Nacido en Saint-Maury, junto a Pons, en la Saintonge, el 8 de febrero de 1551; m. en Ginebra en 1630. Durante su larga vida defendió, con las armas y con la pluma, la Iglesia reformada.
Apenas había cumplido ocho años en la época de la conjura de Amboise, y ante las cabezas cortadas de los conjurados, su padre lo consagró a la venganza; dos años más tarde, capturado con los suyos y amenazado con la hoguera, respondía orgullosamente que «el horror de la misa anulaba en él el de la hoguera»».
En 1568, al estallar la guerra civil, huyó de casa en camisa, para unirse con el ejército, y se batió valerosamente. Hasta que Enrique IV, hecho rey de Francia, pacificó el país, tomó parte en todas las guerras civiles y asesoró al soberano con su consejo siempre libre y sincero; después de 1610, incitó a los protestantes a pedir nuevas plazas de seguridad, oponiéndose a los «prudentes» de su partido, mucho más numerosos que sus partidarios; en 1615 fue de los pocos que siguieron a Condé en la sublevación contra María de Médicis; después de la insurrección de los Grandes contra el favorito de Luis XIII, el duque de Luynes, hubo de abandonar Francia y refugiarse en Ginebra, donde permaneció diez años, hasta su muerte.
En medio de esta vida de guerrero, todavía hubo lugar para la vida de corte, para el amor, la poesía y las letras. Recogió versos de amor juveniles, a la manera de Ronsard, en su Printemps. Herido en una batalla, comenzó en 1577 a dictar sus Trágicas (v.), publicadas en 1616. Terminadas las guerras civiles, su obligado retiro en el Poitou le permitió escribir la Histoire universelle, que va desde el año 1550 al 1610, y que fue continuada después, en Ginebra, con la narración de la guerra entre Luis XIII y los protestantes.
Junto con las Trágicas, merecen ser recordadas Las aventuras del barón de Faeneste (v.). Con la Histoire secrète de Th. d’Aub., écrite par‘ lui-même et adressée à ses enfants, compuesta en su vejez, nos ha legado un completo retrato de su vida y de su carácter, aunque no exento de cierta ostentación: la obra se cierra con la triste historia de su desventurado hijo Constant, traidor a su fe, cuya hija Françoise había de llegar a ser la marquesa de Maintenon.
G. A. Torada Faranda

