grotescos (v.), publicados primero en la France littéraire y reunidos en volumen en 1844; las novelas cortas y cuentos de sus años maduros: Una noche de Cleopatra (1856, v.), Le roi Candaule (1847), Arria Marcella (1852) y La novela de la momia (1858, v.).

N. Inghilleri Di Villadauro